sábado, noviembre 04, 2006

La Sombra de la Derecha



Banda de Mobius se solidariza con los pueblos de Oaxaca
Escucha nuestro podcast de análisis y reflexión
(Duración:11.11)



Triunfaron las ganas de reprimir
Miguel Angel Velázquez
Ciudad Perdida: La Jornada

El mayor problema para los oaxaqueños que desde hace tres semanas se plantaron a las afueras del Senado de la Republica es la imposibilidad de estar en el río, cuando la sangre de sus compañeros de lucha lo ha enturbiado.

Para ninguno de los muchos que mantienen la manifestación de protesta parece extraña la decisión del gobierno. La represión siempre fue el golpe que esperaban, y conscientes de ello se prepararon, aunque nunca nadie logra aceptar, totalmente, el triunfo de la imbecilidad armada.

Entre los habitantes del plantón los culpables de que la sangre de los oaxaqueños inunde el río son los intereses del Partido Acción Nacional, que pudieron restar su apoyo al PRI para que Ulises Ruiz dejara la gubernatura del estado y, con ello, cumplir con la exigencia de la mayoría de los habitantes de aquella entidad, lo que traería el principio de acuerdo que da base sólida a una paz acordada, y seguramente duradera.

Acción Nacional, Fox y el gobierno del odio que pretende imponerse -el poder aparente, porque es sabido que estos actores sólo son el brazo ejecutor de quienes se apoderaron del país- muestran, ahora, sin mayor duda, que la voz de la gente no será escuchada, jamás, por Felipe el usurpador.

Más que nunca el odio se erige como la fuerza hegemónica de los azules, que intentarán, con sus acciones en Oaxaca, lanzar un mensaje inequívoco: o el pueblo se somete a sus mandatos o ellos lo someten.

Siempre que los ataques mediáticos no logren enajenar lo suficiente como para revertir la relación entre sometidos y los inconformes, estará la fuerza de los chorros de agua de las tanquetas antimotines, los gases lacrimógenos, los garrotes y el crimen impune, cometido en nombre de la legalidad, el orden y la paz.

Las fotografías que nos muestran los medios escritos señalan a un grupo adiestrado, que lanza su ataque en contra de los miembros del plantón oaxaqueño. Curiosamente, la mayoría de los que se ven armados visten una camisa roja que parece una seña de identificación entre ellos, es decir, estamos frente a algo muy parecido a un nuevo escuadrón de la muerte.

Y no sólo eso, desde el ánimo exacerbado de otros grupos, que nada tienen que ver con la APPO, se montan actos violentos que finalmente parecen dar la razón a las muchas voces que reciben entre aplausos y justificaciones ramplonas el arribo de las aspiraciones más altas de la derecha: la represión.

Tal vez nada pueda justificar a los jóvenes que por su cuenta deciden manifestarse violentamente, por ejemplo, en el centro de la ciudad de México, pero es necesario pensar hasta qué punto la represión ha ido radicalizando a quienes cada vez se sienten más humillados, más despojados, más perseguidos por un sistema que no les ofrece nada más que odio.

Así, la solución de la fuerza seguramente no llevará la paz a Oaxaca, por el contrario, el rencor que siembra el sometimiento siempre dará frutos de incertidumbre y la inestabilidad acechará cada rincón, cada paso, cada discurso de quienes se sienten vencedores del pueblo que sometieron, pero que no pueden gobernar.

Termina un gobierno incapaz, omiso en sus deberes hacia la gente, indolente frente a las demandas de la mayoría empobrecida y finalmente violento, y se inicia el del odio que, como se ve, no tendrá otro sustento que la represión, la represión y la venganza, lo malo es que el fruto de la semilla que sembraron empieza a madurar, y eso los tiene aterrorizados

SOBRE LA DERECHA EN MEXICO
"No estamos en contra de las libertades sino de su ejercicio"
Carlos Monsiváis
LETRA S

¿Qué es la derecha? Entre las posibilidades para definir el término, hay una siempre actual: "La decisión de pensar por los demás y de ordenarle a los demás su comportamiento; la usurpación organizada del libre albedrío a n
ombre de Dios (o de la empresa y el mercado libre) y de esos otros componentes de la Trinidad, la moral y las buenas costumbres." En México la derecha es la herencia virreinal que se extiende a la tradición de intolerancia, hasta 1857 absoluta en México. Todavía en 1856, en el primer debate sobre libertad de creencias en el Congreso Constituyente, sólo un parlamentario vota a favor de la tolerancia. En 1859, en la preparación de las Leyes de Reforma, el panorama se transforma por completo, entre otras cosas por el hostigamiento de los conservadores, los preparativos bélicos alentados por el clero y la necesidad política de liberalizar a la sociedad para manejar el Estado.

Juárez y los hombres de la Reforma produc
en las leyes indispensables para el desarrollo de las libertades, en oposición notoria a los antecedentes. Ni en la Constitución de 1824, ni en los otros proyectos se admite la libertad de creencias, "traición a la Patria". La derecha sufre dos grandes derrotas históricas que distinguen a México de otros países latinoamericanos, la Reforma Liberal y la Revolución, grandes movimientos anticlericales y de apertura de conciencia. Derrotada por la Reforma liberal, la derecha se refugia en los pueblos tradicionalistas que, como prueba Agustín Yáñez en Al filo del agua, son literalmente "campos de concentración de la ortodoxia".

En el enfrentamiento entre Estado y derecha, la Iglesia católica y sus representantes laicos o semiepiscopales, se las arreglan siempre para quedarse con el control de la formación de la clase dirigente, así pierdan el de la educación pública. De la Repú
blica Restaurada (1867-1872) a 1910, la derecha insiste en la tutela de la educación mientras acepta amplias concesiones del Estado. Por eso, cuando en 1933 Plútarco Elías Calles lanza "el grito de Guadalajara", y se declara en contra de "cederle a la reacción" el dominio del alma de los niños, reafirma el sentido político del laicismo. En términos modernos, esta reivindicación del control educativo del Estado para combatir "el fanatismo", es la garantía de continuidad del sistema político.


Los bienes devocionales

Desde los años cuarenta, la derecha opta por lo que ha sido su estrategia más eficaz: apropiarse de la educación de las élites, ahora no más del 7 por ciento de la educación primaria y superior. Si educan a los futuros gobernantes y empresarios
, educan directamente al poder. Dicho sea de paso, en México no tiene sentido hablar de la derecha religiosa porque éste es su adjetivo irremplazable. No hay tal cosa como una derecha formalmente atea. A la clase empresarial le importa el manto de "legitimidad moral" aportado por su pública devoción cristiana, y en pos de ello le rinde tributo económico y social a sus creencias. El que no proceda así, se verá excluido de su grupo. El vínculo interno del empresariado es la confesión de fe tradicionalista. NO el comportamiento ético, sino la declaración de bienes devocionales.

Al régimen priísta se le conceden la educación de las masas, y la vigilia de su panteón heroico. A la derecha, es decir, a la Jerarquía, al empresariado, a los membretes de la Unión de Padres de Familia, de las Asociaciones Femeninas, de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana, etcétera, se le encomiendan campañas periódicas de afirmación
del feudo. (Deben ser periódicas, porque el interés de la sociedad no da para tanto; si se hicieran de continuo, el fastidio sería total.) Estas andanadas irregulares se dirigen a la supresión de libertades y la limitación de las libertades existentes. Así por ejemplo, las campañas contra la educación sexual que se inician en forma muy vigorosa en 1932, cuando el secretario de Educación, Narciso Bassols, introduce temas de educación sexual en la educación primaria y secundaria. La derecha se opone, moviliza sus huestes en las escuelas públicas (no muchas, sólo el 8 por ciento del profesorado), y tiene éxito al crear el barullo que obliga a la suspensión de la campaña de educación sexual y la renuncia del secretario Bassols.

La censura, el enclave más poderoso de la derecha, es, desde el principio, un tributo del Estado a los otros poderes. La censura le niega la mayoría de edad psicológica y cultural a la sociedad, y retiene el derecho a decidir lo que debe verse y lo que no, lo que debe oírse y lo que no. La censura fomenta un "retraso mental colectivo" al no permitir el derecho a decidir de lectores y espectadores, y evita informaciones y obras fundamentales, en pos del ideal: si la sociedad es menor de edad, estará siempre disponible.

Otra fortaleza de la derecha es el control histórico sobre las mujeres La consagración del machismo en la vida social y en la industria de la conciencia ratifica las pautas del tradicionalismo en la vida cotidiana, hasta llegar al exceso. Durante casi todo el siglo XX, la violación, a ojos del patriarcado, apenas merece comentarios sarcásticos de policías y agentes del "Ministerio Público". La víctima es culpable y así se le trata en los juzgados si se atreve a demandar a sus victimarios
. En materia de sexismo, la culpabilización de las víctimas ha prevalecido hasta fechas muy recientes, lo que supone la inferiorización de las mujeres y la comprobación de su minoría de edad psicológica, espiritual y cultural.

Quizás el bastión central de la derecha, el más efectivo hasta hace muy poco, es la noción de pecado y su consecuencia, el sentimiento de culpa. Si alguien se siente en falta, o peor, si se siente pecador o pecadora, está ya a cargo de la derecha, que prefiere siempre las culpas por sobre las responsabilidades, que fomenta a granel. Se lanzan campañas contra el cine "que pervierte" a cargo de la Liga Mexicana de la Decencia, la censura detiene la madurez temática de la industria fílmica en los años cincuenta, lanza campañas desde los púlpitos contra Agustín Lara y Cri-Cri, y quema revistas "pornográficas" (que nunca lo son en realidad, apenas boberías "calenturientas"). Antes de que exista material pornográfico, los grupos confesionales inician en Mérida, Hermosillo, la Ciudad de México, Puebla, quemas de publicaciones "heréticas". Llegan a los expendios de periódicos, decomisan las revistas "pecaminosas" y las hacen arder en los zócalos en "autos de fe editorial".

A la derecha le importa el ejercicio del poder que le permite negociar y refrendarle a la sociedad que vive en culpa y en pecado. Por eso quiere fiscalizarlo todo, el comportamiento y la conversación. Hay campañas contra las libertades verbales, hasta los años setenta tiene vigencia la lista de vocablos que no se pueden imprimir. Esto se suprime por el mero impulso social, se implanta el habla unisex y ya dejan de ser tabú las "conductas prohibidas", además legales entre adultos consensuados. Si la prensa insiste hasta hace unos años en decirle "maricones" a los gays, es por creer demasiada concesión llamarlos homosexuales, en cambio, la palabra "maricones" los retiene en el ghetto de la abyección. En este punto, la derecha suele coincidir con la izquierda, aunque a partir de los setentas una parte muy significativa de la izquierda reconsidera y cambia.


La hipocresía como visión del mundo

La derecha es la gran defensora de los "monopolios morales". Por ejemplo, si éste es un país exclusivamente católico, pasa inadvertida la atroz persecución de los protestantes a lo largo del siglo, la violación de sus derechos humanos y civiles, el asesinato de sus líderes, la expulsión de los conversos de las comunidades, la quema de templos. Y de corolario, la muy significativa oleada de chistes que adereza la herejía con el choteo. Y en las campañas de homogeneidad a fuerzas, tiene éxito la derecha, al aislar a cada uno de los sectores perseguidos, que desunidos resultan presas fáciles. Y también fortalece enormemente a la derecha, la idea prevaleciente en la clase política: la conducta privada de los hombres públicos debe inspirarse en la pareja católica. Hasta hace muy poco, era inconcebible un divorciado en la Presidencia de la República. Un soltero, imposible.

Lo que la derecha pierde con la educación laica, trata de compensarlo afirmando sus zonas de prohibición. Y la ofensiva actual de la derecha es una respuesta a la restricción cuantiosa de sus zonas de prohibición, asunto que no tiene que ver con el autoritarismo estatal sino con el desarrollo social. En 1961 la campaña "Cristianismo Sí, Comunismo No", más que contra la izquierda, se dirige contra un sector educativo ya fuera de su control. En 1960, la derecha organiza su ofensiva en Monterrey contra los libros de texto gratuitos, juzgados "indecentes" y casi ateos. Sólo la intervención directa el presidente López Mateos hace posible la difusión de los libros. Esto es lo inadmisible para la derecha: si los niños saben, si las mujeres deciden, su control se desvanece. Lo suyo es el sostén de la hipocresía como visión del mundo, y no lo digo retóricamente, aunque así se escuche. Si la hipocresía deja de ser el enfoque de todos los días, en un compás que va de las clases medias a la burguesía, se desvanece la sujeción. La derecha social y clerical ya no pide la aceptación unánime de sus dogmas, pero sí que se actúe como si estos dogmas fuesen acatados y por eso concentra tanto sus esfuerzos en la burguesía y la clase media alta. A la derecha no le incumbe la conducta de los pobres; que de ellos cuide su "animalidad orgánica". Si un pobre es adúltero, ¿qué más se podría esperar?, si un rico se divorcia es blasfemia. Lo propio de la derecha es el manejo de la conducta pública de las clases gobernantes.

Al concentrarse la derecha hasta 1960 en oponerse al protestantismo y el comunismo, en mantener las prohibiciones más notorias y en cultivar las apariencias morales, se olvida de la modernidad. Este es su gran desastre. En la segunda mitad del siglo XX, el desdén por la modernidad, debido al resquebrajamiento de los aparatos ideológicos o la falta de percepción cultural, hace que la derecha ignore las fuerzas dominantes en lo internacional, que la mera condena no disminuye. Para cuando la derecha reacciona es tarde.

A partir de los ochentas, pero especialmente en los años recientes, la derecha consolida sus centros de acción y sus fortalezas, entre ellas las universidades particulares a cargo de la élite. En un cálculo aproximado, 70 por ciento del aparato público, de directores de departamento para arriba ya egresa de universidades particulares. Por lo demás, su presencia militante es precaria. En tanto interlocutores de la sociedad, la extrema derecha sólo se vigoriza en un caso: el combate a la despenalización del aborto, que alía a todos los sectores. Y para mantener la censura en la televisión, moviliza la amenaza de las respuestas del clero, capaz de inhibir series, programas, anuncios. ¿Qué pueden las campañas de prevención del sida contra la perspectiva del boicot de los anunciantes?

A la derecha le irritan sobremanera los intentos de promover reformas o medidas de salud que remitan a la existencia del sexo. Así, además de la despenalización del aborto, le horroriza la difusión de los condones. Ante la pandemia del sida, su actitud es, como se quiera ver, intolerante al punto del genocidio. Por eso, las calumnias sistemáticas contra los mínimos intentos civitizatorios de la Secretaría de Educación y la Secretaría de Salud.

Muy especialmente en los años recientes, la derecha ha sufrido intensas derrotas sin trazas de atenuarse. En las batallas culturales, la derecha lleva la peor parte, y cito algunos hechos: el auge de las teorías feministas que deciden el tratamiento de las mujeres en la prensa, en los debates televisivos, en los debates legislativos, etcétera; el fin de la demonización de la izquierda; la despenalización moral del aborto, de eso no se habla, pero en las encuestas el número de los que opinan a favor es significativo; la continuidad de los organismos y de las activistas en contra del sida que no ceja así todo parezca estar en contra. Y esta continuidad de la sociedad civil es uno de tantos datos que indica a mediano y largo plazo el fracaso de la derecha.

La turbulencia en México
Enrique Maza
Proceso

México no está viviendo una época fácil: transformaciones y lucha de clases que tendrán consecuencias largas y profundas de reacomodos políticos, de alteraciones económicas y sociales, de conflictos entre poderes y entre privilegios viejos y nuevos, de cambios de valores e, inclusive, de evoluciones en la cultura y en la civilización misma. La violencia en Atenco, en Oaxaca y en Tabasco son expresiones de lo mismo, igual que la violencia electoral que hemos padecido, sucia y fuerte, en su dimensión nacional y estatal.

No se puede reducir el poder a la capacidad de avasallar, matar, destruir o robar. Como no se pueden reducir las elecciones a los fraudes, a las golpizas y a las hipocresías legales. El principio de racionalidad vale para todos. La idea central es una sociedad libre, cuyos miembros deben vivir libres de la necesidad y de la angustia. Pero ahora se empeñan en enseñarnos que sin crueldad no hay fiesta.

Sólo un poder moralmente degenerado se aferra a un pasado que cuaja en desprecio, en fraude y en r
epresalia. Quieren restablecer un hipotético equilibrio a partir de una moral farisaica que no vaya más allá de la polémica política. Y que los agravios sobrevivan en las víctimas, pero sin alzamientos. Para eso está la represión. Sólo que al pueblo de México no le interesa una justicia sólo hipotética que no asuma la condición objetiva y subjetiva de las víctimas.

Resultan tan desagradables los que irradian reconciliación y perdón desde el pedestal de la injusticia sobre el mar –ya es un mar– del sufrimiento humano causado por ellos mismos, que quienes hablan de compasión por un pueblo al que han despreciado por siglos y han degradado en su condición humana. Para los de arriba, el dinero es un buen sucedáneo de la patria. En los tiempos que corren, el hombre no es nada sin capital. La patria es la Bolsa de Valores, las trasnacionales, los medios de comunicación, sobre todo electrónicos. Quedó claro que este es un gobierno de empresarios y para los empresarios.

Las relaciones de los poderosos –ricos y políticos– con el pueblo son relaciones de poder, no de derecho. El poder prevalece y la ley legitima lo que prevalece. El dinero quiere imponer su visión de mundo y de patria, la primacía de sus intereses y de sus valores, al resto de la población; y usa el poder y la fuerza cuando no lo consigue. Convencido de la supervivencia del más apto, no regatea su desdén hacia todos los que han quedado a la orilla del camino, y hace pedazos la necesidad y la seguridad de las gentes para quienes la normalidad se ha convertido en emergencia.

Ahí encajan, por ejemplo, las negaciones, las diatribas y las campañas de odio que le son esenciales a la política ultraderechista del PAN y que dependen, contradictoriamente, de que persista aquello que condenan y rechazan, porque de otro modo se quedan sin enemigo y sin lenguaje.

El PAN, como partido en el gobierno, no tiene una genuina autoconciencia política. La perdió. Su objetivo –por lo menos el objetivo público– es erradicar el pasado, para implantar un futuro clasista y rapaz. Es notable su esfuerzo para conjugar su religiosidad meramente ritualista, vaciada de todo contenido evangélico, humano y fraterno, con un neoliberalismo desacralizante que mercantiliza todo, que produce una asfixia creciente y que crea, en consecuencia, una política cultural contradictoria. Al mismo tiempo, por implicación necesaria, pretende erigir una contrarrevolución cultural conservadora que abarca desde lo estético hasta la defensa a ultranza de la familia, de una ética sexual tapiada y de una religiosidad medieval, pero sin mencionar siquiera una ética económica, ni una ética ante las víctimas de la ratería del dinero y de la injusticia social. Y esto implica, por necesidad, el ejercicio del poder represivo –Atenco, Oaxaca, Tabasco, campañas de odio–, si no funcionan la intimidación intelectual de la izquierda y el silenciamiento de su cultura, clasificada olímpicamente como terrorismo, para copiar a Estados Unidos hasta en eso.

No faltan moralinas que intentan imponer juicios últimos sobre la situación de México y hasta se permiten el lujo lastimero de los juicios moralizantes absolutos, como los que nos están recetando a propósito de los movimientos populares que se resisten a la cultura comercial, a la santurronería del dinero y a la moralización bobalicona de la política sucia, ni los simplismos conceptuales con los que quieren lograr la asimilación del pueblo. Y dicen que intentan diálogos y acciones sociales y supuestamente conciliadoras que el pueblo no acepta.

Eso es lo que está pasando de manera clara en Oaxaca y con los diálogos de conciliación, sobre todo cuando se tiende la mano por arriba y se patea por debajo y a mansalva. El gobierno se regala en bandeja una buena conciencia mientras deja que sigan corriendo la injusticia y la arbitrariedad, mientras el pueblo sigue tejiendo su historia de luchas y de pruebas, de injusticias y de burlas. Si apreciamos la distancia entre lo que este gobierno ha dicho, lo que ha hecho y lo que queda por hacer en favor de la mayoría pobre y desheredada de este país, nos daremos cuenta del fracaso de la economía neoliberal que el gobierno panista de Calderón está decidido a continuar. En consecuencia, seguirán las luchas y también los sufrimientos, si no las represiones, del pueblo, no pobre, sino descaradamente empobrecido.

Derecha política
WIKIPEDIA

La derecha política es un concepto que se refiere sin demasiada precisión al segmento del espectro político asociado a posiciones conservadoras, liberales, religiosas o bien simplemente opuestas a la izquierda política. Engloba por tanto a corrientes ideológicas muy diversas cuya separación puede ser tajante, dependiendo de que consideren prioritaria la defensa de la libertad individual (liberalismo) o de que ante todo busquen el mantenimiento del orden social establecido (tradicionalismo, conservadurismo). En oposición a la izquierda política, enfatiza el libre mercado por encima del igualitarismo y busca potenciar valores y derechos individuales, frente a posiciones colectivistas o estatalistas.

El término tiene su origen en el lugar donde se sentaban en el parlamento francés surgido tras la Revolución Francesa en el que los monárquicos, los conservadores de la época que apoyaban el Antiguo Régimen, se sentaban siempre en el lado derecho y los republicanos en el izquierdo. Esta definición es obviamente obsoleta, el significado se refiere ahora al espectro ideológico.

La derecha más moderada se suele calificar como centro-derecha, mientras que la derecha más extremista se califica como ultraderecha o extrema derecha.


CONSERVADURISMO
Conservador, dentro de un contexto político, se considera a aquellas opiniones de centro-derecha y derecha. Los conservadores son especialmente favorables a la continuidad en las formas de vida colectiva y adversas a los cambios bruscos o radicales. Cuando los cambios que pretenden aspiran al regreso a una situación política o social menos evolucionada se les suele llamar involucionistas. En lo social, los conservadores defienden los valores tradicionales como la familia tradicional, las creencias religiosas. Para ellos los valores morales basados en la religión suelen ser muy importantes y aspiran a que se reflejen sus creencias en las leyes. Muchos conservadores son nacionalistas o religiosos de una creencia en particular. En lo económico, tienden a ser liberales siendo la libertad económica y financiera, y la fiscalidad reducida los baluartes de la política económica conservadora.

El asalto
Álvaro Delgado
Proceso

El Yunque, cancerbero del poder, es el título del libro escrito por Luis del Sagrado Corazón de Jesús Paredes Moctezuma, fundador de DHIAC y expresidente del Frente Universitario Anticomunista (FUA) de Puebla, el primer grupo de choque de esa organización secreta de extrema derecha que, durante medio siglo, ha empleado numerosas fachadas para avanzar políticamente hasta incrustarse en la administración pública y conseguir el control del PAN. En proceso de edición, la obra de quien fue también presidente de la Canaco y, hasta el año pasado, alcalde de Puebla, está dedicada “a los indómitos” de El Yunque –entre los que se incluye él mismo, luego de más de tres décadas de militancia– y describe algunos momentos cruciales de “la Organización” en su ascenso por los peldaños del poder. Con autorización del autor, Proceso adelanta algunos fragmentos de ese testimonio.
11.- Iniciado e
n la Organización

A principios de diciembre del 68 fui formalmente iniciado en la Organización. Entonces ya no era invitado a las acciones, sino que estaba sujeto a una disciplina y a una jerarquía a la que había jurado obedecer. Se me indicaba dónde, a qué hora y cómo presentarme. Tenía yo un jefe y estaba integrado a un grupo.

Tenía que asistir a mi junta semanal, a entrenamientos, a pláticas de formación ideológica. Debía leer libros, periódicos y revistas, pasar un reporte de información diario sobre toda actividad sospechosa o bien dar seguimiento a alguna persona o grupo, prospectar y afiliar a nuevos militantes, pagar mis cuotas y periódicamente asistir a cursos o a campamentos de varios días. En éstos se nos impartían diversas materias y se nos adiestraba en el combate.

Esto para mí era apasionante. Estaba yo en mi elemento en el momento preciso en que mi patria lo requería. Daría con mis compañeros y hermanos de lucha la más decidida batalla a los enemigos de Dios y de la patria.

Muy pronto me destaqué tanto en el terreno de la acción directa como en la oratoria; esto me daba liderazgo, de manera que resultó del todo lógico que fuera yo “jefe de grupo”. (…) Mi carrera en la política universitaria había iniciado, y mi ascendiente sobre las jerarquías de la Organización crecía.

Militar en l
a Organización daba fuerza, sentido y coherencia a mi acción política. Muchas cosas que había leído durante años fueron cuadrando en mis investigaciones, análisis y conjeturas. Era asiduo asistente a cursos y pláticas que se impartían en Puebla, pero dado que mi aspecto no se apegaba a lo señalado por el “estilo orgánico” y dado que mis jefes me decían que para ir debía cortarme el cabello y rasurarme la barba, o que si no, los responsables de la disciplina en el curso me los cortarían, me había abstenido de acudir a los cursos nacionales, que desde luego eran los de mayor nivel. Sin embargo, a fines del año 1970 acudí por primera vez a un curso nacional.

20.- Capacitación y adiestramiento

Resultó extraordinario. Tanto por el nivel de los conferencistas como por el ambiente que se vivía. Se abordaron, entre otros temas, la eterna lucha entre el bien y el mal; historia de México en sus diversas etapas; historia universal; Masonería; Judaísmo; Marxismo-Leninismo; Doctrina Social Cristiana. En el cuerpo doctrinario se destacaba que era el Judaísmo el eje y motor de una “gran conspiración mundial”, que el Pueblo Judío asesinó a Cristo y que desde entonces había hecho cabeza de cuantos movimientos se proponían la destrucción de la cristiandad y el sometimiento de la humanidad a un “gobierno mundial” controlado por el Sionismo. Se explicaba cómo desde los romanos y hasta los tiempos recientes diversos Estados habían tenido que combatirles, y se nos proporcionaba una vasta lista de libros que abordaban profusamente el tema.

A partir de estos fundamentos, que eran expuestos brillantemente, se debatía en pequeños grupos y luego, en sesión plenaria, se pasaba al análisis de la situación mundial y, más a fondo, de la política nacional a partir de un panorama general; luego, a un análisis de los actores, el gobierno y sus satélites, la izquierda y sus tribus, los Tecos, la Iglesia y los grupos c
onfesionales, el Ejército, los grupos empresariales, para después conocer, hasta donde fuera prudente que conociéramos, las estrategias de la Organización.

Se aderezaba con una recia disciplina, deportes casi extremos, sobre todo en artes marciales y ejercicios militares, manejo de armas y un simulacro nocturno del que desde luego no estábamos prevenidos. Se dio la alarma informándonos que habíamos sido descubiertos –todos nos sabíamos en la clandestina lucha contra el sistema–, se nos instruyó para evacuar de inmediato el lugar según los ejercicios de seguridad que habíamos efectuado. Como todo ahí se realizaba por comandos, cada quien asumía su función: unos armados a las posiciones clave, otros a los documentos que no debían caer en manos del enemigo, otros más a auxiliar a los minusválidos, y todos en orden a perderse en el campo en pocos minutos. Poco después se nos dijo que era un simulacro y se nos ordenó regresar. Estábamos sorprendidos por lo que éramos capaces de realizar.

Adicional a lo intelectual y a lo físico, se atendía a lo espiritual. Diario, de madrugada, se celebraba misa, se proporcionaba por parte de un sacerdote dirección espiritual a quien lo solicitara. Por las tardes se rezaba el rosario; el viernes, el vía crucis, y con la parafernalia de El Yunque se celebraba una ceremonia de apertura, una intermedia y otra más de clausura en la que se otorgaban reconocimientos con diversos temas. Ese año me otorgaron el “Premio Nacional de Ideología”.

El método pedagógico resultaba excepcionalmente eficaz, pues salíamos no sólo capacitados y adiestrados, sino profundam
ente motivados. No nos cabía la menor duda de que la lucha era algo primordial en nuestra vida y que la reserva y disciplina eran indispensables para el éxito. La jerarquía era fundamental para la lucha organizada. La principal estrategia de la Organización… es la Organización misma, y la Organización para su gobierno interno es jerárquico-consultiva, esto es, hay un jefe que tiene la última palabra, él consulta antes de tomar una decisión, pero una vez que se decide, la disciplina impera. Así retornábamos a las luchas cotidianas.

En 1975 se definiría la sucesión del presidente Echeverría. Había gran inquietud sobre quién era el “tapado” y si mantendría la funesta línea del régimen que transcurría. Conocí y escuché a don Daniel Cosió Villegas el día que destaparon a José López Portillo. Lo llevó a Puebla un inquieto empresario textil a quien conocí y traté desde las luchas universitarias. Él me invitó al evento y, posteriormente, a cenar con ellos. Años más adelante, mi anfitrión sería candidato del PAN a la alcaldía de Puebla y daría otra dimensión a la lucha electoral.


39.- La Organización se hace presente

Los jefes de la Organización decidieron que era imperioso dar una señal de fuerza en ese momento, cuando el poder del presidente declinaba. A mediados de agosto (de 1975) se celebró un gran encuentro al que concurrimos todos los grupos juveniles que manejaba la Organización en todo el país. Yo era en ese momento el presidente del FUA.

El “Pacto de los Remedios”, como se le conoció, dado que tuvo lugar en el Parque Nacional de los Remedios, se celebró para efectos mediáticos muy cerca de la capital de la República, por las Torres de Satélite. El lugar fue muy bien elegido: un claro en el bosque a muy razonable distancia de la carretera. Fue un fin de semana.

Nosotros íbamos desde Puebla en un nutrido convoy de autobuses. Al ir llegando al sitio, fuimos viendo una interminable fila de autobuses estacionados a la vera del camino. El espectáculo rebasaba toda previsión, y seguían llegando más contingentes.

Al bajar de los autobuses, cada responsable registraba al grupo a su cargo mientras se le entregaba a cada quien la silla que usaría durante el evento. La caminata sería probablemente de un kilómetro bajando una boscosa ladera. Cuando vimos desde lo alto el campamento quedamos pasmados. Había una inmensa carpa que haría las veces de auditorio, rodeada de cientos de tiendas de campaña montadas con el riguroso orden del campamento militar romano: la estructura organizacional era a base de decuriones y centuriones, o sea que un decurión encabezaba a un grupo de 10 y un centurión comandaba a 10 decuriones. Para que los movimientos se realizaran con agilidad, las centurias y decurias se identificaban, también en la lógica militar romana, por blasones montados sobre pértigas que indicaban el lugar al que debía concurrir cada quien.

Al iniciar el encuentro, el aspecto y la vitalidad del campamento eran impresionantes. Al toque de corneta, todo mundo se formó en torno a un enorme tronco habilitado como asta y se rindieron honores a nuestra bandera. Después, ya en el auditorio, se presentó a los representantes de los grupos que firmarían el “pacto”. MURO, FUA, Juventud Nueva, Pumas y muchos grupos más de todo el país. Éramos unos 10 mil asistentes, todos varones.

Los oradores habíamos sido instruidos sobre lo que a cada quien correspondía decir para enviar los mensajes adecuados a los diferentes destinatarios, pero el mensaje central era que había una organización capaz de movilizar a miles de personas en todo el país si fuera necesario luchar. Era el momento de recordarle a la familia revolucionaria que tenía límites que no podía sobrepasar, que una nueva Cristiada seguía siendo posible.

Por la tarde del sábado se llevó al sitio a los reporteros de los diferentes medios nacionales; desde luego, estaban aún más asombr
ados que nosotros por lo que estaban presenciando. Para ese momento el campamento, presidido por la gran bandera, dejaba ondear multitud de banderas más pequeñas que se mezclaban con los estandartes de las diferentes agrupaciones que asistían y con los blasones del evento. Sintieron el ambiente, la disciplina, la capacidad de movilización; lo que estaba ahí reunido era un ejército que había surgido de la nada.

El efecto mediático fue sensacional. El periódico de derecha El Heraldo de México publicó en su primera plana una enorme e impresionante fotografía del campamento. Habíamos logrado el objetivo. El domingo al mediodía, en un anfiteatro junto al Templo de los Remedios, al lado de una enorme estatua del Arcángel San Miguel, el obispo de Tlalnepantla celebró una misa para nosotros. Todos regresábamos a nuestras ciudades con el ánimo inflamado y más dispuestos que nunca a luchar por nuestra patria.

El éxito del evento proyectó a la Organización y pudo lograr alianzas con grupos poderosos; se iba teniendo otra dimensión y mucho mayor influencia. Con todo lo bueno que esto era, no dejó de representar un grave peligro para algunos de sus miembros. Nuestro Jefe General sufrió un atentado al que sobrevivió milagrosamente. Después de eso se desterró por unos años. Cuando regresó, fue proditoriamente asesinado un 24 de diciembre. No fue el único asesinato que sufrió la Organización.

45.- DHIAC, Ancifem y la conquista del PAN



La Organización requería de nuevos y diferentes instrumentos para la lucha política que, como hemos dicho antes, se salía del histórico contexto religioso y se perfilaba a lo económico y social. Un grupo de profesionistas jóvenes que trabajábamos de manera independiente fuimos los encargados de dar vida a DHIAC (Desarrollo Humano Integral, Asociación Civil). Se optó por ese nombre porque se disponía ya de las actas constitutivas de la asociación desde tiempo atrás y se juzgaba en el momento que eso era importante.

A finales de noviembre realizamos el primer congreso nacional de DHIAC en el hotel María Isabel de la Ciudad de México. Fui el orador que representó a Puebla. Al finalizar el evento, los organizadores tuvimos que cooperar para solventar el déficit en las cuentas.

Teníamos un objetivo muy claro: influir a la brevedad posible en las decisiones que se tomaran en el PAN. Paralelamente, penetrarlo para irlo controlando poco a poco. Sería un instrumento fundamental para las batallas que estábamos preparando. Empezaba el año 1983, el de la insurrección electoral por la derecha, era un momento a modo para la Organización (...)

(...) Simultáneamente, se desarrollaba la Ancifem (Asociación Nacional Cívica Femenina) que, centrando su discurso en torno a la familia, fue adquiriendo una sorprendente influencia política al agrupar y orientar a muchas brillantes mujeres de clase media y a las esposas de prominentes empresarios que pronto se proyectaron con una fuerza extraordinaria. Alguna de mis amigas de entonces ha llegado a ser secretaria de Estado en el gobierno del presidente Fox.



Corolario

La Organización debutó ante los actores y analistas políticos con el “Pacto de los Remedios”, mostró presencia en todo el país, capacidad de movilización, disciplina, preparación y espíritu de lucha. A partir de este evento se realizaron las primeras alianzas importantes con poderosos grupos de interés y se comenzó a disponer de mayores recursos para la acción. El sistema actuó en consecuencia. Asesinaron a nuestro jefe y a otros compañeros. Esto no era un juego.

Poco a poco se fue atrayendo a los líderes más inquietos de los círculos más influyentes en el país. La influencia creció exponencialmente. Todo lo que se decía de la Organización favorecía la capacidad de negociación y atraía a los más diligentes. El perfil del militante en los organismos empresariales no era el de los más ricos y poderosos, sino el de los más preparados y valientes. En lo empresarial quedó claro que la estrategia de la Organización sería tomar los que ya existían: Coparmex, Concanaco, Canacintra, CCE, etcétera, y que para ello era fundamental potenciar aquello que era su razón de ser… cumplir mediante liderazgos coherentes con el cometido que sus miembros y la comunidad naturalmente le exigían.

Todo lo que se hacía o decía desde estos foros era repercutido por los periodistas orgánicos, que poco a poco se fueron colocando y ascendiendo en diferentes medios. La inteligencia mexicana comenzaba a recibir mensajes coherentes de un emisor sólido. A pesar de la censura, muchos se difundieron y numerosos simpatizantes independientes se sumaron a estas corrientes de opinión. Desde los cuerpos intermedios se estaba gestando el poder para llegar al Poder.

Mientras que en lo político era evidente que se requería de organismos a modo para influir en el corto plazo y desde ahí penetrar paulatinamente al Partido Acción Nacional, se fundaron DHIAC y Ancifem. A través de éstos nos relacionamos con otros movimientos a nivel internacional y tuvimos interlocución con otros actores locales y nacionales. Fueron instrumentos fundamentales para lograr la candidatura a la Presidencia de la República para Maquío. Fue el paso decisivo para que miembros de la Organización fueran accediendo al Comité Ejecutivo Nacional y otros órganos directivos del partido…

El Yunque parte UNO

El Yunque parte DOS

La derecha en México
PRESENCIA SINDICAL
SUTUdeG STAUdeG

Rafael Santoyo Bernal, secretario de actas y acuerdos. Luis Felipe López Díaz, secretario suplente de actas y acuerdos.

Los últimos gobiernos en nuestro país han tendido hacia la derecha. Así lo
demuestran los acontecimientos de los recientes sexenios, que han impuesto el sistema político neoliberal y el plan globalizador.
El triunfo del Partido Acción Nacional en las elecciones de 2000, pero sobre todo la llegada de Vicente Fox Quezada a la presidencia, impulsad
o por el grupo “Amigos de Fox”, radicaliza e infiltra en el poder a la extrema derecha, que retoma las políticas neoliberales y globalizadoras ya antes emprendidas.
Los organismos de derecha crecen y se desarrollan fundamentalmente al cobijo silencioso de la iglesia católica, que sostiene actitudes conservadoras, en las que destacan dos elementos: su visión moralista y su tendencia a favorecer la economía capitalista de corte neoliberal.
A través de la historia la derecha ha tenido algunos cambios ideológicos, que van de la teología católica a una interpretación metafísica jacobina o a una aplicación de la denominada ciencia positiva impulsada por “Los científicos”, encabezados por Justo Sierra y Gabino Barreda, en el gobierno de Porfirio Díaz. La derecha mexicana ha contado con innumerables ideólogos. A finales del siglo XVII, el conde de la Cortina, Francisco Manuel Sánchez de Tagle. En nuestros días, Anacleto González Flores, Jesús Guisa Acevedo y Luis Pazos. Hoy la derecha mexicana plantea, en forma por demás insistente, introducir en la educación básica una formación religiosa, educación no laica en las escuelas públicas, la abstinencia sexual.
Además, interviene en los medios de información con programas de corte moral, presenta iniciativas de reformas al marco jurídico de las relaciones iglesia-Estado, en los que plantea una mayor participación política del clero católico en la toma de decisiones del gobierno.
Existen organizaciones de derecha de principios del siglo XX que aún hoy conservan las mismas siglas: Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM), Unión Nacional de Padres de Familia y los Caballeros de Colón.
Las luchas tradicionales de estos grupos de derecha han buscado la implementación de una moral sexual tradicional, con base en el poder y la
abstinencia como valores absolutos del comportamiento humano. Estos aspectos han derivado en luchas históricas contra los métodos anticonceptivos, la educación sexual, la difusión del condón, la prevención del sida y la despenalización del aborto.
Resulta claro que la iglesia católica es la principal promotora de los grupos de derecha. Aunque la mayoría de los mexicanos profesan el catolicismo, viven una fe teórica, no llevada a la práctica. No en balde Nietszche dijo que el único verdadero cristiano había muerto en la cruz.
El escritor y politólogo Octavio Rodríguez Araujo, sentencia que las agrupaciones de derecha que actualmente conocemos, incluido el Yunque, son hijas de su época, con las preocupaciones propias de su momento y que en los años veinte y treinta vivieron el movimiento cristero, apoyado por los Caballeros de Colón y la Asociación Nacional Católica de Padres de Familia (ANCPF).
A finales de los años treinta los cristeros sobrevivientes formaron la Unión Nacional Sinarquista, instancia de la derecha oficial infiltrada en el Partido Acción Nacional. Entre los años cuarenta y cincuenta aparece el Partido Demócrata Mexicano, conocido como el del Gallito.
En la iglesia nace el Opus Dei, que se fortalece de la Corporación de Estudiantes Mexicanos (CEM), de tendencia jesuítica.
En los años sesenta, con el resurgimiento y aparente fortalecimiento de grupos
guerrilleros y organizaciones comunistas, la derecha mexicana coquetea y logra un noviazgo que no termina en matrimonio, con los gobiernos de Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz, con la finalidad de luchar juntos contra los grupos guerrilleros y las organizaciones comunistas.
La derecha mexicana, al saborear las mieles del poder político, acrecienta su soberbia, arrogancia e intolerancia, por lo que en este momento se debate en una lucha de intereses económicos, políticos e ideológicos.

domingo, octubre 29, 2006

29 OCTUBRE 2006, "POR OAXACA"

¡ ¡ ¡ ALTO A LA REPRESIÓN ! ! !


TOD@S SOMOS EL PUEBLO DE OAXACA...


La PFP ha cortado el suministro de energía a Radio Universidad en Oaxaca, para romper con el cerco informativo Haz click aqui para escuchar Radio BEMBA
y para escuchar Radio AMLO Haz click aquí

sábado, octubre 21, 2006

¿DEMOCRACIA?

Podcast de análisis y reflexión que busca deshilar los problemas de la Democracia
(Duración: 11:12 min.)

Educar para la democracia
Teresa González Luna Corvera

La educación para la democracia, gran desafío de todas las sociedades, trasciende las fronteras locales, nacionales e internacionales, y desdibuja asimismo las fronteras entre el aula y el mundo. El proceso educativo se prolonga fuera de la escuela con experiencias de apr
endizaje cotidianas y estableciendo vínculos entre los contenidos escolares y la vida pedagógica de las personas.

La consolidación y el desarrollo de la democracia dependen no sólo del conocimiento de los valores democráticos, sino también y de manera decisiva del aprendizaje y puesta en práctica de los mismos. Inculcar a la vez el ideal y la práctica de la democracia, así como revertir el desafecto creciente de los ciudadanos por los asuntos públicos, representa un desafío tanto para el sistema político como para el sistema educativo nacional.

Si bien este tema demanda la concurrencia de diversas disciplinas y su exploración desde distintos ángulos o puntos de vista, dada su amplitud y complejidad comprende dimensiones generales que se constituyen en fértiles puntos de partida para tratar acerca de la educación para la democracia. Entre estos ejes analíticos que animan la reflexión se incluyen la perspectiva de género, la educación cívica y las políticas públicas.

La perspectiva de género en la educación


Educar para la democracia obliga a incluir la perspectiva de género en la educación y enfocar la mirada a las construcciones culturale
s, sociales e históricas que, sobre el dato biológico del sexo, determinan normativamente lo masculino y lo femenino; es decir, las representaciones simbólicas de la diferencia sexual que aluden a las diferencias sociales entre los sexos. Son las construcciones de género que condicionan la existencia de una valoración asimétrica para varones y mujeres en las relaciones de poder que entre ellos se establecen y dan lugar a mecanismos de subordinación y exclusión en perjuicio de la población femenina. Desde este enfoque es posible desentrañar la relación existente entre estas construcciones y el aprendizaje de los valores de la democracia por parte de las mujeres y los hombres durante sus experiencias educativas.

El proceso de socialización que tiene lugar en la escuela, cargado de poder de simbolización, está condicionado por el cruce de variables contextuales como son la pertenencia a un determinado grupo o clase social, raza y sexo, así como las condiciones geopolíticas y el cicl
o de vida en que se encuentran los individuos. Si bien puede resultar más sencillo desenmascarar el mito de la igualdad en la educación cuando se hace referencia a otras variables, como la clase social, que al género de los individuos, se impone en la educación democrática la tarea de identificar y transformar las prácticas institucionales y las actitudes que generan y legitiman comportamientos discriminatorios por razones de pertenencia al sexo femenino o masculino; más aún cuando éstos se cristalizan en representaciones de la realidad social, en valoraciones y en la normatividad jurídica y social que regula la convivencia humana.

La constatación de la brecha existente entre la igualdad de derechos y las condiciones de hecho que obstaculizan la participación plena de las mujeres en la sociedad, da cuenta clara de la discriminación basada en el sexo de las personas. El sexismo expresa aquellas prácticas y actitudes que introducen la desigualdad y la jerarquización en el trato que reciben los individuos sobre la base de la diferenciación sexual.

Para explicar estas diferencias entre hombres y mujeres, que trascienden la realidad biológica y determinan sus funciones en la reproducción humana, el vocablo sexo resulta insuficiente. De ahí que la categoría de género surge en las ciencias sociales para dar cuenta del conjunto de símbolos, valores, representaciones y prácticas que cada cultura asocia con el hecho de ser hombre y mujer. Este concepto introduce una distinción entre el sexo biológico, con el cual nacemos, y el género, que culturalmente se nos asigna y adquirimos; es decir, nacemos hembra y varón (sexos biológicos), y la cultura nos transforma en mujer y hombre (géneros sociales).

Por su carácter mutilador, el sexismo comporta consecuencias negativas para todos los individuos, varones y mujeres, porque limita las expectativas de comportamiento social y de ciudadanía que existen para cada uno de ellos en un momento y lugar determinados. Sin embargo, es doblemente negativo para las mujeres, porque se devalúan sistemáticamente sus actitudes, comportamientos, juegos, aficiones y capacidades, lo que las lleva a
interiorizar un lugar secundario y subordinado en la sociedad.

En México, al igual que en otros países del mundo, los mecanismos de exclusión y/o discriminación por razones de sexo en la educación y
a no se sitúan en el acceso al sistema ni en su estructura formal, al menos en lo que toca a la cobertura de la educación básica que actualmente atiende de forma paritaria a niños y niñas Ahora, el debate sobre la igualdad de derechos y oportunidades en la educación se centra en la calidad y modalidades de la enseñanza, es decir, en el curriculum formal de los programas y en el curriculum implícito de las prácticas educativas.

Tanto los contenidos de la educación como la forma de transmitirlos, los cuales moldean la concepción que hombres y mujeres tienen de la realidad social, de sus normas de funcionamiento, de los valores y principios que organizan la convivencia humana, están permeados por el sistema de género. Este sistema, que norma, regula y jerarquiza las relaciones entre los sexos, determina la manera en que las personas se representan a sí mismas, el desarrollo de sus motivaciones y las expectativas que tienen sobre su vida futura, en las que se incluye la ciudadanía. Así, como afirma Steven G. Smith, la distinción de género se entromete en el proyecto democrático como una mancha oscura(1).

Desde este enfoque
resulta pertinente identificar y analizar en el curriculum explícito y en el curriculum oculto el discurso de la igualdad que ha llevado en todos los niveles educativos, de manera especial en la educación básica, al desarrollo generalizado del modelo masculino, que supone para las mujeres una posición secundaria. No se trata de discutir las diferencias biológicas, sino la interpretación y el significado que culturalmente se ha dado a las mismas, particularmente en el terreno de la educación y en los procesos de socialización que ahí tienen lugar.

Introducir la perspectiva de género en el análisis y la transformación de las acciones educativas, además de remitir a la estructura formal de los sistema
s educativos y a los programas formales, conduce necesariamente a identificar desigualdades sociales entre hombres y mujeres que se expresan y se mantienen en una variedad de aprendizajes que tienen lugar en las interacciones que se producen cotidianamente en el espacio escolar. Son múltiples y complejos los elementos, las situaciones y los procesos que configuran las prácticas educativas, susceptibles de dar cuenta de cómo actúa el sistema de género en ellos.

Integrar la categoría relacional de género en el análisis y la reflexión de las prácticas educativas significa también adentrarse en la dimensión ética de la educación, es decir, en e
l terreno del aprendizaje y la construcción de valores de una cultura democrática. Se impone, por un lado, revisar críticamente la fundamentación pedagógica y el funcionamiento de las instituciones educativas, para eliminar los sesgos sexistas que se filtran de diversas maneras en las dimensiones cognitivas, afectivas y actitudinales que conforman los procesos educativos, en cuyo desarrollo se juega el aprendizaje y la construcción de valores democráticos. De esta manera se podrá aportar al tránsito de la igualdad formal a la igualdad real de hombres y mujeres en nuestra sociedad y a los procesos de democratización social. Por otro lado, es menester investigar cómo la diferenciación sexual de los individuos y las desigualdades que conlleva intervienen en la conceptualización, el desarrollo y la práctica de cada uno de los valores, objetivos y finalidades de la educación para la democracia.

El sexismo en la educación es
profundamente antidemocrático, tanto por lo que supone la discriminación de los individuos como por sus consecuencias en el conjunto de la sociedad. El predominio de los valores masculinos y el silencio y menosprecio de los femeninos crean un fuerte desequilibrio e iniquidad en el desarrollo de las sociedades. No basta con legislar cambios de conducta para lograr la igualdad; es necesario proceder desde la educación, toda vez que no es posible legislar cambios de actitud.

Eliminar el sexismo en la educación supone preparar el campo y aportar para transformaciones sociales y culturales profundas, puesto que implica la construcción de una democracia cotidiana vital, la apertura de los individuos hacia nuevas posibilidades y el cuestionamiento de las concepciones sobre todo lo social. Hombres y mujeres, niños y niñas, a través del aprendizaje podrán interiorizar nuevas maneras de percibir y de saber, construir nuevos valores y desarrollar una ciuda
danía democrática.
La educación cívica: construir la ciudadanía

La educación para la democracia debe comenzar con un franco reconocimiento de las realidades: la democracia no está funcionando bien en la mayoría de los países de América Latina, particularmente en México, y todavía no descansa sobre sólidos cimientos de elementos culturales, eficacia y compromisos políticos. El desafío se plantea en términos de reformar y reforzar las instituciones democráticas y cambiar la cultura subyacente.


Para lograr una democracia más profunda y eficaz se impone cambiar la cultura y educar a la población para que espere, exija y se movilice por un gobierno transparente, sistemas de justicias accesibles y creíbles, la protección real de los derechos humanos, la equidad social entre los géneros y el ejercicio pleno de la ciudadanía.

A decir de Larry Diamond(2), la educación cívica tiene tres tareas generales para cultivar la ciudadanía democrática: a) generar la demanda democrática, toda vez que es necesario el entendimiento de la democracia, con sus niveles y dimensiones, para su sostenimiento y mejora; b) desarrollar la capacidad de los ciudadanos de hacer que funcione la democracia, profundizarla y vigorizarla, y c) fomentar la gobernabilidad, para lo cual se requiere cuidar los valores, las normas y las prácticas que hacen a la democracia gobernable, apoyan a las autoridades democráticas y controlan la intensidad del conflicto político. Estas tres tareas se tensionan y refuerzan entre sí; juntas, generan los valores que caracterizan a la cultura democrática.

Corresponde a la educación cívica cultivar el conocimiento, los valores y las prácticas de la ciudadanía d
emocrática, a través de la práctica (que es como mejor se aprende). El compromiso cívico es un hábito, una práctica, una serie de aptitudes y una forma de vida que se debe fomentar desde temprana edad. La democracia necesita capital social, densas redes de asociación, cooperación y participación activa en la vida social y política de la comunidad. Desarrollar este capital social en todos los niveles de la enseñanza es un objetivo clave de la educación cívica.

La base de la ciudadanía democrática es la igualdad política, y el Estado por sí mismo no la puede garantizar. Sólo los ciudadanos, mediante la tolerancia mutua de sus diferencias y su respeto a la humanidad fundamental, pueden generar una sociedad en la que todos los ciudadanos sean respetados. Hombres y mujeres tienen derecho a la ciudadanía democrática, la cual abraza a cada ciudadano como miembro igual de la comunidad política. La ciudadanía democrática no surge espontáneamente, sino que se construye.

La educación debe dar a cada persona la capacidad de participar activamente durante toda la vida en un proyecto de sociedad, de asumir su responsabilidad para con los demás de forma cotidiana. Desde su vida escolar, los niños y las niñas deben conocer sus derechos y obligaciones, desarrollar sus competencias sociales, trabajar en equipo, descubrir al otro(a) en contextos de igualdad y aceptar la diversidad. No se trata de una alfabetización política elemental, es decir, del aprendizaje del ejercicio de la función social con arreglo a códigos establecidos, sino de hacer de la escuela un modelo de práctica democrática que permita a los alumnos(as) entender, a partir de problemas concretos, sus derechos y deberes.

El objetivo básico de la educación democrática es el acceso político a todos los derechos políticos. Se trata de brindar los medios para el ejercicio de una ciudadanía consciente y activa, de transformar la diversidad e
n un factor de entendimiento, de ayudar a construir el sistema de pensamiento y de valores de cada individuo con apertura intelectual, para que tenga la capacidad de interpretar los hechos más importantes relacionados con su destino personal y colectivo. Asimismo, los programas de educación cívica deben propiciar prácticas educativas que conduzcan a los niños a tener en cuenta otros puntos de vista y a debatir sobre dilemas morales o sobre casos que exijan decisiones de carácter ético

La educación cívica no es neutra; por el contrario, plantea problemas de conciencia, por lo que supone el desarrollo de una capacidad crítica que permita un pensamiento libre y una acción autónoma. Resalta, aún más, el papel de la educación en el proceso de formación del juicio, que comprende la adhesión a unos valores, la adquisición de conocimientos y el aprendizaje de prácticas de participación en la vida pública.

La construcción del orden social implica una formación para la justicia, que es el núcleo de la educación moral de las conciencias; se trata de preparar a una ciudadanía activa en la que la responsabilidad de intervención y participación sustituya a la simple ciudadanía por delegación. La asimilación del sentido de la justicia abstracta (equidad, igualdad de oportunidades, libertad responsable, respeto a los demás, defensa a los más débiles, apreciación de la diferencia, entre otros) genera actitudes que predisponen a actuar de manera concreta en función de la justicia social y la defensa de los valores democráticos.

No se puede silenciar la desigualdad del hombre y la mujer en la educación. La finalidad de la educación democrática es el acceso político a todos los derechos políticos, mientras que el principio de equidad impone un esfuerzo particular para suprimir las desigualdades entre los sexos en materia de educación, puesto que constituyen la base de inferioridades duraderas que pesan sobre las mujeres toda su vida. Toca a la educación, en sus planos cognitivo, afectivo y práctico, inculcar a la vez el ideal y la práctica de la democracia. En este sentido, la educa
ción para la democracia debe ser una educación para la política, que contrarreste el talante antipolítico prevaleciente en nuestras sociedades.

Incursionar en el terreno de la educación cívica desde la perspectiva de género significa incidir en una dimensión específica de la desigualdad social, que incluye la discusión sobre cuestiones como los derechos humanos, la toma de decisiones, la cultura política democrática y la participación en los asuntos públicos. Interesa especialmente el papel de la educación cívica, concepto amplio que abarca diversas denominaciones como educación ciudadana, moral o ética, y que se relaciona con la diversidad de contenidos (derechos humanos, educación política, habilidades ciudadanas, instrucción electoral, etc.) en la construcción de la ciudadanía de los hombres y las mujeres.

La educación, espacio de socialización especializado en el aprendizaje de las normas de convivencia social y códigos de comportamientos, es a la vez un espacio privilegiado para la construcción de la ciudadanía de los individuos y la producción de nuevos sentidos sobre lo que significa ser hombre y ser mujer en los distintos escenarios públicos y privados.


Políticas públicas: tomar decisiones en educación

Jacques Delors, quien presidió la Comisión Internacional sobre la Educación para el siglo XXI, so
stiene que la educación tiene por función esencial el desarrollo continuo de las personas y las sociedades, como una de las vías más importantes, y que las políticas educativas son una estructuración privilegiada de las personas, las relaciones entre individuos, entre grupos y naciones(3).

La educación conlleva la toma de decisiones difíciles, sobre todo cuando se trata de equidad y calidad de los sistemas educativos. Las decisiones educativas interesan y afectan al conjunto de la sociedad, por lo que exigen la apertura a un debate democrático sobre los medios y fines de la educación.

Sin duda, la educación es un bien de carácter colectivo y corresponde al Estado regularla y crear un consenso nacional sobre ella, establecer una coherencia general y proponer una visión a largo plazo. No obstante, en tanto las opciones educativas son opciones de sociedad, se impone un debate público y la inclusión de propuestas y puntos de vista de la sociedad en las políticas educativas.

Es necesario introducir factores de dinamismo en los mecanismos de la gestión educativa e incluir a los distintos agentes sociales a la adopción de decisiones, no sólo considerando la dimensión técnica de la educación, sino desde la perspectiva política y de género.

Un desarrollo más equitativo y democrático del conjunto de la sociedad requiere la eliminación de los tratos discriminatorios contra cualquier grupo. En el caso de las mujeres, la mitad de la población, es una necesidad impostergable el diseño de políticas que tomen en cuenta las condicionantes culturales, económicas y sociopolíticas que, entretejidas por el género y objeto de aprendizaje social, favorecen la discriminación femenina.

Urge desarrollar políticas de igualdad de oportunidades y, sobre todo, impulsar una educación igualitaria. Para eliminar las desigualdades sociales entre los sexos se deben considerar los presupuestos culturales y sociales que han impedido la igualdad. De ahí que la perspectiva de género, como marco para explicar las razones y los orígenes culturales del problema de las mujeres y de las relaciones sociales entre los sexos, sea indispensable para desarrollar programas y soluciones normativas, jurídicas, educativas y comunicativas destinadas a subsanar las desigualdades existentes entre hombres y mujeres.

La perspectiva de género impacta a mujeres y a hombres y beneficia al conjunto de la sociedad, al establecer condiciones más equitativas para la participación en la vida social. Las políticas públicas tienen que ver con la participación, es decir, con la relación que la ciudadanía establece con el Estado. Al decir de Marta Lamas, dos elementos se deben articular para que un problema social se vuelva objetivo de las políticas públicas: es necesario que la situación sea reconocida como problema público que requiere atención gubernamental y que sea objeto de demanda de la sociedad. Ni la dimensión objetiva del problema ni su gravedad producen por sí mismas su resolución; son las insatisfacciones sociales y la movilización ciudadana que generan estos problemas las que obligan a elaborar propuestas de políticas públicas(4).

En todas las decisiones que se adopten en materia de educación debe predominar el principio de igualdad de oportunidades. La educación para la democracia requiere tanto de políticas públicas que la promuevan como de acciones afirmativas, a través de las cuales se instrumenten medidas especiales y temporales destinadas a proporcionar ventajas y oportunidades a favor de las mujeres para lograr el principio de igualdad en la realidad.

El debate actual acerca del papel de la educación en la construcción de los sujetos en las sociedades democráticas, además de insistir en la necesidad de de construir y reconstruir lo que sucede al interior de las prácticas educativas para explicarlas y transformarlas, señala el imperativo de diseñar y desarrollar políticas públicas que conduzcan a la equidad social entre los géneros.

La calidad de la democracia está íntimamente ligada a la calidad de la educación. En tanto el problema de la calidad y la igualdad de oportunidades ya no radica en el acceso y cobertura al sistema educativo, sino más bien en sus modos y prácticas que reproducen la desigualdad social que parte de la diferenciación sexual, es imprescindible volver la mirada a lo que ocurre al interior de las experiencias y prácticas educativas concretas, para analizar y transformar las modalidades de enseñanza, los contenidos y las prácticas; particularmente las que tienen que ver y se articulan con la educación cívica.

La práctica de la negociación y la concertación constituye en sí misma un factor de aprendizaje democrático en la gestión educativa y en la vida escolar. Habría que aprovechar esto en el diseño de las mismas políticas públicas educativas.

DEMOCRACIA
Wikipedia

La democracia es un régimen político en el que la soberanía reside en el pueblo y es ejercido por éste de manera directa o indirecta. La palabra democracia literalmente significa "gobierno del pueblo".

Más concretamente, la democracia es una forma de gobierno en la cual, en teoría, el poder para cambiar las leyes y las estructuras de gobierno, así como el poder de tomar todas las decisiones de gobierno reside en la ciudadanía, pues tanto el gobierno central como los seccionales son legitimados por la voluntad soberana, radicada en el pueblo, a través del voto. En un sistema así, las decisiones tanto legislativas como ejecutivas son tomadas por los propios ciudadanos (democracia directa)y/o por representantes escogidos me
diante elecciones libres, que actúan representando los intereses de los ciudadanos (democracia representativa)

En la práctica, en la historia inicial de la democracia primó la componente directa (dado que se originó en la Antigua Grecia, más concretamente en la ciudad estado de Atenas, donde por la poca cantidad de ciudadanos resultaba mas facil llegar a una opinion generalizada o consensos entre todos los ciudadanos), pero en la actualidad todos los sistemas democráticos del mundo son principalmente de tipo representativo.

Esta definición general tiene algunos matices. No todos los habitantes de un determinado municipio, región o estado democráticos participan en la política, sino sólo aquellos que ostentan de pleno derecho la condición de ciudadanos, y dentro de éstos, sólo aquellos que eligen participar, generalmente mediante el voto en unas elecciones libres o cualquier otro proceso electoral como el referéndum.


Cultura democrát
ica

En aquellos países que no tienen una fuerte tradición democrática, la introducción de elecciones libres por sí sola raramente ha sido suficiente para llevar a cabo con éxito una transición desde una dictadura a una democracia. Es necesario también que se produzca un cambio profundo en la cultura política, así como la formación gradual de las instituciones del gobierno democrático. Hay varios ejemplos de países que sólo han sido capaces de mantener la democracia de forma muy limitada hasta que han tenido lugar cambios culturales profundos, en el sentido del respeto a la regla de la mayoría, indispensable para la supervivencia de una democracia.

Uno de los aspectos clave de la cultura democrática es el concepto de "oposición leal". Éste es un cambio cultural especialmente difícil de conseguir en naciones en las que históricamente los cambios en el poder se han sucedido de forma violenta. El término se refiere a que los principales actores participantes en una democracia comparten un compromiso común con sus valores básicos, y que no recurrirán a la fuerza para obtener o recuperar el poder.

Esto no quiere decir que no existan disputas políticas, pero siempre respetando y reconociendo la legitimidad de todos los grupos políticos. Una sociedad democrática debe promover la tolerancia y el debate público civilizado. Durante las distintas elecciones o referéndum, los grupos que no han conseguido sus objetivos aceptan los resultados, porque se ajusten o no a
sus deseos, expresan las preferencias de la ciudadanía.

Especialmente cuando los resultados de unas elecciones conllevan un cambio de gobierno, la transferencia de poder debe realizarse de la mejor forma posible, anteponiendo los intereses generales de la democracia a los propios del grupo perdedor. Esta lealtad se refiere al proceso democrático de cambio de gobierno, y no necesariamente a las políticas que ponga en práctica el nuevo gobierno

Argumentos a favor y en contra de la democracia
Ignorancia popular

Una de las c
ríticas comunes a la democracia es la que alega una supuesta ignorancia de la ciudadanía acerca de los aspectos políticos, económicos y sociales fundamentales en una sociedad. Esta ignorancia haría que las decisiones tomadas por la gente fueran erróneas en la mayoría de los casos, al no estar basadas en conocimientos técnicos. Sin embargo, los defensores de la democracia argumentan que la ciudadanía no es ignorante, y achacan ese tipo de críticas al interés que tienen las clases poderosas de anteponer el autoritarismo y la tecnocracia a los intereses de la gente.

Este argumento suele ser esgrimido también por la clase política para descalificar los resultados de referénda y elecciones legítimas y también en contextos en los que se plantean reformas en busca de una profundización hacia formas de democracia más participativas o directas que la democracia representativa.

En cualquier caso, en todas las sociedades en las que es posible el debate público, se asume que la democracia es el menos malo de los sistemas políticos, pues conlleva siempre una cierta aceptación del gobierno por parte del pueblo al haber sido elegido por éste. Desde los principios democráticos se considera que todo pueblo tiene derecho a equivocarse y que siempre es mejor cuando el error es asumido como propio por la sociedad que no cuando éste es culpa de unas pocas personas expertas, que podrían a pesar de todo equivocarse, o incluso actuar según intereses políticos ajenos a la mayoría de ciudadanos.

Puede argumentarse también que la ignorancia se traduce en las elecciones en abstención, por lo que es poco probable que tenga un peso real en la toma de decisiones (esto no es cierto en los países en que todos sus ciudadanos están obligados a votar, aquí la ignorancia sí desempeña un papel más importante).

Aunque a efectos de cuantificar el grado de ignorancia popular a través de la abstención, se considera que la abstención recoge tanto los votos de quienes se dicen desconocedores de temas políticos (apolíticos) como de aquellos a quienes no les satisface el sistema en sí o ninguno de los candidatos o partidos que se presentan, por lo que muchas veces es difícil separar la abstención por ignorancia de la abstención de protesta.

El insoportable peso de Chiapas
ENRIQUE SEMO
FRACTAL, REVISTA TRIMESTRAL

Democracia y sociedad:
Frente a la visión limitada de la democratización como una reforma del Estado, reforma de la Constitución o pluralismo partidista, el EZLN propone una democracia que se construye desde abajo, que se desarrolla organizando a la sociedad civil y que se afirma cuestionando globalmente la relación existente entre gobernantes y gobernados. Organizativamente hablando, frente a la propuesta del partido político, inserto en el Estado, propone el movimiento social enraizado profundamente en la oposición.

De ahí el concepto de "mandar obedeciendo", que sintetiza su visión de la relación entre dirigentes y dirigidos; su oposición a luchar por el poder, que revela su vocación de oposición histórica que se propone cambiar a la sociedad desde su mismo seno; su reticencia a colaborar con los partidos políticos de cualquier signo, que reafirma la decisión de seguir siendo un movimiento social; y su principio de "todo para todos, nada para nosotros", que sintetiza el principio moral humanista en el cual funda su concepción política.

La propuesta ha tenido un gran impacto en la imaginación de grandes sectores y éxito político en las comunidades indígenas ligadas al EZLN y algunos centros aislados. Pero tres intentos de construir un movimiento nacional pacífico basado en esos principios han fracasado. Fuera de Chiapas, el EZLN sigue siendo un poderoso líder de opinión sin presencia política propia. Por ahora no ha logrado formar, ni en el campo ni en la ciudad, un interlocutor que, no siendo guerrilla, responda a sus principios y su dirección. Así, el intento de exportar su experiencia chiapaneca no ha tenido éxito. Todo indica que en las condiciones actuales del país una coordinadora de ONG y de movimientos sociales bajo la dirección de los zapatistas es imposible o sería una organización extraordinariamente sectaria y reducida.

Pero si bien el EZLN no logra resolver aun el problema de su transformación en una organización democrática no armada e inscrita en la legalidad, nadie puede negar sus contribuciones directas al proceso democratizador del país.

Veamos sólo un ejemplo de los primeros meses de su historia. El sexenio salinista fue de reformas económicas aceleradas y de retroceso democrático. No sólo fueron ilegítimas las elecciones de 1988, sino que pese a sus declaraciones de que la era del partido de Estado había concluido, no fue sino hasta finales de 1993 cuando introdujo una tímida reforma electoral. Durante esos seis años, la transición a la democracia se detuvo.

La irrupción del EZLN en la escena fue un grito contra el recrudecimiento del autoritarismo y el ilusionismo económico y su efecto inmediato y vitalizador. Pocos días después, unos cien mil participantes de la "marcha de la paz en Chiapas" abarrotan el zócalo. El 27 del mismo mes y a iniciativa del gobierno, se firma un primer acuerdo entre los partidos para discutir una reforma electoral. Dos meses más tarde, Salinas abandona su política de hostigamiento contra el PRD y se aprueba un documento que influyó positivamente en las elecciones de 1994.

En los meses que siguieron, se consolida un pacto tácito entre el EZLN y lo que más tarde se ha dado en llamar la sociedad civil. La exigencia de paz confluye con la de democracia. El EZLN usa las ONG como escudo contra la agresión armada y éstas lo aprovechan como ariete contra la cerrazón autoritaria. Desde entonces, la confluencia se ha repetido varias veces. Pero esa alianza con las ONG que otorgan una solidaridad entusiasta, negándose sin embargo a tomar la vía de la lucha armada, trastorna el proyecto zapatista que en su origen era el del cambio por esa vía. El democratizador a pesar de sí mismo se transforma en democratizador consciente. El EZLN impulsa el proceso democratizador y es a su vez transformado por éste.

Otro de los problemas que plantea la experiencia chiapaneca es el de la relación entre democracia y violencia o, en otros términos, la legitimidad y la viabilidad de la lucha armada en la actual transición a la democracia. Hay quien considera que entre violencia armada y democracia existe una contradicción insoluble. La historia no les da la razón. En el origen de la democracia hubo momentos de violencia necesaria. La democracia norteamericana sólo pudo consolidarse con la ayuda de una larga guerra de liberación contra el absolutismo inglés, y la francesa le debe mucho a la toma de la Bastilla por el pueblo de París y a la guerra contra la intervención extranjera. La de Centroamérica hubiera sido imposible sin marxistas-leninistas que desgastaran la soberbia de las oligarquías locales. Luego, la democracia ha debido ser defendida con las armas en la mano, como en la guerra civil española o en la resistencia contra la ocupación fascista en Europa Occidental.

Es verdad que a finales del siglo XX se produjeron varias transiciones de regímenes autoritarios a la democracia sin derrame de sangre. Pero también es cierto que México no pertenece a ellas. Es ocioso discutir sobre la fecha de inicio de la transición en nuestro país. Pero ya sea 1968, 1979 o 1996, la lucha armada ha estado presente en una parte del país. Y todo indica que entraremos al siglo XX con varios grupos guerrilleros actuando en por lo menos cuatro estados.

Lo notable en México es la persistencia de la lucha armada. Pese a que entre 1964 y 1994, todos los brotes fueron derrotados militarmente, la guerrilla como fenómeno social se mantiene y si bien su presencia ha sido siempre local, su influencia en la política nacional ha sido importante en varias ocasiones.


Clara y repetidamente la mayoría de los mexicanos se han manifestado por una transición pacífica, por la ampliación de la democracia por medios no violentos. Pero también hay sectores que no pueden soportar el deterioro social y la persistencia de viejas formas de opresión y optan por la rebelión armada. El dilema que nos persigue a todos es el mandato mayoritario de abrir cauces a la democracia por la vía pacífica y el grito angustioso de los más humillados y ofendidos por el cambio, aquí y hoy. Y el dilema sólo puede ser superado con un cambio radical en la política económica y social. Y aquí llegamos al segundo tema porque, en México, democratización y globalización neoliberal se interpretan de tal manera que intentar separarlos es la más ingenua y la más fútil de las ilusiones.

También en este terreno el EZLN introduce una innovación. Apenas apagado el fragor de la batalla, el zapatismo intuye que la lucha armada y la toma del poder no son el único camino a la transformación social. Marcos se deslinda de las guerrillas pasadas que decían: "Hay que deshacerse de esta clase de gobierno y poner en su lugar a otra clase". Afirma por lo contrario que el sistema político no puede ser resultado de la guerra y que ésta sólo debe de servir para abrir espacios democráticos. "No fuimos a la guerra el 1 de enero para matar o para que nos mataran, fuimos para que nos oyeran", dirá ya desde esos días. Más tarde, en el momento en que aceptan negociar, los rebeldes entran en el camino de su transformación en fuerza política y su desaparición como organización armada.[…]

Contra la democracia
Javier Flores
La Jornada

Si alguna virtud tuvieron las elecciones del 2 de julio de 2006 es que dejaron al descubierto aspectos que normalmente se encuentran ocultos. Lo primero que hay que destacar es que la democracia mexicana es una falacia. Es la zanahoria que el poder pone por delante. Un concepto que han enseñado a todos a venerar (exitosamente), sean de izquierda, centro o derecha, pero que es una aberración. Ni aun en su forma más pura está exenta de anomalías. La democracia representativa, por ejemplo, anula la individualidad.

Además hay que examinar el discurso: avanzamos hacia la democracia, México evoluciona hacia la democracia, perfeccionamos nuestra democracia, creamos instituciones para arribar a la democracia. Casi nadie se detiene a pensar que estas frases implican la aceptación de que no hay democracia; apenas vamos hacia allá. ¿Por qué nos quejamos de un fraude, si apenas estamos construyendo una democracia que no tenemos?

Además, cada vez que se crean nuevas instituciones para "avanzar hacia la democracia" surgen simultáneamente en México formas más sofisticadas para burlarla. No es más que una trampa que cada vez sale más cara. Una fachada para ocultar el control sobre los mexicanos. Es un teatro, una representación... Una tontería.

La maldad domina al mundo. Me permito recurrir a un argumento moral. Yo sí creo que hay un bien y un mal. Y el bien se la quiere pasar, como su nombre lo indica, bien. Y el mal se dedica a la política para controlar a los demás. Veamos la democracia más representativa del planeta: Estados Unidos de Norteamérica. Una ciencia dedicada a la producción de armas cada vez más sofisticadas, la guerra como estandarte. Todos los días vemos fotografías de niños despedazados; madres, padres y abuelos llorando, ciudades destruidas, vejaciones físicas y torturas, hoy respaldadas por las leyes, todo en nombre de la democracia. El mal pretende adueñarse del mundo en el siglo XXI y su bandera es la democracia.

Y los políticos mexicanos, sin vergüenza alguna. Socios del mal. Empleados, sirvientes, lacayos, achichincles, hombres alfombras del poder mundial. Su misión consiste en que México esté acorde con los intereses del mal. En las campañas electorales la mentira como argumento. Dinero a raudales, el odio como razón, la amenaza, el miedo. Votos a cambio de cubetas de plástico, libros de texto prohibidos, control y monopolio de la información, fomento y utilización de la ignorancia... pero seguimos construyendo así nuestra democracia.

Autoridades electorales títeres, el cinismo, la trampa, la burla, la quema de votos para anular pruebas; así construimos la democracia con las instituciones que "tanto han costado a los mexicanos". Un Poder Judicial que muestra que no existe la división de poderes, que renuncia a su independencia, jueces que se compran y se venden, imposición. ¿Qué les van a decir a los estudiantes de derecho que aspiran a ser como ellos?

Periodistas vendidos que ocultan deliberadamente la información. ¿Con qué cara se van a presentar ante los estudiantes de periodismo y comunicación? La información hay que ocultarla, unas cosas sí y otras no. ¿Eso les van a decir? Son una vergüenza para esa noble profesión. Corrupción a raudales por todas partes. Todo para mantener un orden en nombre de la democracia.

Intelectuales sometidos al poder por su gusto o por sus intereses; cínicos, una vergüenza para México. Incapaces de mantener una distancia mínima frente al poder, pero contribuyen así al avance de nuestra democracia... y se la creen.

El saqueo del país, que pareciera no tener límites, empresas monopólicas que se escudan en nuestra necesidad imperiosa de generar empleos, los peor pagados del mundo, explotación sin límites.

La educación básica en el más bajo nivel a escala mundial, compatible con la ignorancia y el oscurantismo.

Se trata de una tiranía que actúa en nombre de la democracia.

La democracia apesta.

50 años del derecho al voto para las mexicanas
¿Seguir luchando bajo modelos masculinos o crear democracias participativas feministas?
Victoria Sendón de León
Triple Jornada

-- La democracia representativa no es suficiente, en su corrompida partidocracia los aportes políticos de las mujeres no resultan significativos
-- La visión masculina del poder nos impone la barbarie una y otra vez
-- El reto político no son carguitos o puestos en la cueva de Alí Babá sino inaugurar una forma nueva y singular de hacer política


Algo se está moviendo respecto al concepto mismo de Democracia en el sentido de que la representatividad nos resulta ya muy insuficiente. Y más si este simulacro de representación se mira desde la perspectiva de las mujeres. Simplemente: no estamos ni siquiera representadas en las instituciones que se supone actúan, legislan y aplican las leyes en nombre de la ciudadanía. Cada vez se repite más el antiguo lema feminista de "NO en
mi nombre". Los gobiernos del mundo no pueden seguir amparándose en nuestro voto, en la democracia o esgrimiendo la legitimidad que suponen les respalda, para legislar a favor de las transnacionales, de la libertad para el capital y la consiguiente explotación de trabajadores y, sobre todo, de trabajadoras en condiciones repugnantes para la inteligencia y la sensibilidad humanas.

La democracia representativa con su separación de poderes, tal como la definió Montesquieu, no es
suficiente para el siglo XXI por una serie de abusos legitimados que ya no son de recibo.

Participación frente a representación

El monopolio del poder no puede seguir en manos de estados que ya no garantizan la justicia ni la libertad para los ciudadanos. Es la hora, pues, de nuestra participación activa en unas democracias cuya representatividad es tan deficiente.

La participación debe nacer desde las bases, desde la población civil organizada. De hecho, está organizandose en la medida en que se toma conciencia de lo que a significa la globalización económica del capital sin fronteras. Correlativamente, también los movimientos "anti" son globales porque saben que no es ajeno lo que s
ucede en cualquier parte del mundo. Traspasan fronteras, razas, naciones y sexos porque intuyen que todos navegamos en el mismo barco. La cuestión ahora para las mujeres feministas es dilucidar si los modelos de la lucha siguen respondiendo a un patrón político masculino o si nosotras podremos aportar algo propio a esa lucha; algo que estaba por descubrir, por visibilizar, por manifestarse. Y ésta constituye actualmente una de las tareas teóricas más importante para el Movimiento.

Ese dato no (in)diferente


Ahora, que hace 50 años que las mujeres obtuvimos el derecho al voto en México, el balance no puede ser más desalentador. Hemos cumplido con nuestro deber ciudadano en todos los procesos electorales y, no obstante, nuestra representación en las diversas instituciones políticas es ridícula. Sólo ocupamos del 3,5 de las Presidencias Municipales, el 10% en los congresos Locales y el 17% en el Congreso de la Unión. ¿Qué reflexión nos provoca estos datos?

El dato no indiferente y, por tanto, diferente y significativo sería la participación activa en la política de las mujeres organizadas. Pero, no organizadas para conseguir un carguito o un escaño según el esquema maquiavélico que domina, sino desde la conciencia clara del reto que supone participar en la "polis". Para esto hemos de partir de un análisis de causas y efectos que no suele tenerse en cuenta.

No es que el capitalismo imperialista nos haya llevado a esta situación de barbarie, sino que la barbarie, la explotación, la destrucción y la mentira provienen de un esquema anterior que es el propio del Patriarcado, y que tiene su fundamento en la dominación, misma que convierte toda diferencia en desigualdad, empezando por la diferencia entre los sexos. Al interior de esta estructura, exacerbada en estos momentos históricos, somos las mujeres quienes estamos resistiendo a la barbarie gracias a esa entrega incondicional a los "nuestros" y gracias a los saberes domésticos que hemos ido acumulando, y que en muchos casos convierten la miseria en una pobreza digna de comer caliente cada día o de recibir el amor y los cuidados que necesitamos tanto como el pan. Pero no basta.

Nuestro ancestral alejamiento de lo político provoca el que sigamos recluyéndonos en lo doméstico, así como nuestra dedicación a las relaciones emocionales nos inclinan hacia la privacidad. Esa ha sido la mejor estrategia del Patriarcado para mantenernos desactivadas. Pero es precisamente nuestra experiencia doméstica y psicológica la que la política activa está hoy necesitando, porque los políticos no ven más allá de las macroestructuras y de la economía de los grandes números. No reparan en las personas, en sus necesidades concretas, en su bienestar material y psicológico. Y por este camino el mundo ha ido cayendo en una barbarie que la visión masculina del poder nos impone una y otra vez.

Conseguir transformar nuestros saberes domésticos en saberes aplicados a lo político va aparejado a una ampliación de nuestro enfoque desde los "temas de mujeres" o familiares hasta la circularidad de los temas generales que a todos nos afectan. Ya no es imprescindible que las mujeres feministas tengamos que adherirnos a un partido o a movimientos sociales dirigidos por hombres para participar en política en nombre propio y en nombre de otras muchas mujeres.


Motivos para una iniciativa propia

Muchos analistas políticos están ya vislumbrando que la política del futuro pasa necesariamente por las mujeres. De hecho, las mujeres del mundo pobre son las que están manteniendo la supervivencia de sus pueblos, así como la educación de sus criaturas, la resistencia en las guerras o la protección en los campos de refugiados. Las ollas comunes en Latinoamérica, las escuelas clandestinas en Afganistán, las microempresas en la India o la búsqueda infatigable de los desaparecidos son y han sido iniciativas de mujeres, porque allí donde hay una mujer hay civilización, es decir, humanización de lo cotidiano.

Al mismo tiempo, la política llamada institucional se está convirtiendo cada vez más en la cueva de Alí Babá. Mucha gente llega a la política para medrar, para enriquecerse o para tener un poder personal. Cada vez los partidos están más corrompidos por intereses crematísticos, y cada vez existen más corruptores de políticos para llevar a cabo sus oscuros negocios. Resultado de todo ello es que las políticas públicas dedican menos y menos recursos a los servicios de la ciudadanía o privatizan empresas que antes eran estatales. Esto perjudica especialmente a las mujeres en el empleo, en la sanidad o en la educación.

Tampoco la democracia representativa es suficiente porque en muchos casos los políticos no nos representan, sino que se representan a sí mismos o a los intereses de sus partidos, de modo que dicha democracia se ha transformado en una partidocracia. En esta las mujeres políticas tienen muy poco poder al interior de sus partidos, poder que siempre detenta un núcleo duro formado por varones. Lo más que alcanzan es algún cargo que otro, algún escaño que otro, pero sin que esto sea significativo en la política general de un país.

Sin duda que los varones tienen muchos más cauces de participación política que nosotras las mujeres, de ahí que organizaciones propias de mujeres sean más necesarias que nunca, pero no para seguir los mismos derroteros que la política institucional, sino para que el modo de hacer política inaugure un modelo nuevo con características singulares, que consistiría en trasladar todos nuestros saberes domésticos y privados a la propia política, porque lo personal también es político.

Sin embargo, nosotras tendríamos que cambiar anquilosadas perspectivas, pues hasta ahora las mujeres activas han trabajado en temas que se consideran "exclusivamente de mujeres", dejando lo demás en manos de sindicatos o partidos políticos, pero los temas de mujeres son todos, pues nos afectan por igual la economía que la ecología, el urbanismo o la seguridad. Igualmente podríamos desligarnos de las definiciones estereotipadas de izquierdas o derechas, porque si bien el movimiento feminista es sin duda progresista, no estamos a la derecha ni a la izquierda: estamos delante. Y estamos delante porque el mundo del siglo XXI no puede seguir siendo gobernado con esquemas ideológicos del siglo XIX.

Un modo nuevo y propio de hacer política podría centrarse en la política local, que es la más cercana al ciudadano. Pero no desde la simple iniciativa de formar una candidatura electoral, sino desde otros presupuestos que la hagan posible y eficaz. Una candidatura que se fundamente en una democracia participativa trasversal, no jerárquica, pero sí organizada, pues la falta de organización se convierte en una especie de dictadura del compadreo y de los caprichos personales.

Otra característica de una política de mujeres sería la de establecer relaciones horizontales entre las participantes. Relaciones que implican amistad y confianza en lugar de los clanes de interés que forman los varones. Y en contraposición a su parapetarse tras unas siglas, el grupo debería tomar muy en serio la formación de cada una de las participantes, la formación continua que requiere la noble dedicación a la política. Todo el tiempo que pierde la partidocracia en reuniones inútiles y estrategias intrigantes sería un tiempo precioso para dedicarlo a la formación propia de las candidatas. Las revoluciones han fracasado porque no ha existido un correlato entre el ideal de sociedad que se pretendía y la altura moral y psicológica de quienes pretendía llevarla a cabo.

Lo que resta no es más que una entrega apasionada a la acción, al contacto directo con la gente, en lugar de confiar toda estrategia a la publicidad electorera que sólo promete y luego olvida sus compromisos.

La desconfianza
Javier Sicilia
PROCESO

[…]La democracia es el poder del pueblo ejercido a través de leyes representadas por un cuerpo legislativo. Por desgracia, ese cuerpo ha perdido la confianza de la gente, porque la ley sólo se ha usado para sostener los intereses de los partidos y del Ejecutivo. Estamos, por lo tanto, en un régimen que avanza hacia la dictadura disfrazado de democracia y de legalidad. La única manera de salir de él es poner la ley por encima de los gobernantes, de los gobiernos y de los partidos, y devolverle al pueblo la confianza en las instituciones que lo representan. Para ello es necesario una nueva Constitución que represente a todos y que permita, mediante nuevos mecanismos –un Parlamento al servicio de la gente, la segunda vuelta en las elecciones, el plebiscito, el fortalecimiento del campo y de las economías locales, el límite a los grandes emporios del dinero y las figuras jurídicas que permitan a los pueblos organizarse por sí mismos–, regenerar la confianza de todos. Mientras tanto, sólo nos aguardan el descontento, la protesta, la represión y la continuidad de esos maestros de las virtudes simuladas que han hecho todo lo necesario para que las palabras “partido” y “gobierno” sean un símbolo de burla, desconfianza y miedo.[…]

Presencia y representación: las formas complejas de la vida política
Por Françoise Collin
MUJERES EN RED

Constituir un mundo común que asuma la pluralidad, una pluralidad que no sea la pluralidad de los mismos sino la pluralidad de los diferentes -puesto que igualdad no significa identidad-: tal es el objeto de la democracia cuyas modalidades Hannah Arendt ha redefinido ampliamente frente la catástrofe totalitaria-. Puesto que la democracia no es un hecho, que sería garantizado por una declaración fundadora: es una realidad en movimiento siempre imperfecta que no cesa de deber ser interrogada, contestada y redefinida en nombre mismo de su principio.

Reposa sobre un diálogo permanente en el que cada uno, cada una, debe poder hacer oir su voz: voz que no puede ser reducida al solo ritual de la práctica electoral. La urna en efecto no es una urna funeraria donde irían a morir las voces de los electores: quien da su voz en un voto guarda su voz. La vida ciudadana no se agota en la representación.

La democracia, a pesar de su nombre (el poder del pueblo), está fundada, tanto en la forma de la democracia directa de la Grecia antigua como en la forma de la democracia representativa moderna, en la exclusión de la mitad del pueblo, a saber, de las mujeres. Su acceso a la ciudadanía es en efecto reciente. Data, concretamente, de la segunda mitad del siglo XX. Puesto que incluso la instauración del “sufragio universal” les excluyó sin vergüenza de este “universal”.

Desde el punto de vista del estatuto de la mujer, durante largo tiempo no ha existido gran diferencia entre las sociedades tradicionales y las sociedades modernas. La reivindicación de las occidentales sobre el control de la fecundidad en los años 70 ha sido el detonante de un proceso transformador irreversible pero que no es automático y necesita de parte de cada una y de todas una vigilancia constante para su desarrollo: el progreso no es nunca automático y los avances se vuelven a cuestionar constantemente o son desviados de su mira en provecho de objetivos inicialmente imprevistos. (Como la reivindicación -percibida como escandalosa- de las feministas: “un hijo, si yo quiero, cuando quiera” gracias a la contracepción y al aborto, ha sido recuperada para procedimientos científico-técnicos de forma eugenista que plantean nuevos problemas, necesitando nuevas reflexiones y nuevas iniciativas.)

Tanto la democracia ateniense directa del Siglo V a.c. como la democracia moderna están fundadas, en efecto, sobre la definición del pueblo (démos) que excluye a las mujeres o que sólo las incluye a título indirecto como hijas o como esposas de ciudadanos, y no como ciudadanas por derecho propio. El gran movimiento de emancipación que se desarrolla en el siglo XVIII en nombre de la Razón universal de las Luces, que plantea la autonomía de cada uno, deja también a las mujeres bajo tutela intelectual, social y jurídica. Incluso los niños que traen al mundo no les son acreditados: alimentan la línea paterna, tomando el nombre del padre y dependiendo de su autoridad. Como han subrayado los antropólogos (de Levi-Strauss a Françoise Héritier) el patriarcado ha sido la única estructura que conoce la familia a través de los siglos -(Lo que se denomina algunas veces matriarcado indica solamente que la línea pasa por los hombres de la familia materna). Y el ideal de fraternidad democrática, puramente viril -el fratriarcado- es una reinterpretación de este patriarcado.[…]

sábado, octubre 14, 2006

MAS ALLÁ DEL MURO

Podcast de análisis y opinión que busca deshilar el problema del Muro Fronterizo
Estados Unidos
-México
(duración 11:40 min.)

Por ley, será delincuente todo migrante indocumentado en EU
David Brooks
La Jornada

En lo que algunos consideran como el proyecto de ley de control fronterizo más "atroz" en tiempos recientes, la Cámara de Representantes estadunidense aprobó esta noche medidas para criminalizar a los aproximadamente 11 millones de indocumentados que residen en este país, construir bardas de más de mil kilómetros en la frontera con México y rechazó cualquier propuesta de legalizar la estadía de estos trabajadores.
En los pasados 10 días, el proyecto de ley sobre seguridad fronteriza logró superar la intensa oposición de la Cámara de Comercio, la Iglesia católica, agrupaciones nacionales como el Consejo Nacional de la Raza y organizaciones de defensa de derechos de los migrantes.
La Casa Blanca expresó su apoyo a la medida, a pesar de que excluye explícitamente cualquier programa de trabajadores huéspedes como ha propuesto el presidente George W. Bush. Al parecer, se decidió respaldar este proyecto para defender al Ejecutivo de acusaciones de que ignora la seguridad fronteriza.
Algunas de las principales organizaciones latinas, incluyendo el Consejo Nacional de la Raza, el Mexican American Legal Defense, la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos y la Asociación Nacional de Funcionarios Latinos Elegidos y Nombrados enviaron una carta a Bush expresando su "decepción desbordante" por su apoyo a la iniciativa; le advirtieron que le será "difícil" explicar esa posición a los latinos del país, y le solicitan que retire su respaldo a este proyecto de ley.
El asunto se retomará en el Senado a principios de 2006, donde hay una serie de proyectos que serán debatidos, y donde se espera que habrá acuerdo sobre algún tipo de programa de trabajadores temporales. Si se logra un consenso sobre un proyecto de ley de reforma migratoria, esta versión deberá ser negociada con la versión aprobada hoy por los representantes, pero este proceso podría demorarse hasta después de las elecciones legislativas de noviembre si el tema continúa provocando divisiones insuperables, comentó hoy a La Jornada Douglas Rivlin del Foro Nacional sobre Migración.
El proyecto de ley H.R. 4437, la Ley de Protección Fronteriza, Antiterrorismo y Control de Inmigración Ilegal de 2005, incluye una serie de medidas punitivas y restrictivas favorecidas por las fuerzas antinmigrantes. Tal vez la más controversial es criminalizar a los aproximadamente 11 millones de indocumentados, convirtiendo en delito estar en Estados Unidos "ilegalmente" en lugar de una "violación civil", como lo es actualmente.
Limitar acceso a tribunales
Peor aún, se limitará el acceso a los tribunales federales para aquellos que desean apelar órdenes de deportación y se aceleraría la expulsión de indocumentados, y también criminaliza a las personas que asistan a estos migrantes -o sea, quienes ofrezcan ayuda humanitaria, como de iglesias u organizaciones comunitarias.
Además, se aprobó la construcción de 698 millas de bardas en la frontera con México en zonas de alto ingreso de migrantes en los sectores entre Tecate y Caléxico en California; Columbus, Nuevo México, y El Paso, Del Río, Eagle Pass, Laredo y Brownsville, en Texas. Las bardas serán dobles, con cámaras, iluminación y sensores.
También impone nuevas medidas que obligan a empresarios a verificar la identidad y estatus legal de todos sus trabajadores, aun aquellos que han estado en la nómina durante años, mediante bancos de datos del Seguro Social y del Departamento de Seguridad Interna.
Una enmienda que podrá ser agregada a la ley permitirá que las fuerzas de seguridad pública estatales y locales reciban poderes para actuar como agentes de migración.
Estas medidas, la lista de deseos de las fuerzas antinmigrantes, son consideradas como "inaceptables" por la Cámara de Comercio, y agrupaciones laborales, las iglesias y organizaciones de derechos latinos y de inmigrantes que denunciaron esta ley como una faena política que no hace nada para reparar los graves problemas del sistema de migración.
Aunque los analistas señalan que esta iniciativa de ley no tiene ninguna posibilidad de ser aprobada por el Senado o contar con la firma del presidente Bush, sí podría obstaculizar toda alternativa que incluya cualquier propuesta para legalizar de alguna manera a los migrantes indocumentados en este país. Y a fin de cuentas, ese es el objetivo de sus promotores. El debate continuará el año próximo, pero nadie apuesta que se llegue a un consenso.

Mujeres Migrantes
Ana Elena Obando
WHRnet

Aunque las causas que podrían atribuírsele a la migración laboral de las mujeres son múltiples (guerra, situación económica, social, política, violencia, etc.), ésta se relaciona directamente con el modelo económico-político mundial, un modelo neoliberal cada vez más militarizado que se exporta desde los imperios industrializados. Al igual que muchos hombres mantienen sus privilegios de género en la esfera privada a través de diversas explotaciones, los países industrializados lo hacen en la esfera pública, explotando la mano de obra barata, entre otras cosas, que provienen de los países más pobres, particularmente de los continentes asiáticos, africanos y latinoamericanos.

Las mujeres migrantes no sólo tienen que pasar por la tortura de no ver a sus hijos (as) y familiares de sus países de origen sino que además deben enfrentar una serie de violaciones que pocas veces son reconocidas.

Como siempre, las mujeres contribuyen de manera significativa a sus países, enviando dinero a sus hogares, y regalando su trabajo voluntario para las comunidades de acogida. Pero como el trabajo femenino ha sido tan invisibilizado históricamente, ello no se contabiliza en las cuentas nacionales ni mucho menos se valora en el ámbito social. Las migrantes filipinas, por ejemplo, contribuyen en gran medida al importe total de las remesas que, en 2001, ascendía a 6.200 millones de dólares EE.UU.

Las migrantes están más expuestas que los hombres al trabajo forzado, a la explotación sexual, a la prostitución forzada y a otras formas de violencia y tienen más probabilidades de aceptar condiciones de trabajo precarias y con salarios más bajos, muchas veces por debajo del mínimo legal. Generalmente, están expuestas a graves peligros de salud, sobre todo en fábricas de maquila y otros trabajos pesados o insalubres y carecen de información y poder para bregar con las infecciones transmisibles sexualmente, especialmente el VIH/SIDA, lo que muchas veces les causa su muerte.

A pesar que cada día se hace más evidente que la migración tiene una especificidad de género, la mayoría de las políticas y reglamentos migratorios aún no la toman en cuenta. Los países de envío y de acogida no se preocupan por determinar las medidas y los mecanismos cooperativos necesarios para promover y proteger los derechos humanos y la dignidad de las trabajadoras migrantes y para erradicar el tráfico de mujeres y niñas.

A pesar que la Convención Internacional para la Protección de los Derechos de Todos los Trabajadores Migratorios y sus Familiares de 1990 en su artículo 16 confiere el derecho de los trabajadores migrantes y sus familiares a "la protección efectiva del Estado contra toda violencia, daño corporal, amenaza o intimidación por parte de funcionarios públicos o de particulares, grupos o instituciones", hay quienes han señalado que ese instrumento no aborda la vulnerabilidad de las trabajadoras migratorias, en especial la prostitución y el abuso sexual.

Curiosamente el derecho internacional no ha definido el concepto de migrante a nivel jurídico, ya que la mayoría de personas no tienen status de refugiadas ni de trabajadoras migratorias, sino que son indocumentadas o están en situación irregular, y eso las hace más vulnerables a las violaciones de sus derechos humanos. Existe otra discriminación legal aunada a ella, ya que mientras a las personas refugiadas se les reconoce las violaciones de los derechos civiles y políticos, sobre todo cuando amenazan la vida y la seguridad que les obliga a huir de sus países, a los y las migrantes no se les reconoce las violaciones de sus derechos económicos, sociales y culturales, que las obliga a huir de sus lugares de origen. Tal parece que el principio de indivisibilidad de los derechos humanos no ha sido incorporado en esta materia.

Según la Relatora Especial de los Derechos Humanos de los Migrantes, se podrían considerar migrantes:

(a) Las personas que están fuera del territorio del Estado de su nacionalidad o ciudadanía y no sujetos a su protección jurídica y se encuentran en el territorio de otro Estado;

(b) Quienes no disfrutan del reconocimiento jurídico general de derechos inherente al otorgamiento de la condición de refugiado, residente permanente, naturalizado u otra análoga por parte del Estado de acogida;

(c) Y quienes no disfrutan tampoco de una protección jurídica general de sus derechos fundamentales en virtud de acuerdos diplomáticos, visados u otros acuerdos.

La Plataforma de Acción de Beijing (párrafo 46) menciona que existen barreras en el caso de las mujeres refugiadas, de otras mujeres desplazadas, incluso en el interior del país, y de las mujeres inmigrantes y las migrantes, incluyendo las trabajadoras migrantes. Sin embargo, tanto el abuso físico y sexual contra las trabajadoras domésticas por ejemplo, así como la inexistencia de denuncias ante las autoridades competentes, es un aspecto inherente a esa migración.

El Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial ya ha informado sobre los malos tratos a trabajadores extranjeros, en particular a las trabajadoras del servicio doméstico, reconociendo la gravedad del problema, así como la insuficiencia de recursos destinados a remediarla. La Relatora Especial de Naciones Unidas sobre la violencia contra la mujer, Sra. Radhika Coomaraswamy, también se ha referido a las circunstancias y vulnerabiliad en la que se encuentran las mujeres que prestan servicios domésticos.

Sería importante que el abuso físico y sexual de las mujeres migrantes durante su traslado o en los lugares de detención, sea considerado como una forma específica de violencia contra la mujer, de conformidad con la Recomendación general Nº 19, párr. 6 del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer. Lo anterior en virtud que las dificultades para las mujeres indocumentadas son de muy diversa índole.

Muchas de ellas provienen del medio rural, se transfieren a las ciudades locales y nacionales para posteriormente pasar las fronteras internacionales. La mayoría de las veces este paso de frontera se hace sin los documentos necesarios, y sin ninguna red social de apoyo y protección. El acoso sexual así como la solicitud de favores sexuales, a cambio de protección o para permitir el paso de fronteras y retenes, son frecuentes en los testimonios de las mujeres que transitan por las diversas regiones del mundo. Estos actos que atentan contra los derechos de la mujer y que constituyen formas de persecución de género, son también cometidos por traficantes, coyotes y patrones. Las implicaciones de denunciar son más severas en la medida en que las migrantes son mujeres, no hablantes de la lengua de la autoridad competente y carentes de los documentos necesarios.

Según la Relatora Especial de Derechos Humanos de los Migrantes, uno de los principales obstáculos para remediar las violaciones de los derechos humanos de los migrantes consiste en la falta de información sobre el tipo, el lugar en donde ocurren y las características que éstas tienen. Ese subregistro es mayor en la medida en que las migrantes son más marginadas y tienen menos poder. El caso de las mujeres migrantes, y particularmente el de aquellas que provienen de minorías lingüísticas, nacionales o no, es uno de los casos más extremos de ese subregistro y que requiere medidas más urgentes.

Las trabajadoras migrantes deben gozar de los mismos derechos y beneficios que las trabajadoras nacionales y los gobiernos deberían acatar las obligaciones provenientes de la legislación internacional para crear los mecanismos necesarios que prevengan las violaciones de sus derechos humanos.

¡Tire ese muro, señor Gorbachov!
Jorge Carrillo Olea
La Jornada

"Tear down this wall, mister Gorbachov!", clamó imperativamente Ronald Reagan ante el Muro de Berlín en los últimos días de la guerra fría, y tuvo el conocido efecto en 1989, y con ello inscribió la frase en la historia y se definió como gran defensor de las libertades. Hoy un sucesor suyo, republicano también, ordena y negocia con el Congreso el levantamiento de un muro a lo largo de nuestra frontera norte.
Históricamente se han levantado muchos muros con iguales resultados, o sea, los contrarios a los buscados. Desde la Muralla China, la muralla de Adriano, la zona desmilitarizada (DMZ) entre las dos Coreas en el Paralelo 38, la división entre Cisjordania e Israel, y más. Los muros o murallas para lo que sí han servido es como causas de intensas y sangrientas fricciones entre los países lindados. Su erección y operación son costosísimas, en términos políticos y económicos, y muy poco eficientes, aunque parte de su peaje lo cobren en sangre y dolor de los que intentan cruzarlos. Son, así, históricamente infructuosos, oprobiosos y degradantes.
Estados Unidos tiene acostumbrado al mundo a sus contradicciones y paradojas: viola derechos, asesina, conculca en tierras ajenas, por hoy Afganistán e Irak, siempre hablando en nombre de la libertad y de la democracia, y en su propia tierra opera al revés, trátese de Guantánamo, de los recientemente descubiertos campos de concentración de la CIA, del racismo, o ahora de una medida bárbara que atenta contra vidas y contra la libertad de tránsito y el derecho al trabajo, derechos universales. Y pensar que nuestro gobierno en su apertura pensó en the whole enchilada en materia migratoria, o que este mismo año vio con gran simpatía el proyecto "Construyendo una Comunidad de América del Norte", que suponía el libre paso de los nacionales de los tres países por todos sus territorios.
Pero esta nueva muralla no tendrá resultados distintos a sus milenarias antecesoras. Seguirán los migrantes transgrediéndola, por el aire o por bajo de ella. De manera casi mágica, en una ola imparable de hombres, mujeres y niños que podrán más que la valla, sus cazadores de migrantes, sus ejércitos y patrullas, sus radares y helicópteros.
Sin muro aún, sólo las vallas parciales en Tijuana, mueren aproximadamente 500 mexicanos al año tratando de cruzar la frontera, por el desierto o por el río. Muchos más que los americanos muertos en igual plazo en la guerra de Irak. De nuestros muertos, sólo organizaciones sociales y ciertos medios llevan la cuenta; del otro lado, se percibe como una nota de segunda importancia, como no sean las muertes masivas en confinamientos dentro de vehículos de contrabando.
A falta de mayor agudeza de nuestro gobierno, ya varias ONG especializadas en el tema y otros gobiernos han levantado su voz en reprobación del proyecto. Esperemos que algunos, no pocos, demócratas lo hagan y que la poderosa comunidad hispana conciba lo propio. Pero el paso vergonzante ya está dado, ya forma parte de la historia y del presente de las relaciones bilaterales, y será pesada herencia para quienes sucedan en sus torpezas a Fox y sus cancilleres. El Presidente no conoce la instancia llamada protesta diplomática ni la denuncia ante foros internacionales, prefiere las diatribas contra Estados Unidos desde un pueblo de Guanajuato. El canciller, en igual ignorancia de las prácticas diplomáticas, prefiere llamar, en una entrevista radiofónica, "tonta y manca" a la decisión estadunidense. Este es nuestro nivel de funcionarios.
Ante las imposibilidades legales de volver a ser relegido, el Bush más fundamentalista, más inhumano y criminal surge y seguirá surgiendo como cuando siendo gobernador de Texas negó el indulto a la pena de muerte a todos los casos que le fueron presentados. Ya no tiene nada que disfrazar, nada que atemperar o autocontrolar. Es el Bush verdadero y desnudo. Tal vez el presidente más cruel después de aquellos que ordenaron el bombardeo de Japón o los de Vietnam, ahora conocido que fueron motivados por un incidente contra un barco que nunca existió.
Nada vence a la razón, y en este caso la razón es doble: una desigualdad de oportunidades de trabajo y una demanda que los estadunidenses se ocupan de minimizar. Según datos confiables, 500 mil hispanos llegan ilegalmente a Estados Unidos cada año en busca de trabajo. Algunos lo hacen temporalmente, regresando varias veces en su vida útil; otros lo hacen para permanecer sin plazo, generalmente amparados por vínculos familiares o sociales. De esta manera, violando el derecho internacional público por Estados Unidos, con muro o sin muro, los flujos de inmigrantes seguirán, aunque, eso sí, a costos humanos cada vez más onerosos.


Muros
León Bendesky
Fragmento
La Jornada

“Y creyeron que con la caída del Muro del Berlín se abría una época de paz y entendimiento que finalmente se expresaría mediante las ventajas de una globalización dirigida por las fuerzas del mercado. ¿En verdad lo habrán creído?

Sin embargo, los muros proliferan. Algunos son vallas que sirven de separación física más o menos efectiva para prevenir y evitar contactos indeseados con los otros, quienquiera que ellos sean, y que representan peligros reales o figurados. Otros muros son de índole inmaterial, como la lucha entre las visiones fundamentalistas de todo signo, que previenen la comunicación y generan una creciente violencia. Hay otras defensas más difíciles de erigir, pero efectivas, para señalar las diferencias y separaciones, como las que definen la migración africana a la costas españolas.

Podría hacerse un recuento e historia de los muros que se erigen en la sociedad contemporánea. El caso es que esta sociedad está cercada en todas sus latitudes, y no es una paradoja que el sentimiento de seguridad no se fortalezca con esa situación.”


Los muros
Arnoldo Graus
La Jornada

Salvo por un texto de Franz Kafka, hasta donde sé no existen tratados literarios, políticos o filosóficos acerca de los muros. Una razón fundamental es que ni Jorge Luis Borges ni Vicente Fox, a pesar de ser lector de Borgues, se ocuparon del tema. Quizás, pienso, Borges no escribió un manual acerca de los muros porque la crudeza del cemento y de las varillas, así como los motivos inhumanos para edificarlos pesaban demasiado, y eran en exceso reales y dolorosos; la cruda veracidad de las murarralas no dejaba espacio para la ficción del sabio argentino. Kafka, otro de los inmensos visionarios del mundo y de sus caminos, sí abordó el tema. En La muralla china nos dice: "... ¿cómo puede defender una muralla construida en forma discontinua? En efecto, una muralla semejante no sólo no puede proteger, sino que la obra misma está en constante peligro".

Los chinos fueron pioneros en la construcción de murallas. La inmensa mole mide 2 mil 400 kilómetros y fue construida cuatro siglos antes de Cristo con la finalidad de defender a la nación contra los enemigos (los Huns). Ejemplos recientes son el celebérrimo Muro de Berlín, cuyo propósito era impedir que los alemanes comunistas se fugasen del comunismo (pleonasmo intencional) y el de los israelíes para disminuir el paso de terroristas. Fidel Castro no ha tenido que levantar muros para ejercer su ideología; el mar ha sido su aliado. Vladimir Putin tampoco ha requerido invertir dinero para aislar a Georgia: en días recientes las conexiones aéreas, por vía férrea y marítima con Georgia, además de los servicios postales, fueron suspendidos por el Kremlin.

Ninguno de los ejemplos mencionados en el párrafo previo ha cumplido su propósito: fueron muchos los alemanes que perdieron la vida por disentir, muchos israelíes y palestinos siguen y seguirán muriendo a pesar de la "infranqueable" valla, no pocos han sido los cubanos encarcelados o fusilados por tratar de perseguir su libertad e inmenso es el odio de los habitantes de Georgia contra Rusia. En síntesis: las toneladas de cemento no son suficientes para sepultar ideologías ni bastan para silenciar. En ocasiones, y por fortuna, puede más el disenso que el oprobio. Entre muros y entre mares la lógica queda sepultada: alemanes, palestinos, cubanos, israelíes y georgianos comparten el mismo triste destino.

En los próximos días George W. Bush tendrá el honor de colocar la primera piedra del muro entre México y Estados Unidos, cuya finalidad, como es sabido, será disminuir el paso de indocumentados. Con la construcción de este muro Bush y Estados Unidos continúan engrosando su Manual de la ignominia: en el siglo XXI el país de los yankees será recordado, entre otros avatares, por la tortura ejercida por sus hijos en las cárceles, por las guerras civiles de Irak y Afganistán, por la persecución de los desertores de la guerra en Vietnam y por la construcción del muro en la frontera con México, su principal abastecedor de mano buena y barata -como bien dijo don Vicente Fox: "los mexicanos en Estados Unidos realizan labores que ni los negros quieren hacer".

El muro de Bush será un gran muro: medirá mil 200 kilómetros, evitará que mexicanos y centroamericanos mueran ahogados en el río Bravo, asfixiados en los tráileres, deshidratados en los desiertos o cazados por grupos neonazis y neogringos que operan a lo largo de la frontera. Será también motivo de controversia porque expone los dictados de la política estadunidense y exhibe la pobreza de la política mexicana, esta última más preocupada por los posibles daños ecológicos secundarios a la construcción del muro que por su significado moral. Su construcción expone, asimismo, el doble lenguaje y las contradicciones del poder: proporcionalmente el número de soldados de origen latinoamericano que han perdido la vida en "la guerra" de Irak es mucho mayor que el de estadunidenses "puros".

Mientras no se finalicé la muralla entre México y Estados Unidos no sabremos si fue exitosa o no la idea de la camarilla de Bush. No suelo ser víctima del sesgo; entiendo que nuestros vecinos ya no quieran más indocumentados, pero no comprendo por qué siguen usufructuando las manos latinas de acuerdo a sus conveniencias. No suelo tampoco ser víctima de las sandeces de nuestros políticos; bien entiendo que el daño ecológico es un disfraz que esconde la incapacidad de nuestro gobierno para generar empleos y que sume al gabinete de Fox y sucedáneos ante la posible merma de nuestra segunda fuente de ingresos.

Los muros, como bien anota Kafka, y como bien lo saben los muertos de los muros, son construcciones endebles; el espíritu y las necesidades del ser humano suelen doblegar el cemento. El Manual de la ignominia de Bush, en coautoría con Fox, registrará en los años por venir el daño ecológico que tanto preocupa a nuestra ralea política, pero expondrá, nuevamente, la magra moral estadunidense.

MUROS
Eduardo Galeano
Rebelion

El Muro de Berlín era la noticia de cada día. De la mañana a la noche leíamos, veíamos, escuchábamos: el Muro de la Vergüenza, el Muro de la Infamia, la Cortina de Hierro...

Por fin, ese muro, que merecía caer, cayó. Pero otros muros han brotado, siguen brotando, en el mundo, y aunque son mucho más grandes que el de Berlín, de ellos se habla poco o nada.

Poco se habla del muro que los Estados Unidos están alzando en la frontera mexicana, y poco se habla de las alambradas de Ceuta y Melilla.

Casi nada se habla del Muro de Cisjordania, que perpetúa la ocupación israelí de tierras palestinas y de aquí a poco será quince veces más largo que el Muro de Berlín.

Y nada, nada de nada, se habla del Muro de Marruecos, que desde hace veinte años perpetúa la ocupación marroquí del Sahara occidental. Este muro, minado de punta a punta y de punta a punta vigilado por miles de soldados, mide sesenta veces más que el Muro de Berlín.

¿Por qué será que hay muros tan altisonantes y muros tan mudos? ¿Será por los muros de la incomunicación, que los grandes medios de comunicación construyen cada día?

Muro fronterizo pone a la luz retraso desarrollo México
Adriana Barrera
Reuters

La decisión de Estados Unidos de construir un muro en su frontera sur para contener la inmigración ilegal desató una airada condena en México, pero también puso en evidencia la necesidad para el nuevo gobierno de Felipe Calderón de crear empleos y elevar el nivel de vida.

El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, firmó la semana pasada una ley de seguridad fronteriza para iniciar la construcción de un muro a lo largo de 1,125 kilómetros, de un total de 3,200 kilómetros de frontera entre ambos países.

Las reacciones en México no se hicieron esperar. Calderón, el presidente electo, dijo que el muro elevará las muertes de inmigrantes en la frontera que cruzan cada año a Estados Unidos en busca de un trabajo que no consiguen su país de origen.

Y el gobierno del saliente presidente Vicente Fox y legisladores calificaron la decisión de "inamistosa," "xenófoba" y de "gesto hostil."

Pero, en lo que coincidieron los analistas y funcionarios, es que esta iniciativa puso a la luz la falta de empleo bien remunerado y las diferencias de desarrollo entre México y sus vecinos del norte Estados Unidos y Canadá, sus socios en el Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN).

"Es un llamado de atención muy importante para México en el sentido de que tiene que reforzar medidas unilaterales, atacar el problema internamente," dijo a Reuters Guadalupe González, investigadora del CIDE, un prestigioso centro de docencia.

"Mientras no haya una convergencia de salarios aunque en México se creen empleos, si la diferencia es de uno a seis o de uno a nueve va a haber un incentivo a la emigración," subrayó.

Calderón, que asumirá el 1 de diciembre, ha marcado como dos de sus ejes de gobierno la creación de empleos y el combate a la pobreza.

La tasa de desempleo subió en agosto a un 4.03 por ciento, su mayor nivel en un año y una cifra elevada si se toma en cuenta que México considera como un trabajador formal hasta a un vendedor callejero; mientras que la pobreza extrema afecta a más de la mitad de la población.

Las remesas que envían los mexicanos, en su mayor parte desde Estados Unidos, subieron un 19.7 por ciento entre enero y agosto frente al mismo lapso del año pasado a 15,510 millones de dólares y se han constituido como la mayor fuente de divisas extranjeras después de la venta de petróleo.

Fox hizo crecer a la economía en los últimos dos años después de un estancamiento de tres años, pero los especialistas dicen que no se expandió al ritmo necesario para generar los empleos que se necesitan.

MAYOR PELIGRO PARA INMIGRANTES

Calderón, del mismo partido de Fox, el derechista PAN, ha dicho que la inmigración ilegal no se frenará por "decreto" y ha hablado de la posibilidad de que Estados Unidos y Canadá inviertan en proyectos de desarrollo en México.

"Para México lo importante no es lograr que los norteamericanos 'no cierren del todo' su frontera, sino enfrentar las causas profundas de esa salida masiva de trabajadores," escribió el historiador Lorenzo Meyer, en el diario Reforma el viernes pasado.

Por la frontera entre México y Estados Unidos cruzan cada año cientos de miles de mexicanos. Muchos son capturados por la patrulla fronteriza, otros son abandonados por traficantes de personas en el desierto y mueren por deshidratación o frío.

El número de inmigrantes ilegales muertos en el lado estadounidense de la frontera se ha casi duplicado desde fines de la década de 1990 debido al aumento de la seguridad fronteriza, que ha forzado a los inmigrantes a tomar rutas más peligrosas, según la Oficina de Contabilidad General (GAO por sus siglas en inglés) del Congreso de Estados Unidos.

Analistas consideran que la edificación del muro continuaría con esta tendencia, además de elevar el número de detenciones, las fricciones entre las autoridades de ambos países, las violaciones a los derechos humanos y que los traficantes de personas, o "polleros," eleven sus tarifas.

"México necesita reconocerse como un país de emigrantes y proceder en consecuencia," dijeron los analistas Rafael Fernández de Castro, Jorge Santibañez y Rodolfo Tuirán en un documento divulgado la semana pasada.


El muro de México
Lisandro Otero
Rebelión

Durante muchos años la propagada estadounidense utilizó el muro de Berlín con un argumento de propaganda contra el socialismo. Se le llamó el Muro de la Vergüenza. Kennedy y Reagan hablaron ante él en abierto desafío. Cuando finalmente fue derribado se organizaron grandes jolgorios dándole una connotación de victoria democrática a la desaparición de aquél valladar. Pues ahora el Congreso norteamericano acaba de aprobar la erección de un muro similar entre México y Estados Unidos y eso no les causa ningún escozor democrático a los venerables legisladores que aprobaron la medida por 260 votos a favor y 159 en contra.

El muro tendrá mil kilómetros de extensión de los aproximadamente tres mil que tiene la frontera entre ambos países. Estará erizado de reflectores y cámaras para impedir el paso de los 900 mil mexicanos que anualmente intentan ingresar en el país del norte, de los cuales quinientos mueren. Costará un millón de dólares por cada metro lineal de construcción. A la vez se reclutarán nuevos miembros para la patrulla fronteriza que aumentará su contingente y perfeccionará sus métodos persecutores.

Por si fuera poco, la nueva ley convierte el ingreso ilegal en un delito y castiga con penas de cárcel, en lugar de deportación, a los transgresores. De la misma manera se castiga a quienes dan empleo remunerado a los infractores. Se considera que de los diez u once millones de mexicanos residentes en Estados Unidos el sesenta por ciento no cuenta con documentación legal.

Al sumiso Vicente Fox no le ha quedado más remedio que elevar una voz de protesta si quiere quedar con un remanente de dignidad ante sus compatriotas. Habrá comprobado como paga el imperio a sus sirvientes. Esta bofetada viene tras los desenfrenados intentos de Fox, en la reunión de Mar del Plata, de convencer a sus colegas de aceptar el ALCA como la suma de todos los beneficios que el generosísimo Bush había decidido otorgar como una dádiva magnánima. Ahora envía a Derbez a Washington a tratar de reparar el desastre, pero es demasiado tarde.

Pero el Muro de México no es el único. Israel está elevando otro muro de setecientos kilómetros de extensión que aislará a trescientos mil palestinos de la ribera occidental del Jordán, o sea el diez por ciento de la población del nuevo estado. Israel se reserva así las tierras más fértiles de aquella región así como las más importantes reservas de agua en una región semidesértica. Una acción anexionista de tan envergadura solamente puede hacerse, según ha dicho Noam Chomsky, gracias al apoyo militar, económico y político de Estados Unidos al criminal de guerra Sharon.

Las leyes antimigratorias dictadas en Estados Unidos, que tanto lesionan a los inmigrantes mexicanos, son similares a otras medidas que se están adoptando en Europa. Francia y España discriminan a los magrebinos, Italia a los albaneses, Alemania a los turcos, Gran Bretaña a los hindúes, etc. El desbordamiento demográfico del Tercer Mundo, los índices de desempleo, la precaria calidad de la vida impele a buscar, en otras tierras, la prosperidad que no logra alcanzarse en la propia.

La población mundial alcanza los seis mil millones de habitantes. El avance de la ciencia, vacunas, antibióticos, higiene, etc. ha logrado extender la expectativa de longevidad. En tiempos del imperio romano un hombre de 35 años era un anciano, hoy es más del doble el alcance de la vida humana.

La migración masiva siempre ha existido. Fue organizada por los europeos en función de la trata de negros. El tráfico de esclavos llevó a América a diez millones de africanos. A partir de 1820 alrededor de quince millones de italianos y españoles se establecieron en América del Sur. Entre 1880 y 1910 diecisiete millones de europeos entraron en Estados Unidos.

Después de la revolución de octubre, en 1917, un millón y medio de rusos abandonaron su país. Al triunfar Mao, en 1949, dos millones de chinos se establecieron en Taiwan. Habría que añadir los ciento cincuenta mil judíos expulsados de España en 1492, o el medio millón de hugonotes que salió de Francia después del Edicto de Nantes, o los aristócratas que huyeron a Alemania (muchos de ellos se establecieron en Coblenza), después de la Revolución francesa, o el medio millón de españoles que entraron en Francia, y en México, después de la caída de la República en 1939, o los dieciocho millones de hindúes y musulmanes que huyeron de India hacia Pakistán, y viceversa, al consumarse en 1947 la división del subcontinente indio.

Los países marginales reclaman su derecho a una vida plena y la equitativa distribución de su riqueza nacional. No puede continuar la brecha abierta entre el potencial del avance científico y su aplicación a las demandas sociales. No es posible extender más tiempo el despilfarro de recursos de la sociedad de consumo.

Critican la aprobación del muro
Rechazo y escepticismo entre grupos opuestos en torno del tema migratorio
Jazmín Ortega
La Opinión

La aprobación por parte del Congreso de construir un muro en la frontera con México fue recibida ayer con rechazo y escepticismo por ambas partes del debate migratorio.
El muro de 700 millas de extensión y que supondrá un gasto de más de 1,200 millones de dólares, fue una de las últimas medidas aprobadas en Washington antes de las elecciones de noviembre, tras el fracaso por lograr una reforma migratoria que incluyera la legalización de millones de inmigrantes indocumentados.
Para las organizaciones que participaron en las marchas y acciones de protesta en la primera mitad de este año, el muro es un ardid político para proyectar mano dura contra la inmigración indocumentada.
"Es una fantasía que un muro vaya a lograr detener la inmigración", dijo Ángela Sanbrano, directora ejecutiva del Centro de Recursos Centroamericanos (CARECEN).
"La razón por la que vienen los inmigrantes es para reunirse con sus familias o para trabajar, y estas dos necesidades no se van a resolver con el muro", indicó. "Lo que va a pasar es que las personas busquen lugares más peligrosos para cruzar y vamos a ver un incremento en las muertes".
Más de tres mil personas han muerto desde el inicio de la Operación Guardián en 1996.
El muro constituye además una violación a los derechos humanos, sostuvo Sanbrano, por separar a familias de ambos lados de la frontera México-EU.
"Es un gran desperdicio del dinero de los impuestos, deberíamos de enfocarnos en invertir en programas sociales y también invertir en mejorar la economía de México y de Centroamérica. Es la pobreza en México, la situación que viven, la que obliga a la gente a tratar de venir a buscar una mejor vida en Estados Unidos", dijo la líder de CARECEN.
Moisés Escalante, coordinador de programas de la Coalición Interreligiosa para la Inmigración, dijo que la edificación del muro "nunca ha tratado de reformar la inmigración; desde mi perspectiva eso les da a los políticos, especialmente a los republicanos, la oportunidad de atar ese voto [a favor del muro] con las elecciones".
"La barda no los va a detener, y se van a dar cambios muy fuertes en la relación de Estados Unidos con México", indicó.
La Cancillería mexicana había hecho público su malestar el viernes por la imposición de barreras físicas en la zona fronteriza.
"Dichas medidas lastiman la relación bilateral en su conjunto, son contrarias al espíritu de cooperación que debe prevalecer para garantizar la seguridad en la frontera común, propician un clima de tensión en las comunidades fronterizas y generan divergencias en lugar de convergencias entre ambos países", dijo la Secretaría de Relaciones Exteriores en un comunicado.
"Ese muro será el único que divide a dos países en todo el continente americano, y es parte de una política estéril, ya que no necesariamente mantiene afuera a mexicanos, sino que mantiene a gente en los Estados Unidos ciega a lo que ocurre al sur de la frontera", dijo Escalante.
Quienes se oponen a la inmigración indocumentada en Estados Unidos coincidieron en que el muro será poco efectivo para detener el paso de inmigrantes.
"No creo que [la construcción del muro] vaya a suceder por varios años, creo que nuestro gobierno necesita dejar de ser tan corrupto, pensando sólo en el interés comercial y el de las grandes corporaciones", explicó por su parte Charlene Nightingale, miembro del grupo Save Our State (SOS).
"La inmigración ilegal está causando muchos problemas no sólo aquí, sino en México. Sé que afecta a muchas familias y a la economía, y está causando mucha tensión social, una mentalidad de guerra en este país que nunca he visto", añadio Nightingale.
"Si construyen el muro probablemente habrá más túneles y el muro tardará años en construirse, creo que necesitan hacer más. Creo que es una treta del gobierno para callarnos, realmente no confío en el gobierno, tristemente", dijo Nightingale.
La aprobación de la ley que da luz verde a los fondos para el muro, por un voto de 412 a 6 en la Cámara Baja y de 80 a 19 en el Senado, con 26 demócratas que votaron con los 54 republicanos, tendrá consecuencias políticas en la comunidad latina, advirtió Sanbrano.
"Los republicanos les están enviando un mensaje a los votantes republicanos conservadores, de que ellos son fuertes en cuestión de seguridad nacional", indicó.
"Esto les va a restar votos latinos. Varios demócratas cayeron en la misma trampa en creer que el muro los hace verse mas fuertes", dijo Sanbrano. Y añadió: "Yo creo que la gente no es tonta, sabe que un muro no va a resolver el problema".

El muro en perspectiva
Jorge Camil
Fragmento
La Jornada

“Sobre el muro se pueden adoptar dos posiciones. Una, la nacionalista, tan válida como cualquiera otra, exigiría confrontación: rasgarnos las vestiduras para buscar la manera de vindicar al pueblo de México por una ofensa que rebasa los límites de la vida en una moderna comunidad de naciones.”[…]
[…]Esta vía, la de la confrontación, habría que buscarla no por conducto del gobierno federal, que ha actuado con la tibieza e impericia de siempre en un tema que ofende a los mexicanos, sino por medio de la sociedad civil. Usted y yo, que al fin de cuentas somos la elusiva "sociedad civil", podríamos organizarnos para sustituir la parálisis gubernamental e intentar detener la promulgación de la ley. Pero se requiere organización, liderazgo y solidaridad nacional. Con eso se podría armar un boicot de productos estadunidenses. No más refrescos de cola, hamburguesas, papitas, cereales, películas de Hollywood, donas caramelizadas, pizzas a domicilio o automóviles hechos en Estados Unidos (aun los japoneses armados en Detroit). Eso, y no el excesivo debate de los últimos días, es lo que daría resultado. Somos el principal mercado de productos estadunidenses, así que la medida obligaría a las empresas afectadas a exigir el repudio de la iniciativa de James Sensenbrenner (el legislador patriotero con nombre de sales para las agruras). Recuerde que para ellos time is money, and money makes the world go 'round (el tiempo es oro, y el dinero hace rodar al mundo). Además, cualquier acción reivindicatoria de la sociedad civil no debiera provocar represalias oficiales de Washington, pero con Bush es difícil predecir. ”


ESTADOS UNIDOS-MÉXICO: Siempre ha existido un muro
Lorenzo Meyer
La Opinión

‘Para manejar la contradicción histórica entre México y Estados Unidos, hay que empezar por aceptar su existencia, y luego hacer del control de sus múltiples manifestaciones la empresa común de los dos países y la razón de ser de su política bilateral’.

El muro ha estado ahí, desde el principio, lo único que ha cambiado es su forma.

Mucho se ha dicho ya en torno a la propuesta HR4437, formulada por la Cámara de Representantes de Estados Unidos para “criminalizar” la inmigración indocumentada (11 millones, de los cuales siete podrían ser mexicanos), perseguir a quien les dé empleo y construir un “muro inteligente” (doble valla con sensores) a lo largo de un tercio de la frontera mexicano-americana. Sea cual fuere el destino final de esta idea del congresista James Sensenbrenner (obviamente, un republicano), nos ha obligado a volver a poner en blanco y negro las diferencias y contradicciones de intereses entre México y su vecino del norte.

Desde que en 1927 el presidente mexicano y el embajador norteamericano llegaron a un acuerdo informal, pero sustantivo —el Acuerdo Calles-Morrow--, el discurso oficial en los dos países sobre su mutua relación ha estado dominado por referencias a valores positivos de “buena vecindad” y ha mantenido en segundo plano lo decisivo: la disparidad de poder y el conflicto histórico de intereses. No debemos seguir confundiendo discurso con realidad, urge un análisis riguroso que examine con realismo la verdadera naturaleza de los nexos entre las sociedades al norte y sur del Río Bravo y diseñe una política para administrar una relación que ninguna puede evitar.

LA CUADRATURA DEL CÍRCULO. Para administrar, que no resolver, el viejo y permanente problema entre el gobierno central de España y las autonomías regionales, el profesor Antón Cuadras propone hacer de la aceptación de un conflicto de fondo entre los intereses de ambas partes, el pegamento que mantenga la unidad política de una España desde siempre plural (El País, 19 de diciembre). Para conducir nuestra política con Estados Unidos conviene seguir esta fórmula y hacer de la aceptación del conflicto ineludible y de su transformación en empresa común, la esencia de la relación México-Estados Unidos.

En realidad, desde que se perdió la guerra con Estados Unidos en 1847 no habido otra manera efectiva de proceder con nuestra problemática vecindad. Los momentos en que el interés mexicano ha sido mejor servido han sido aquellos en los que se actúa a sabiendas de que, si bien la diferencia de intereses en una arena puede ser insalvable, se puede construir otra, paralela, donde México y la gran potencia puedan coincidir. Uno de los mejores ejemplos de esta política se encuentra en el cardenismo (1934-1940). Por un lado, se nacionalizó el petróleo y se expropiaron las propiedades agrícolas extranjeras pero, en el primer caso, se afectó más a británicos que a estadounidenses y se aceptó pagar por lo tomado. Por el otro, se apoyó decididamente a Washington en su conflicto con Alemania y Japón, pese a que la opinión pública mexicana tenía muy pocas simpatías por tal causa.

Cada “gran política” mexicana relacionada con el poderosísimo vecino, debe detectar puntualmente los factores de choque, pero igualmente debe encontrar cómo negociar la contradicción ofreciendo a Washington hacer —o dejar de hacer— algo que le interese. Claro, lo ofrecido debe cumplirse y cargar con los costos.

‘THE WHOLE ENCHILADA’. En vísperas del ataque de septiembre de 2001 a Nueva York y Washington por fundamentalistas islámicos, el presidente Vicente Fox llevó a cabo su primera visita de Estado a la Casa Blanca. Ahí, lleno de confianza, seguro de su legitimidad democrática y sin sopesar bien la naturaleza de su propuesta, declaró: “Debemos y podemos llegar a un acuerdo migratorio antes de que finalice este año, que nos permita que antes de que terminen nuestros mandatos no haya para entonces mexicanos indocumentados en Estados Unidos, y que aquellos mexicanos que ingresen a este gran país lo hagan con papeles”. Esta fue la esencia de una política que el entonces canciller, Jorge Castañeda, bautizó como “The whole enchilada”. Según los ingenuamente confiados líderes mexicanos, en menos de cuatro meses se debería lograr aquello que no se había alcanzado desde que en 1964 se dejó expirar, por falta de interés norteamericano, el Programa Bracero. Se creyó que Washington aceptaría hacer efectivo el supuesto “bono democrático” de Fox, pero no fue el caso.

En aquel 5 de septiembre, los funcionarios norteamericanos no recibieron bien la inesperada propuesta mexicana, aunque no se atrevieron a rechazarla abiertamente. Sin embargo, tras el 11 de septiembre, las prioridades cambiaron abruptamente para Estados Unidos y el resto del mundo. México no encontró entonces ninguna fórmula para hacer que la presidencia, el Congreso y la opinión pública norteamericanas, aceptaran negociar en los términos propuestos por un país que repentinamente había dejado de tener la prioridad que apenas unos días antes George W. Bush le había asignado al considerarlo su “relación externa más importante”.

Es posible que ni siquiera un apoyo tan incondicional como el que Inglaterra, España o El Salvador dieron a la decisión norteamericana de invadir Irak —y que incluía apoyar la posición de Washington en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre las inexistentes armas de exterminio masivo en ese país, a la vez que enviar tropas para sostener la ocupación— le hubiera dado viabilidad a la propuesta de México. Los grandes movimientos en política externa son un juego entre actores con intereses encontrados y siempre hay que pensarlos como tales.

LO OBJETIVO Y LO SUBJETIVO. La movilidad internacional de la mano de obra, y la brutalidad que le acompaña, es un hecho objetivo. En un país como China, esa movilidad es interna: los campesinos pobres se desplazan a las ciudades como una ola de de un par de centenas de millones de trabajadores temporales. Originalmente, Beijing obstaculizó esta migración, pero finalmente se rindió ante lo imposible y hoy le alienta como una clave de su éxito económico. En economías tan dinámicas como las de Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong o Singapur, se ha tenido que aceptar a trabajadores chinos, tailandeses, filipinos o indios. La prosperidad de Singapur —país de cuatro millones— no se entendería sin los 600 mil trabajadores extranjeros mal pagados que recibe.

El capitalismo global, en su brutal competencia, requiere una mano de obra global, especialmente para los trabajos más duros y menos remunerados, aunque también para migrantes de alta calificación como los centenares de ingenieros asiáticos bien pagados en California. Sin embargo, el medio cultural es menos flexible que el mercado. En los países asiáticos prósperos, simplemente no se permite a los proletarios extranjeros integrarse a la sociedad en la que trabajan y las prestaciones que se les ofrecen son mínimas o nulas, al punto que las condiciones en que laboran ya constituyen un “escándalo” mundial (Newsweek, diciembre, 12, 2005).

Pues bien, lo mismo que les sucede a los albañiles de India en Singapur, les sucede a los mexicanos y centroamericanos indocumentados en Estados Unidos. La economía de ese país les necesita y por ello ha creado una subclase de 11 millones de personas. Sin embargo, la sociedad huésped se resiste a reconocer sus diversas contribuciones, en particular la parte que no está directamente involucrada con la explotación de quienes cosechan en California, trabajan como albañiles en Texas o lavan pisos en Manhattan. Este sector quiere deshacerse de esos pobres que no hablan inglés, que tienen otro color de piel, que entraron “sin papeles” y que viven como marginados permanentes.

Estados Unidos sí puede, si quiere, construir un muro impenetrable —Israel lo hizo— pero realmente no podrá mantenerse como centro de la economía global sin reconocer lo que China ya ha reconocido: que una las necesidades de la economía competitiva es la migración masiva de trabajadores pobres para ocupar los empleos menos remunerados en las zonas ricas.

EN SUMA. México tiene y vive hoy contradicciones y coincidencia de intereses con su vecino del norte como las que tradicionalmente ha tenido el proletariado con el capital. Partiendo de reconocer este hecho, la tarea es transformar “el conflicto en pegamento”, para que la vecindad no se vuelva a convertir en rencor o tragedia. El cardenismo nos ofrece la clave: reconocer tanto la diferencia de intereses como la necesidad de administrarlos. Hay que negociar, dar algo a cambio de algo, sostener el acuerdo mientras sea viable… y luego volver a negociar.

El muro cultural, económico y político que divide a México de Estados Unidos esta ahí desde el origen de ambas naciones. Nada permite pensar que va a desaparecer, pero puede cambiar. Hay que aprender a vivir con él hasta hacerle parte de una construcción mayor: la de nuestra propia casa.

La inutilidad de levantar el muro
Antonio Rangel C.
Rebelión


El hombre sólo atina comprender lo que le interesa. Andan desenfrenados los países ricos del primer mundo levantando muros e instalando cercas cortantes y punzantes en la frontera mexicana, en Melilla y Ceuta y en toda legislación de control de inmigración, porque trashumantes indeseados están invadiendo sus territorios en forma galopante por encima de toda previsión. Levantan sus muros inexpugnables impotentes para que sean burlados al día siguiente por la avalancha incontenible, más allá de los muertos, más allá de los sacrificios, más allá del horror. Mientras tanto en foros, comisiones, estudios, tratados, acuerdos, los expertos se devanan desesperados los sesos para intentar comprender qué hay detrás del fenómeno sin encontrar una respuesta a mano. Los países ricos ven con angustia que la cuestión va tomando presión hasta empezar a convertirse en problema de estado. Recientemente masas enfurecidas de inmigrantes marginados incendiaron miles de símbolos del desarrollo en Francia, con repercusiones en otros países europeos y mas recientemente aún, multitudes que superaron toda previsión decidieron marchar por las calles norteamericanas para ratificar que existen y que cuentan y han contado a la hora de los balances económicos. Se siente en el ambiente que el problema crece, que es una bomba de tiempo que va a explotar muy pronto. Aparentemente, no comprenden los expertos qué sucede. Quizás la simpleza de la causa se les escapa de los enjundiosos estudios. No comprenden que esas hordas buscan errabundas lo que les ha sido hurtado en siglos de saqueo inmisericorde. Que están procurando recuperar las vidas arrancadas en vergonzosas esclavitudes, el oro, la plata, los diamantes, el petróleo, el gas, los metales valiosos, las piezas de arte y la cultura, la paz que les fuera arrebatada. Se equivocan quienes piensan que esos invasores buscan trabajo para enviar “remesas” a sus familias miserables. Buscan desesperados lo que les fue usurpado. Se equivocan los países ricos del primer mundo levantando muros y alambradas, entrenando perros para perseguir fugitivos en el desierto, propiciando los terribles naufragios de embarcaciones atestadas de esperanzas para pescarlas luego en las redes de los barcos pesqueros o recogerlas con estupor flotando en las playas de los balnearios. Esos trashumantes atrevidos van a continuar multiplicándose hasta cuando en sus países cese el hambre, el desempleo, la miseria y la ignorancia. Se detendrá la avalancha cuando los países ricos devuelvan con mejoramiento social y económico lo que en justicia le corresponde a los países pobres. Sólo el desarrollo humano, económico y social de los países pobres frenará las avalanchas y el peligro de las explosiones sociales que lo inmigrantes harán detonar, sin duda, en los países ricos.

sábado, octubre 07, 2006

OAXACA: LA RESISTENCIA


Podcast de análisis y opinión que busca deshilar la Resistencia Oaxaqueña
(duración: 11:10 min.)


“Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista. 
Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.

Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.

Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.
Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada.”
Martin Niemoller

“El pueblo ha cambiado y el pueblo es igual a sí mismo.”

Oaxaca Libre
Entre el dolor y la Esperanza
Adelfo Regino Montes

Oaxaca, nuestro estado libre y soberano, tal como fue definido por el movimiento de la Independencia en el año de 1823, como en algunos otros momentos de su historia, está al borde de una guerra civil. Esta dolorosa situación es producto de las agresiones e injusticias a que hemos sido sometidos diversos sectores de la sociedad oaxaqueña, en particular los pueblos indígenas, por un régimen político y económico que ha privilegiado sus propios intereses, muy por encima de los reclamos y las aspiraciones comunes de las mayorías.
No debería ser así. Ningún pueblo, ninguna sociedad, busca por deseo espontáneo el levantamiento o la confrontación con las autoridades establecidas. Pero la indignación y el hartazgo contra las sistemáticas injusticias de las autoridades permiten, incluso justifican, la necesidad de una rebeldía, civil y pacífica, como ahora lo estamos viendo y viviendo en Oaxaca.
Antes del recordado 14 de junio, fecha en que la policía del gobierno estatal intentó desalojar a los maestros del zócalo capitalino, las calles del Centro Histórico eran permeadas por las demandas magisteriales, en particular el tema de la rezonificación, como parte de la rutina anual del magisterio democrático oaxaqueño. Con el intento de desalojo, el gobierno estatal mostró su verdadero rostro de violencia, tal como impunemente lo han venido haciendo en nuestros pueblos indígenas para tratar de acallar las demandas de autonomía y justicia.
Ante este hecho atroz, los habitantes de la ciudad y del campo salieron de sus casas para decir no a la violencia. La violencia oficial e impune fue la gota que derramó el vaso en un contexto de agravios acumulados. Fue la violencia el talón de Aquiles de un gobierno que se dedicó a promover el encono y la confrontación entre hermanos y pueblos. Así fue como ellos mismos crearon el escenario de ingobernabilidad que ahora parece ahogarnos a todos.
Desde entonces en Oaxaca hay la suficiente claridad para decir que ninguna persona puede usar la violencia, sea verbal o física, como método de gobierno. Y quien quiera usarla se descalifica a sí mismo como gobernante. Y este es quizá el argumento más contundente para que el gobernante oaxaqueño que haya recurrido a la violencia renuncie al poder que ya no tiene, o en su caso intervengan las autoridades federales, en particular el Senado de la República, para que declare la desaparición de los poderes estatales y nombre un gobierno provisional. Lo anterior no como una condición, sino en ejercicio de un derecho ciudadano y en atención a las responsabilidades que la Constitución señala.
Sin embargo, los oaxaqueños no debemos quedarnos sólo con la destitución del gobernante en mención. Como atinadamente lo ha propuesto un numeroso colectivo de autoridades indígenas y representantes de organizaciones de la sociedad civil que participan en la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca, hace falta un nuevo pacto social, que refleje las demandas y las aspiraciones de los diversos sectores y pueblos de Oaxaca y reconstruya el tejido social que hasta ahora ha sido dañado por el régimen político y jurídico imperante.
Fundados en este nuevo pacto social, debería revisarse la ya muy gastada y rebasada normatividad jurídica oaxaqueña, para dar paso a una nueva Constitución y a nuevas leyes que rijan la vida colectiva, en un marco de respeto a la pluralidad y a la diversidad que caracteriza nuestra entidad. En este contexto habría que instituir una nueva forma de gobierno, tal como lo establece el artículo 27 de la actual Constitución del estado, y sobre todo revisar la relación con la Federación, tomando en cuenta que muchos de los cambios que se demandan requieren de transformaciones en el ámbito nacional.
Frente a la intransigencia y la represión que peligrosamente se han desatado en Oaxaca, el método para hacer posible este nuevo pacto social es el diálogo. No hace falta más derramamiento de sangre, ni más confrontación con el otro, para entender que se necesita una verdadera voluntad política de diálogo que vaya más allá de la demagogia. Este diálogo, a fin de que no esté sujeto a los vaivenes de las partes, necesita ser regulado por unas normas mínimas, que determinen las bases, la agenda, la metodología y los procedimientos necesarios para atender de manera justa y digna las demandas y aspiraciones de los oaxaqueños. Particular atención habrá que prestar a los mecanismos de seguimiento y exigibilidad de los acuerdos pactados, a fin de que no queden, como ha sucedido en otros casos, en el incumplimiento por alguna de las partes.
Paradójicamente, pese al momento difícil en el que estamos ahora, en Oaxaca se pueden estar poniendo los primeros cimientos hacia la construcción de un nuevo país. México vive momentos cruciales en que no bastan los cambios superficiales, sino que se requieren transformaciones sustantivas que trasciendan las cuestiones coyunturales y atiendan de manera profunda las justas exigencias de democracia, libertad y justicia que estamos planteando diversos sectores y pueblos. En esta lucha, todos estamos llamados a aportar nuestro grano de arena, y los oaxaqueños tenemos la esperanza de que las semillas que ahora estamos sembrando sirvan para que el día de mañana México tenga un nuevo amanecer.
* Abogado mixe especialista en derecho indígena, integrante de Servicios del Pueblo Mixe

Que renuncie el gobernador
Octavio Rodríguez Araujo

Setenta y tres por ciento de la población de Oaxaca vive con un ingreso inferior a seis dólares diarios. De 570 municipios, cerca de 460 carecen de drenaje, agua potable, pavimentación y otros servicios necesarios para una vida digna. Gran número de oaxaqueños pertenecientes a unas 15 etnias vive en discriminación permanente desde siempre, especialmente en las ciudades. Por si no fuera suficiente, buena parte de los fondos para salud, educación y apoyos al campo se pierde, por corrupción y rapiña, en los organismos gubernamentales encargados de su administración. La emigración a Estados Unidos, provocada por la falta de oportunidades en la entidad, hace que ésta ocupe uno de los tres primeros lugares exportadores de mano de obra del país (alrededor de un cuarto de millón de personas anual).

Según los datos consultados, el turismo es una de las principales fuentes de riqueza del estado, pero no todos los pueblos son turísticos, sólo unos cuantos. Y, además, es una actividad concentrada en muy pocas manos. Las industrias productivas son escasas, y los comercios forman parte, señaladamente, de la estadística de las microempresas y de la economía informal.

La educación carece de infraestructura adecuada incluso en la ciudad capital, la desnutrición de centenas de miles de niños la hace todavía más deficiente. Los profesores, gracias a la desconcentración acordada por Salinas con Elba Esther Gordillo, son de los peor pagados del país y sus condiciones de trabajo en la compleja geografía de ese estado son, como bien se sabe, de las más difíciles. Estos profesores, a través de la sección 22 del SNTE, habían negociado ciertos apoyos con gobiernos anteriores, pero con el gobierno de Ulises Ruiz fueron suspendidos. Ahí se prendió la mecha de uno de los movimientos más grandes de Oaxaca, pues los profesores (70 mil) tienen la simpatía de amplios sectores de la población, particularmente de los más pobres. Con éstos se formó la APPO (Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca). El movimiento se inició el 22 de mayo de este año con un paro de labores indefinido. Un millón 300 mil alumnos, de 20 mil escuelas, se quedaron sin clases. La razón, sencilla: el gobierno no sólo no atendía sus demandas, sino que no quiso instalar una mesa de diálogo y negociaciones. ¿Y cuál era la principal demanda? La reasignación de la zona en términos de salarios, ya que el turismo había encarecido la vida sin que los ingresos mejoraran.

En lugar de negociar, Ulises Ruiz reprimió el movimiento con lujo de violencia (14 de junio en la madrugada), resultando 92 heridos, algunos de gravedad. Ruiz solicitó a Gobernación la intervención de la Policía Federal Preventiva. El argumento: que había armas de uso exclusivo del ejército y que el dirigente magisterial había pertenecido a una organización armada. Todo inventado por el inepto gobernador. De aquí que las originales demandas económicas se convirtieran en políticas: que renuncie el gobernador. En la gran marcha del 16 de junio (la tercera en dos semanas), formada por más de 200 mil personas (para el gobierno del estado fueron 17 mil), fue el inicio del movimiento popular en el que, por lo menos en apariencia, la sección 22 del SNTE ha sido rebasada por momentos, pues se han sumado organizaciones y personas de muy diversas posiciones políticas y experiencias de lucha.

La indiferencia y la impericia del gobierno estatal y del federal ante los movimientos populares hicieron crecer el de Oaxaca. Otros factores enturbiaron las posibilidades de solución, si acaso existió la intención de encontrarla y llevarla a cabo: las elecciones federales del 2 de julio y los compromisos que tanto el gobierno federal como su candidato hicieron con el PRI para "ganar" la Presidencia. La consigna de los priístas en Oaxaca (como en otros estados) -no deberá olvidarse- fue votar por Calderón para la Presidencia de la República. La posición del PRI y de sus legisladores, tanto locales como federales, es de defensa de su gobernador, ya que nuevas elecciones no les favorecerían. Y Calderón, por su lado, necesita a los priístas no sólo para gobernar, sino incluso para poder tomar posesión como presidente.

A mucha gente se le olvida que los movimientos sociales no surgen por generación espontánea. Ocurren porque el poder y sus instituciones no los toman en cuenta y porque tienen un profundo desprecio por el pueblo. No sé con exactitud qué ocurrirá para cuando este artículo aparezca, pero cualquier solución de fuerza será contraproducente. En Oaxaca el pueblo, en mayoría, cuenta con organización y no doblará las manos. Quienes creen, como lo han dicho, que el problema es muy complejo, no han entendido nada. Fue el necio e inepto gobernador el que lo hizo difícil y más grande de como empezó. Deberá renunciar.

Oaxaca, magisterio y lucha armada
Luis Hernández Navarro
La Jornada

Arde Oaxaca. Grupos de paramilitares y policías disparan contra la población indefensa. Los ciudadanos responden levantando barricadas, tomando radiodifusoras y bloqueando carreteras. Con poca imaginación, el desgobierno estatal explica los hechos recurriendo al guión de siempre: advierten que la inconformidad ciudadana es sólo una fachada de organizaciones armadas.
Lizbeth Caña, procuradora general de Justicia de Oaxaca, informó a la prensa nacional que las acciones de protesta del movimiento popular que exige la renuncia del gobernador Ulises Ruiz son "actos de guerrilla urbana y subversivos". Y Enrique Jackson, senador del Partido Revolucionario Institucional (PRI) señaló que es evidente la presencia de grupo armados. La acusación tiene como antecedente el reiterado intento de las autoridades estatales de asociar a los dirigentes magisteriales de la entidad con grupos violentos.
Poco importa que los muertos pertenezcan a la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca (APPO). A la procuradora le tiene sin cuidado que la violencia física haya provenido invariablemente de las policías locales y de los grupos de porros y pistoleros al servicio del PRI en la entidad.
Suponer que el movimiento oaxaqueño ha sido organizado por un grupo político-militar es una insensatez. No hay organización partidaria ni político-militar en México capaz de facilitar o conducir un levantamiento como el oaxaqueño.
En la protesta convergen centenares de organizaciones sociales, comunidades indígenas, grupos ciudadanos y organizaciones políticas con un objetivo central: la desaparición de poderes en la entidad. La sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) fue, en sus inicios, la columna vertebral que estructuró el movimiento. Pero, ahora, a pesar de su enorme importancia numérica y de su capacidad de convocatoria y movilización, es una isla más en el archipiélago anti Ulises Ruiz.
Desde su constitución como una tendencia sindical democrática hace 26 años, dentro de la sección 22 participan maestros de las más diversas corrientes políticas. Afirmar que grupos radicales se han infiltrado en el magisterio oaxaqueño es una estupidez. Los profesores que integran esas organizaciones han estado allí desde 1980, fecha en la que se expulsa a los líderes charros de la conducción del gremio.
Los trabajadores de la educación de Oaxaca tienen una larga historia de relación con organizaciones campesinas e indígenas. En una sociedad con un peso tan importante del mundo rural como es Oaxaca, los maestros funcionan a menudo como los intelectuales orgánicos de la comunidad. Su conocimiento del español y de los vericuetos de las instituciones los convierte, con mucha frecuencia, en gestores de los problemas de los poblados. Todos los partidos políticos obtienen del magisterio cuadros políticos.
Ciertamente, en los últimos años la relación entre profesores y padres de familia en Oaxaca se había deteriorado. En algunos casos, el ausentismo y la falta de compromiso profesional alejaron a los maestros de las comunidades. En otros, la falta de respeto a las dinámicas de la vida indígena enfrentaron a unos y a otros. Pero ese desgaste en la relación se solucionó cuando el magisterio enarboló la demanda de destituir a Ulises Ruiz. Eran tantos y tan profundos los agravios del mandatario hacia los pueblos, que éstos encontraron en la movilización magisterial la vía para deshacerse de él.
La vinculación del magisterio democrático con los sectores populares, trascendiendo la mera solidaridad, tiene dos antecedentes históricos: la escuela socialista y el maestro rural formado durante el cardenismo. Un informe de la época señalaba: "los maestros han formado en el pueblo mexicano una fuerte conciencia de la trascendencia social que tienen las disposiciones de nacionalización de los ferrocarriles, reparto ejidal de la zona henequenera en Yucatán, expropiación de los bienes de las compañías petroleras" (Memorias 1938, vol. 1. Informe de la Oficina Técnica de Escuelas Rurales).
El lazo con las luchas sociales se mantuvo vivo en el corazón mismo del sistema de formación de mentores: las escuelas normales, y más en concreto, en la versión rural de éstas. A las Normales Rurales (ahora en desaparición) asisten los hijos de los campesinos con la esperanza de cultivarse y adquirir una profesión. Mientras estudian tienen que sobrevivir con una beca miserable. Origen de clase, dieta raquítica y formación política se convierten, con frecuencia, en votos de compromiso y lucha a favor de las causas populares. Aunque muchos egresados son absorbidos por la vida "institucional", otros se mantienen en la brega.
Lucio Cabañas y Genaro Vázquez, los legendarios guerrilleros guerrerenses que organizaron levantamientos armados contra el gobierno mexicano, fueron maestros. No han sido los únicos profesores que han participado en movimientos armados, pero suponer que tienen la capacidad de conducir un movimiento tan masivo, complejo y plural como es el de la sección 22 del magisterio o el de la APPO es un absurdo.
Ciertamente, las guerrillas y la resistencia armada han estado presentes en Oaxaca desde hace décadas. La sublevación mixe en contra del cacicazgo de Luis Rodríguez en 1959, las acciones del Güero Medrano en Playa Vicente y la ofensiva del Ejército Popular Revolucionario (EPR) hace 10 años en Huatulco, Tlaxiaco y la ciudad de Oaxaca son algunos de los incidentes más conocidos de esta resistencia.
Sin negar la existencia de esta realidad, la actual lucha oaxaqueña responde a otras motivaciones y dinámicas. No hay organización armada ni partido político capaz de estimular la autorganización ciudadana autónoma que existe en la entidad, y que es su sello distintivo. Como ha señalado el especialista Jorge Lofredo, la dinámica actual del conflicto es política y no militar. Amenazar con el fantasma de las guerrillas es un intento por deslegitimar una genuina protesta popular que la torpeza gubernamental ha transformado en algo muy cercano a un levantamiento

El concepto de poder en Foucault
Aquiles Chiu Amparan

Es importante acuñar una noción de poder que no haga exclusiva referencia al gubernativo, sino que contenga la multiplicidad de poderes que se ejercen en la esfera social, los cuales se pueden definir como poder social. En La verdad y las formas jurídicas, Foucault es más claro que en otros textos en su definición del poder; habla del subpoder, de "una trama de poder microscópico, capilar", que no es el poder político ni los aparatos de Estado ni el de una clase privilegiada, sino el conjunto de pequeños poderes e instituciones situadas en un nivel más bajo. No existe un poder; en la sociedad se dan múltiples relaciones de autoridad situadas en distintos niveles, apoyándose mutuamente y manifestándose de manera sutil. Uno de los grandes problemas que se deben afrontar cuando se produzca una revolución es el que no persistan las actuales relaciones de poder. El llamado de atención de Foucault va en sentido de analizarlas a niveles microscópicos.

Para el autor de La microfísica del poder, el análisis de este fenómeno sólo se ha efectuado a partir de dos relaciones: 1) Contrato - opresión, de tipo jurídico, con fundamento en la legitimidad o ilegitimidad del poder, y 2) Dominación - represión, presentada en términos de lucha - sumisión. El problema del poder no se puede reducir al de la soberanía, ya que entre hombre y mujer, alumno y maestro y al interior de una familia existen relaciones de autoridad que no son proyección directa del poder soberano, sino más bien condicionantes que posibilitan el funcionamiento de ese poder, son el sustrato sobre el cual se afianza. "El hombre no es el representante del Estado para la mujer. Para que el Estado funcione como funciona es necesario que haya del hombre a la mujer o del adulto al niño relaciones de dominación bien especificas que tienen su configuración propia y su relativa autonomía".

El poder se construye y funciona a partir de otros poderes, de los efectos de éstos, independientes del proceso económico. Las relaciones de poder se encuentran estrechamente ligadas a las familiares, sexuales, productivas; íntimamente enlazadas y desempeñando un papel de condicionante y condicionado. En el análisis del fenómeno del poder no se debe partir del centro y descender, sino más bien realizar un análisis ascendente, a partir de los "mecanismos infinitesimales", que poseen su propia historia, técnica y táctica, y observar cómo estos procedimientos han sido colonizados, utilizados, transformados, doblegados por formas de dominación global y mecanismos más generales.

En Los intelectuales y el poder, Foucault argumenta que después de mayo de 1958, los intelectuales han descubierto que las masas no tienen necesidad de ellos para conocer --saben mucho más--, pero existe un sistema de dominación que obstaculiza, prohibe, invalida ese discurso y el conocimiento. Poder que no sólo se encuentra en las instancias superiores de censura sino en toda la sociedad. La idea de que los intelectuales son los agentes de la "conciencia" y del discurso forma parte de ese sistema de poder. El papel del intelectual no residiría en situarse adelante de las masas, sino en luchar en contra de las formas de poder allí, donde realiza su labor, en el terreno del "saber", de la "verdad", de la "conciencia", del "discurso"; el papel del intelectual consistiría así en elaborar el mapa y las acotaciones sobre el terreno donde se va a desarrollar la batalla, y no en decir cómo llevaría a cabo. En La microfísica del poder indica que "el poder no es un fenómeno de dominación masiva y homogénea de un individuo sobre los otros, de un grupo sobre otros, de una clase sobre otras; el poder contemplado desde cerca no es algo dividido entre quienes lo poseen y los que no lo tienen y lo soportan. El poder tiene que ser analizado como algo que no funciona sino en cadena. No está nunca localizado aquí o allá, no está nunca en manos de algunos. El poder funciona, se ejercita a través de una organización reticular. Y en sus redes circulan los individuos quienes están siempre en situaciones de sufrir o ejercitar ese poder, no son nunca el blanco inerte o consistente del poder ni son siempre los elementos de conexión El poder transita transversalmente, no está quieto en los individuos". Aunque este párrafo pudiera hacer pensar que Foucault disuelve, desintegra el principal tipo de poder, el estatal, o que no lo reconoce, en otro apartado habla del concepto de subpoder, de los pequeños poderes integrados a uno global. Reconoce al poder estatal como el más importante, pero su meta es tratar de elaborar una noción global que contenga tanto al estatal como aquellos poderes marginados y olvidados en el análisis.


Foucault y el discurso del poder. La resistencia y el arte del existir
María Inés García Canal
UAM-Xochimilco
Fragmento

[…] ¿Qué es el poder para Foucault? Una fuerza y una relación, una relación de fuerzas.
Esta simple definición ha modificado las perspectivas de análisis de lo social y que lo político. Al ser una relación, no hay posibilidad alguna de escapar del poder, de mantenerse en posición de exterioridad conde. " una sociedad sin relaciones de poder -nos dice- sólo puede ser una abstracción; decir que no puede haber sociedad sin relaciones de poder, no quiere decir Mikel las que están dadas sean necesarias, ni quiere todos modos el poder constituye una fatalidad que no puede ser socavada en el corazón de las sociedades; sino que el análisis, la elaboración, el cuestionamiento de las relaciones de poder es una tarea política incesante" (SyP-24)
El poder constituye, atraviesa, produce a los sujetos. El poder en fuerza en relación a otras fuerzas, energía actuante que recorre el campo social de un punto a otro. No es una forma (por ejemplo el Estado), sino que se expresa en toda relación; no sólo el represivo, sino que produce, incita, suscita; no se posee, se ejerce, sólo existe en acto, es, por lo tanto, un ejercicio.
No le interesa quién lo ejerce, sino como se ejerce, le interesa su forma de funcionamiento: cómo ejerce el poder el padre sobre el hijo poder, el capataz sobre el obrero; el médico sobre el paciente; el maestro sobre el alumno; el hombre sobre la mujer... El ejercicio del poder no será más que la capacidad de aceptar a nosotros este conjunto de acciones de uno para influir sobre las acciones de los otros. Por ello el poder no es esencialmente el ejercicio de la prohibición, sino el poder incita, seduce, induce, facilitó dificultad, amplia o limita....
Visto desde esta perspectiva las relaciones de poder no sólo impregnan nuestra historia, sino también nuestro presente, nuestra actualidad y se avizoran también en nuestro futuro; parecieran tener el peso de un destino.
Estas relaciones aparecen en todos y cada uno de los ámbitos en los cuales nos movemos; en los espacios de trabajo generando tensiones; en el espacio familiar, en las relaciones de pareja, en la mal llamada " intimidad ". Están presentes en cualquier ámbito, ya sea público o privado son una presencia constante siempre en juego, continuamente en movimiento. El poder es lo que pulsa toda relación.
Los espacios cotidianos se convierten en espacios de guerra, en espacios estratégicos; en ellos los enfrentamientos, luchas y tensiones son constantes y aparentemente sin sentido. Sin embargo, si sometemos a análisis esas relaciones cotidianas la mayoría de las veces connotadas por lo vulgar y lo mezquino, nos damos cuenta que poseen una lógica, que responden a un tipo de racionalidad.
Lo interesante de la propuesta foucaultina consiste en fijar la mirada en lo obvio y repetitivo que, por serlo tanto, difícilmente somos capaces de percibirlo y menos aún de analizarlo. Es difícil reparar en lo obvio, en aquello que por estar tan a la vista se vuelve imperceptible y nos lleva a olvidar su importancia singular, ya que son las relaciones de poder las que permiten y posibilitan reproducir una forma de dominio. Esas formas cotidianas, en las que no fijamos nuestra mirada, forman parte de una técnica específica del poder, son parte constitutiva del instrumental que el poder echa mano para llevar a cabo, con éxito, su ejercicio.
Si el poder es una relación de fuerza, la fuerza puede ser observada desde una doble dimensión: su capacidad de afectar o bien de ser afectada. La capacidad de afectar lleva implícito el ejercicio del poder, en tanto que el ser afectado provoca la capacidad de resistencia.
La resistencia, la respuesta de los sujetos al ejercicio del poder sobre sus cuerpos, sus afectos y afecciones, sobre sus actos y acciones, no es el reverso de las relaciones de poder, no es tampoco el hueco o el vacío que éstas podrían dejar, es parte constitutiva de las mismas. Donde hay ejercicio de la libertad, el grito del descontento, el silencio de la obstinación de una voluntad por durar.
La resistencia puede tomar las más variadas formas, puede jugar conforme la situación estratégica de cada momento de la lucha, el papel de adversario, de blanco de ataque, de apoyo o bien de paradigma. Es móvil, cambiante... aparece en distintos puntos del entramado social... podrán ser espontáneas o bien organizadas; salvajes o concertadas; gregarias o solitarias; violentas o timoratas; frontales y nobles o bien oscuras y rastreras; activas o pasivas... pero siempre hacen su aparición como el otro término necesario de la relación de poder...
Plenamente creativas forzando, por momentos, el ejercicio del poder; en otros evadiéndolo o soslayándolo; enfrentándolo, a veces de manera directa o tendiéndole una trampa, actuando por sorpresa, inesperadamente... desplazándose hacia espacios de revuelta inéditos; creando formas nuevas y diferentes de expresión; apareciendo bajo formas institucionalizadas, codificadas y permitidas, o bien haciéndose presente justamente allí, donde no se le esperaba. […]

Oaxaca y México
Fausto Fernandez Ponte
Asimetrías

I
¿Cómo resolver el conflicto de poder al que ha arribado la convulsión social en el estado de Oaxaca? O, preguntado de otro modo, ¿existe alguna solución real?
Esta interrogante nos lleva a otra, contextual y macrocósmica: ¿Cómo resolver las crisis del poder --y de la sociedad misma, a nuestro ver-- que estruja a México?
Podríase decir objetivamente --sin incurrir en pesimismo-- que en ningún caso, el oaxaqueño y el nacional, es posible lograr un desenlace práctico y satisfactorio a las partes.
¿Por qué? Porque no es posible, en términos prácticos, disociar lo oaxaqueño de lo nacional, como premisa mayor para lograr un enfoque correcto de esta crisis de poder y social.
Y ese enfoque debe incorporar, para fines de precisión y registro fiel, sin distorsiones, de la crisis, los componentes tangibles e intangibles de ésta.
Mas no sólo eso. También debe incorporarse en ese enfoque la crisis, la interacción --fríamente discernida-- de dichos componentes, sus tendencias y sus patrones de conducta.
Esto es axial. La crisis oaxaqueña es parte de la crisis nacional. De hecho, es una manifestación adelantada --aunque anticipada-- de dicha crisis: Es erupción volcánica temprana.
Por ello, aun considerando los componentes oaxaqueños propiamente, superar la crisis requiere algo que el poder político y económico no están dispuestos a hacer.

II
Requiere ceder ante las demandas de los oaxaqueños simultáneamente a las demandas de los mexicanos que exigen modificar o alterar la forma de gobierno en México.
Empero, para el poder la decisión de ceder no está en la mesa de negociaciones. Ello significa que la opción de que el gobernador Ulises Ruiz renuncie no es aceptable.
Y no lo ha sido, hasta ahora, aunque las razones del poder tienen que ver con un falso principio de autoridad y porque la renuncia representaría una victoria política popular.
Sin embargo, el realismo político tendrá que imponerse e influir en el poder, a menos que éste, en su obcecación y nesciencia política, desestime las voces de la historia.
Mas es obvio que el registro que el poder tiene del realismo político es diferente al de la insurgencia popular oaxaqueña. Esta parece poseer mayor objetividad que el poder.
Por otra parte, el poder parece intuir que la renuncia del gobernador precedería a otras demandas. La salida del señor Ruiz, cierto es, no resolvería a fondo el problema.
Eso es un escenario prospectivo probable. Sería, pues, un verismo, desde nuestra perspectiva. El gobernador no es el problema; el problema son las fuerzas que él representa.

III
Y esas fuerzas son las de la oligarquía y la plutocracia que en Oaxaca, como en el ámbito nacional, fomentan con su voracidad la desigualdad económica brutal y la injusticia.
Esa voracidad se emblematiza en el saqueo impune de las riquezas de México. El espurio Presidente Electo, Felipe Calderón, habla de ceder nuestro patrimonio a particulares.
Ello nos define la naturaleza de la lucha social en Oaxaca y, por ligazón dialéctica, en el resto de México. Esta es una lucha del pueblo mexicano contra un poder opresor.
Un poder opresor que para prevalecer no tiene empacho en el transvestismo leguleyo electoral para ocultar un fraude que, por su grotesca manufactura, es obvio y demostrado.
Es, pues, el poder una potestad metaconstitucional --más allá de lo moral y lo ético--. Esto nos lleva a suponer con miga que sus personeros sólo piensan en la opción represiva.
Este enfoque del fenómeno reivindicatorio en Oaxaca no desestima un componente intangible, pero de indudable con cretividad: el fin constitucional del sexenio neoliberal.
El poder tiene ante sí esos dilemas. O actúa ahora o se espera a que el próximo sexenio, el del Espurio, sea el que actúe. Este exige que no se le herede ese pasivo político.
Concluiríase que no existe una solución convencional, de reacomodo, para la crisis en Oaxaca. Tampoco existe una para la crisis nacional. La solución pasa por atajos reformadores.
O, a nuestro ver, por atajos revolucionarios; cambiar la forma de organización política y económica no sólo en Oaxaca, sino en el país. Ello requiere tomar el poder constituido.
Aquí --¡oh, manes de la dialéctica!--, alcanzar el objetivo inmediato precede al mediato. Primero, el poder local, el de Oaxaca. Luego, en otros estados. Y después, el nacional.

¿Unidad nacional?
Gilberto López y Rivas
La Jornada
Fragmento

Es notable que quienes instrumentaron el golpe de Estado electoral en contra de los derechos democráticos del pueblo mexicano y preparan la represión de los oaxaqueños, realicen ahora reiterados llamados a la unidad nacional, respeto a las instituciones, paz y conciliación de todos los ciudadanos. ¡México es primero!, insisten sus voceros e intelectuales. Esta estrategia de propaganda mediática resulta no sólo cínica y demagógica, sino constituye un insulto a la inteligencia de cualquier persona con un mínimo de conciencia política sobre la realidad del país.
¿A qué unidad nacional se refieren? ¿A la fraternidad entre esa ínfima minoría que no pasa de uno por ciento de la población -y que detenta 60 por ciento de la riqueza nacional-, con el resto mayoritario de explotados, excluidos, discriminados, segregados, desterrados, proletarizados, endeudados, desempleados, reprimidos, encarcelados, violentados sus derechos humanos elementales, secuestrados sus derechos políticos, condenados a la imposición de una presidencia espuria? […]
[…] Llaman a la concordia de todos los mexicanos quienes mantienen a centenares de luchadores sociales como presos políticos; ejercen la violencia a través de la criminalización de la resistencia, hacen uso constante de las fuerzas policiacas, militares y paramilitares contra los movimientos sociales. Los mismos que apoyan incondicionalmente a un tirano como Ulises Ruiz, enemigo de la libertad de prensa, organizador de sicarios pagados para asesinar maestros y ciudadanos indefensos. ¿Unidad nacional en el clasismo, el sexismo, el racismo, la violencia del crimen organizado, la traición a la patria y la democracia?
La única unidad nacional posible es la que se abre para el proyecto democrático popular de nación. Una concepción nueva que logre disolver el vínculo entre nación y burguesía a partir de una lucha contra-hegemónica en la que se afiance el predominio de los intereses mayoritarios del pueblo-nación y se redefina el rumbo de la existencia interna y externa de nuestra patria-matria. Si la nación es ese espacio de luchas y proyectos nacionales dispares y contradictorios de las distintas clases, grupos sociales, componentes étnico-culturales que se articulan bajo un sistema de hegemonía establecido originalmente por la burguesía, el pueblo -ese conjunto de clases, etnias y grupos sociales desposeídos y explotados que han aportado sus luchas y resistencias en los procesos nacionalitarios- debe asumir la conducción política, económica, social, ideológica y cultural para superar las contradicciones intrínsecas que caracterizan a los actuales agregados nacionales capitalistas. Es necesaria la refundación de la nación ante la imposibilidad actual de su desarrollo e incluso sobrevivencia como ente independiente y soberano, y como espacio de las luchas anticapitalistas y por la construcción de un socialismo democrático.
En esta reconstrucción nacional, la cultura -esa forma de ser y existir de un pueblo, en sus distintas diferenciaciones étnicas- se trasforma en un efectivo instrumento de transformación social, y esto ocurre no sólo en las expresiones artísticas, sino también en la diaria forma de vivir frente a la opresión; en no participar como cómplices del sistema autoritario. La familia, las relaciones sociales y laborales constituyen los espacios de un singular enfrentamiento entre la cultura de la dominación y la de la resistencia, con sus códigos, símbolos y señales propios. Si la nación se redefine como un sistema de hegemonía, es trascendente librar la batalla en la esfera ideológica-cultural, rechazar la unidad nacional de los opresores -que no es más que el velo que cubre la explotación y la violencia de clase-, y forjar la unidad en torno a la nación-pueblo.

Antiencuesta: Ulises debe caer
Enrique Galván Ochoa
LA JORNADA
Dinero

  • Rotundo ''no'' a la intervención armada
  • PAN y PRI sostienen al gobernador

Hay dos puntos en que la opinión pública -con excepción de un sector de la clase política-financiera- parece coincidir en relación con Oaxaca: 1) un rotundo ''no'' a la intervención de las fuerzas armadas y b) un claro ''sí'' a la desaparición de poderes en el estado, que conlleva la destitución del gobernador Ulises Ruiz. En un sondeo en el que participaron 2 mil 882 personas, 94 por ciento contestó negativamente a la pregunta: ''¿Estás de acuerdo en la intervención de la fuerza federal en Oaxaca?''; 95 por ciento dijo que la mejor opción es la salida del gobernador.


EMPODERAMIENTO
Clara Murguialday , Karlos Pérez de Armiño y Marlen Eizagirre
Fragmento

Proceso por el cual las personas fortalecen sus capacidades, confianza, visión y protagonismo como grupo social para impulsar cambios positivos de las situaciones que viven.
La filosofía del empoderamiento tiene su origen en el enfoque de la educación popular desarrollada a partir del trabajo en los años 60 de Paulo Freire, estando ambas muy ligadas a los denominados enfoques participativos, presentes en el campo del desarrollo desde los años 70.
Aunque el empoderamiento es aplicable a todos los grupos vulnerables o marginados, su nacimiento y su mayor desarrollo teórico se ha dado en relación a las mujeres. Su aplicación a éstas fue propuesta por primera vez a mediados de los 80 por DAWN (1985), una red de grupos de mujeres e investigadoras del Sur y del Norte, para referirse al proceso por el cual las mujeres acceden al control de los recursos (materiales y simbólicos) y refuerzan sus capacidades y protagonismo en todos los ámbitos. Desde su enfoque feminista, el empoderamiento de las mujeres incluye tanto el cambio individual como la acción colectiva, e implica la alteración radical de los procesos y estructuras que reproducen la posición subordinada de las mujeres como género.
Desde entonces, el término “empoderamiento” ha ampliado su campo de aplicación. Por un lado, de su inicial utilización exclusivamente en los análisis de género, ha pasado a aplicarse al conjunto de colectivos vulnerables, habiendo adquirido una amplia utilización en los estudios sobre el desarrollo, el trabajo comunitario y social, o la cooperación para el desarrollo. Por otro lado, si originariamente el concepto era patrimonio de los movimientos de mujeres, después ha comenzado a ser utilizado también por las agencias de desarrollo, las naciones unidas, el banco mundial o algunos estadistas.
Sin embargo, para cada cual el significado del empoderamiento es diferente. Para estos nuevos usuarios del término, el empoderamiento significa un incremento de la capacidad individual para ser más autónomo y autosuficiente, depender menos de la provisión estatal de servicios o empleo, así como tener más espíritu emprendedor para crear microempresas y empujarse a uno mismo en la escala social. También implica mejorar el acceso tanto a los mercados como a las estructuras políticas, con el fin de poder participar en la toma de decisiones económicas y políticas. En definitiva, supone en realidad un proceso que lleva a una forma de participación, pero que no cuestiona las estucturas existentes.
Por el contrario, la visión de los grupos de mujeres y otros movimientos sociales va más allá. El empoderamiento sería una estrategia que propicia que las mujeres, y otros grupos marginados, incrementen su poder, esto es, que accedan al uso y control de los recursos materiales y simbólicos, ganen influencia y participen en el cambio social. Esto incluye también un proceso por el que las personas tomen conciencia de sus propios derechos, capacidades e intereses, y de cómo éstos se relacionan con los intereses de otras personas, con el fin de participar desde una posición más sólida en la toma de decisiones y estar en condiciones de influir en ellas.
En este sentido, Friedman (1992) señala que el empoderamiento está relacionado con el acceso y control de tres tipos de poderes: a) el social, entendido como el acceso a la base de riqueza productiva; b) el político, o acceso de los individuos al proceso de toma de decisiones, sobre todo aquellas que afectan a su propio futuro; y c) el sicológico, entendido en el sentido de potencialidad y capacidad individual.
De forma similar, Rowlands (1997) señala tres dimensiones: a) la personal, como desarrollo del sentido del yo, de la confianza y la capacidad individual; b) la de las relaciones próximas, como capacidad de negociar e influir en la naturaleza de las relaciones y las decisiones, y c) la colectiva, como participación en las estructuras políticas y acción colectiva basada en la cooperación.
Como se puede apreciar, el empoderamiento tiene fundamentalmente una dimensión individual y otra colectiva. La individual implica un proceso por el que los excluidos eleven sus niveles de confianza, autoestima y capacidad para responder a sus propias necesidades. Muchas veces, las mujeres y otros marginados tienen interiorizados los mensajes culturales o ideológicos de opresión y subordinación que reciben respecto a sí mismos, en el sentido de que carecen de voz o de derechos legítimos, lo que redunda en su baja autoestima y estatus. Trabajar por su empoderamiento implica en primer lugar ayudarles a recuperar su autoestima y la creencia de que están legitimados a actuar en las decisiones que les conciernen […]
La dimensión colectiva del empoderamiento se basa en el hecho de que las personas vulnerables tienen más capacidad de participar y defender sus derechos cuando se unen con unos objetivos comunes, por ejemplo: las mujeres que se agrupan para exigir títulos de propiedad, los campesinos que ocupan haciendas improductivas, o los vecinos que reclaman canalizaciones de agua en su barrio. Es interesante señalar que, con frecuencia, el agrupamiento en torno a un proyecto concreto y limitado (pozos de agua, microcréditos) puede dar pie a un proceso de empoderamiento, consistente en la toma de conciencia sobre la situación de injusticia u opresión en la que se vive (desigual acceso social al agua, prácticas abusivas de los usureros, etc.) y la consiguiente búsqueda del cambio […]
[…] el empoderamiento de las mujeres, y lo mismo podría decirse para otros sectores, implica:
a) La toma de conciencia sobre su subordinación y el aumento de la confianza en sí mismas (“poder propio”).
b) La organización autónoma para decidir sobre sus vidas y sobre el desarrollo que desean (“poder con”).
c) La movilización para identificar sus intereses y transformar las relaciones, estructuras e instituciones que les limitan y que perpetúan su subordinación (“poder para”) […]

Desdibuja a las mujeres el movimiento magisterial y de la APPO
Soledad Jarquín
CIMAC

A más de 100 días de que se inició el movimiento magisterial, al que se sumaron organizaciones en la llamada Asamblea Popular del Pueblo (APPO), las mujeres permanecen desdibujadas y hasta negadas a sí mismas, en un afán persecutorio del acostumbrado “liderazgo masculino”.

Por eso, se rechaza asumirse como feministas en las voces que se escuchan en las diferentes estaciones radiofónicas, pues el feminismo es un movimiento no dirigido y escasamente, por no decir nada, jerarquizado.

LOS HECHOS Y LA CONTRACORRIENTE

“La participación de las mujeres en esta lucha ha sido fundamental, aunque esta no es una lucha feminista ni mucho menos...”, sostiene a través de la radio una de las voces que transmiten en la que fuera antes del 21 de agosto una estación comercial.

El movimiento magisterial, mezclado con la participación de otros grupos en la APPO, cumplió 100 días de movilizaciones y acciones esta semana. A esa lucha se sumaron cientos de mujeres y se pasó la nota a la historia al ser ellas las que tomaron las instalaciones del Canal 9, el 1 de agosto, tras varios intentos de los varones.

El espacio radiofónico como el televisivo han sido determinantes. Durante este tiempo los micrófonos de las estaciones comerciales se convirtieron en la caja de resonancia, no de los poderes políticos, sino de las voces de muchas mujeres y hombres que manifestaban inconformidades. Aunque también se cerraban cuando no convenía y se argumentaban “problemas técnicos”.

El 21 de agosto, en la toma de las estaciones comerciales las mujeres estaban otra vez. Alguna de ellas se desdibujaban, se mimetizaban con el resto de los “luchadores sociales” y como los otros no tenían nombre, era suficiente que las llamaran “compañeritas”.

El 21 de agosto a las 10:30, en una de las estaciones de ORO, una voz femenina –que fue identificada por otro locutor como Gladis Carina Hernández- interrumpió la lectura de un mensaje enviado por el profesor Germán Mendoza Nube, quien había sido detenido días antes: “Compañeritas de las cacerolas y personas de confianza del Canal 9, por favor traigan de almorzar porque ya tenemos hambre”.

LA REALIDAD DESDE LAS FEMINISTAS

La catedrática universitaria, Gloria Zafra, sostiene que es difícil esperar una agenda de género, lo que hay es una participación masiva de mujeres “permeada por la visión que han esculpido, el liderazgo masculino de radicalismos”.

Se refiere a la actuación asumida por muchas de las mujeres que participan con el magisterio y la APPO, pero que desconocen el planteamiento feminista y se niegan a incorporarlo en sus tareas cotidianas, de reconocimiento incluso personal.

La investigadora sostiene que la lucha de las maestras está sustentada en ganancias laborales sin cuestionar la democracia ni la participación de ellas como género, como mujeres subordinadas.

Sin embargo, sostiene que después de este proceso algo tiene que cambiar en esta correlación entre las maestras y los maestros.

La investigadora del Instituto de Investigaciones Sociológicas de la UABJO, cuestiona que para muchas y muchos es importante la lucha laboral por los beneficios que les trae, como “acercarse a la ciudad o laborar en la ciudad”, lo que habla de falta de compromiso, “están muy permeados por una ideología capitalista como para decirse democráticos” y por esa línea pasa el cuestionamiento feminista.

En ese sentido explica que las señoras que están en los programas (de radio) se suman a las groserías de los otros. El objetivo “es decirle a sus compañeros que son iguales, que pertenecen a la misma clase, en lugar de decir reconocemos esto... pero hay que elevar esto otro”.

La candidata a doctora en Sociología sostiene que en esta participación ciudadana de las mujeres es previsible “un hartazgo”, en el sentido de salir de la cotidianeidad, y la otra es esta semilla de decir aquí estamos.

Lo cierto, puntualiza, es que en esta lucha la agenda feminista que tenemos pendiente está de nueva cuenta supeditada a una nueva Babel.

RECHAZO Y NEGACIÓN

Pilar Monterrubio agradece sonriente la entrevista y sostiene que lo que se ve y escucha sobre la posición de las mujeres en el movimiento magisterial-APPO es parte de las etapas de la conciencia de género, “este es un primer estadio, pionero, defendiendo e imitando a los hombres”, dice refiriéndose a la defensa que las mujeres hacían hace 20 días en Radio Cacerolas de Germán Mendoza Nube.

Monterrubio quien en algún momento se sumó como locutora aficionada para plantear la agenda feminista en la radio, sostiene que su pretensión de vincular la agenda de las mujeres con el movimiento magisterial-APPO, no dio resultado. Incluso “sentí negación, rechazo y una crítica muy dura de la cual me sentí profundamente indignada y no regresé, aunque me inviten”.

Integrante del Foro Democrático Oaxaqueño, Pilar sostiene que lo sucedido no es un asunto personal, “es de conciencia de género”. Ya azotamos las cacerolas, ya nos manifestamos en la calle, pero entonces estamos en un estadio muy primario de conciencia de género y eso me desconcierta profundamente.

Una cosa la lleva a otra y cuestiona entonces el nivel de trabajo que las organizaciones no gubernamentales han realizado, “lo digo también como integrante del movimiento de organizaciones civiles de corte feminista” y se responde: parece que la lucha feminista es sólo en pequeños grados, pequeñas elites y eso es muy desconcertante, porque entonces no hemos entrado al grueso de la población.

RADIO CACEROLAS

Pilar Monterrubio sostiene que el nombre de Radio Cacerolas tiene una connotación fuerte ante el grueso de la población y explica por qué no le gustó el nombre: fue como trasladar el rol femenino de la cocina al radio ¿no?

Me hubiera gustado más radio Clítoris –sostiene seria-. “Es tocar el cuerpo, ver la corporalidad”.

Por ello, apunta en este análisis a la posición de las mujeres en el movimiento magisterial y de la APPO que “si no tenemos conciencia de ese tipo de cosas, no tenemos conciencia de nada más, hay que reconocer que el movimiento dentro de la asamblea popular es un movimiento incipiente dentro de la concepción de las luchas de género”.

La Comuna de Oaxaca
Carlos Beas Torres

Desde hace más de tres meses, los fantasmas de Louisa Michel y Elisee Reclus, pasean de noche por las desiertas calles de una vieja ciudad del sur de México; la oscuridad tan sólo es iluminada por la luz tenue de los focos de las lámparas o por el fuego de las hogueras que en cientos de barricadas, calientan las noches oaxaqueñas.
Los datos más conservadores indican que la población de la ciudad de Oaxaca ha levantado por lo menos unas 500 barricadas; otros más exaltados hablan de hasta 1,500 barricadas levantadas en una sola noche.
La Comuna de Oaxaca nació a raíz de que el Gobernador Ulises Ruiz, un tipo déspota perteneciente al PRI más violento; ordenó el pasado 14 de junio un agresivo desalojo en contra de un plantón pacífico que realizaban profesores en huelga. El operativo policiaco ocurrido en el centro histórico, no sólo golpeó a los sindicalistas; ya que al ser acorralada la policía, el Gobernador ordenó utilizar un helicóptero particular para tirar desde el aire, bombas de gas pimienta. La intoxicación alcanzo a empleados de hoteles y comercios, así como a vecinos y a cientos de turistas que tuvieron que ser desalojados del campo de batalla. Los sindicalistas recuperaron el centro y con esta acción despertaron la conciencia de la población.
Casi de inmediato, 360 organizaciones sociales de todo tipo, desde indígenas, hasta mujeres, pasando por ambientalistas, pequeños comerciantes y universitarios, crearon una Asamblea Popular, un tipo de Parlamento ciudadano, mejor conocido como APPO.
Esta Asamblea ha realizado 5 megamarchas, movilizaciones que han reunido a cientos de miles de manifestantes; ha tomado más de 30 alcaldías y bloqueado carreteras, cerrando además las oficinas públicas y juzgados.
El Gobierno dejó de existir y sólo quedó visible en operativos nocturnos donde cientos de policías de civil y golpeadores salían a la calle a disparar armas de fuego en contra de la población. Ante esos operativos las barricadas oaxaqueñas han demostrado su enorme eficacia.
Las mujeres en esta lucha, como en todas las demás han jugado un papel extraordinario; una buena tarde, miles de ellas se manifestaron por la ciudad, batiendo cacerolas en mano y llegaron a la televisora oficial a pedir que se dejara entrar a una comisión para dar a conocer sus preocupaciones, el personal de vigilancia les negó el paso, lo cual obviamente las indigno, acto seguido tomaron la televisora y durante varios días transmitieron, hasta que un comando policiaco inutilizó las antenas a balazos, lo cual generó una nueva acción de la población, la cual tomó de inmediato 13 radiodifusoras, donde se dio por vez primera voz a cientos de mujeres y hombres anónimos.
La represión ha sido vasta; varios dirigentes de la APPO han sido detenidos, maltratados y permanecen encarcelados, uno de ellos en un penal federal de alta seguridad; dos manifestantes han sido asesinados; decenas de personas han sido golpeadas o amenazadas. Ante ello se ha respondido con extremada cautela; sin embargo los medios masivos de comunicación tratan a toda costa de ocultar la impresionante revuelta ciudadana y sólo destacan los posibles nexos con la guerrilla y el vandalismo que significado el cerrar el acceso a bancos, grandes centros comerciales o al aeropuerto.
¿Pero que explica esta Revuelta?, Oaxaca es junto a los estados de Chiapas y Guerrero, un Estado extremadamente pobre, habitado por una gran cantidad de comunidades indígenas. Oaxaca ha sido un reducto controlado por los caciques del PRI, quienes se han enriquecido, aliados a grandes empresarios y compañías trasnacionales como Iberdrola. Los gobernantes de Oaxaca se han caracterizado por su incapacidad, corrupción y estilo violento de gobernar.
Y el pueblo dijo el 14 de junio hasta aquí, Ya Basta.
Y después de tres meses de muy intensa movilización ¿ ahora que sigue?:
La clase política nacional y los empresarios urgen al Gobierno federal a una solución represiva expedita, a gritos Ulises Ruiz reclama el envío de la Policía Federal Preventiva, el desalojo de los plantones y barricadas y el encarcelamiento de más opositores.
Por otro lado las negociaciones están virtualmente rotas, ya que el Gobierno Federal y los partidos PRI y el derechista PAN en el Senado se niegan a desaparecer poderes, es decir a destituir al Gobernador oaxaqueño.
Por ello el escenario más posible, es el de una salida represiva, como la ocurrida hace 30 años, cuando el pueblo oaxaqueño logró destituir al sátrapa Zárate Aquino; pero la ciudad fue ocupada por el ejército y nombrado un gobernador militar; los opositores fueron encarcelados, asesinados o exilados y sólo a una parte del pueblo le quedo la respuesta armada.
La APPO conoce esa historia y por ello ha evitado la violencia; sin embargo bien sabemos que en el estilo y en la mente desesperada de Ulises Ruiz, cabe el hecho de provocar la violencia, infiltrando policías de civil y golpeadores, para provocar desmanes y enfrentamientos y con ello justificar la represión y la entrada de la Policía Federal Preventiva. El plan de Ulises Ruiz es quedarse en el poder, sustentado por las fuerzas policiaco-militares.
Hoy desde temprano, miles de oaxaqueños y oaxaqueñas siguen su caminar por una estrecha carretera con dirección a la ciudad de México, desde hace una semana han avanzado ya unos 260 kilometros; este puede ser el último intento para evitar la represión y para despertar la conciencia de los mexicanos; llamado que empieza a tener eco, pues en otros Estados ya se han empezado a formar Asambleas Populares.
Ante este escenario, la inmensa revuelta ciudadana oaxaqueña, reclama con urgencia de los y las ciudadanas del mundo su solidaridad activa.
Desde Oaxaca les hacemos este llamado, aún es tiempo de parar un baño de sangre; aún es tiempo de dar una salida democrática a este grave conflicto. Mientras tanto en esta noche oaxaqueña los fantasmas de los comuneros de Paris seguirán acompañando a los hombres y mujeres rebeldes de Oaxaca e incluso se tomaran un buen mezcal minero, para el frío. Salud.

Palabras de la Comisión Sexta del EZLN para el Segundo Encuentro Indígena Peninsular

Compañeras y compañeros:
[…] Nuestra causa como pueblos indios se mantiene viva y presente gracias, entre otras cosas, a los compañeros y compañeras del Congreso Nacional Indígena, especialmente los pueblos indios de la región Centro Pacífico. Con ellos hemos entrado en este nuevo paso que busca construir una nueva forma de hacer política, anticapitalista y de izquierda, levantar un programa nacional de lucha y una nueva constitución, y que llamamos la Otra Campaña
En este movimiento estamos aprendiendo a decir compañera y compañero al obrero y la obrera, al campesino, al estudiante, al maestro, a la mujer adulta, joven y niña, al anciano, al niño, al empleado, al artista, al intelectual, al religioso comprometido, al diferente en su preferencia sexual, al joven, a muchas personas que son despojadas, explotadas, despreciadas y reprimidas por un sistema que ha hecho del dinero su ley y de la simulación su doctrina. Diferentes como somos, hemos encontrado una igualdad al buscar y encontrar al responsable de nuestros dolores: el sistema capitalista.
Nuestras luchas particulares no se han perdido, han crecido no sólo porque unieron su coraje a otras, también porque establecieron quién es el enemigo y decidieron enfrentarlo. Nuestra lucha por la libertad, la justicia y la democracia sabe ya que no son posibles en el sistema que se ha impuesto a sangre y fuego en nuestro país. La libertad que les ha sido arrebatada a nuestras compañeras y compañeros presas y presos de Atenco, y a los cientos de presos y presas, desaparecidos y perseguidos políticos en nuestro país. La justicia que se le niega al pueblo oaxaqueño que, en la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca, demanda la salida del mal gobernante Ulises Ruiz. La democracia que se convirtió en fraude y burla descarada en las pasadas elecciones presidenciales, y que está a punto de convertirse en la tumba de la vía electoral. […]
[…]Y aquí está nuestra palabra.
Mientras arriba el ruido y la prisa de los poderosos tratan de imponer otra vez a un mal gobernante, entronándolo con la mentira y el desprecio.
Mientras se dice y repite que sólo cuenta la mirada y la voz que hacia arriba apuntan.
Mientras se difunde entre corazones buenos y nobles que nada importa si no sigue al movimiento que a estar arriba aspira.
Mientras por todos lados se compra y consume la mentira que impide la mirada crítica y el análisis profundo.
Mientras se vuelve a olvidar el color que somos quienes somos el color de la tierra, incluso por aquellos que dicen buscar el bien de todos.
Mientras allá arriba se miran entre ellos y entre ellos nadie se escucha.
En estos tiempos de ruido y confusión, vuelve la palabra que somos a encontrarnos con los que son como nosotros. Nosotras, nosotros, las zapatistas y los zapatistas del EZLN, sabemos junto con ustedes que el mañana se pare en la noche, en el silencio, en la sombra. Sabemos que la gran sostenedora del mundo, la Ceiba, la madre, tiene sus raíces en lo de abajo, en lo profundo, en lo que no se ve; y que de ahí se levantan y sostienen el mundo y los cielos que se ven y admiran. Y así es nuestro pensamiento. El pensamiento que somos mucho tiempo pasa y camina en nuestro corazón, antes de hacerse palabra y camino que invita a un destino para los que abajo son con nosotros. Y mucho desespera éste nuestro modo a quienes apura y mueve el ruido de arriba. Si no caminamos a la velocidad y en la ruta de los que arriba son, dicen que no existimos, que caímos, que morimos, que ya no más, que nos equivocamos, que desaprovechamos, que perdimos. Pero nosotros, nosotras, sabemos que siempre que hemos caminado al ritmo de arriba y hemos buscado un lugar para nuestra palabra entre quienes son el Poder o aspiran a él por el camino que el Poder establece, perdemos.
Sabemos ya que no es arriba, ni en el tiempo ni en el espacio, donde encontraremos lo que buscamos, necesitamos, merecemos. Aprendimos. Sabemos ahora. Es con quienes son como nosotros porque son diferentes. […]

[…] La historia del Pensamiento:
Contaban los más antiguos de nuestros ancestros, los ancianos sabedores de nuestros pueblos, que los más grandes dioses, los que nacieron el mundo y lo echaron a andar para que luego fuéramos nosotros quienes lo camináramos, habían dejado todo sin terminar.
Y no lo hicieron así porque fueran holgazanes o porque se hubieran distraído en la bailadera.
Así era su plan de por sí, porque los mundos terminados y completos son los que de arriba imponen quienes hicieron dios al dinero y sacerdotisa a la estupidez humana que cada tanto, como ahora, con la mentira se hace gobierno. Así que fueron muchas las cosas que quedaron pendientes en el mundo primero que hicieron los dioses más de antes, los que nacieron el camino. Se dice, por ejemplo, que el pensamiento no se nació en los dioses. O sea que el pensamiento no nació así como ahora lo conocemos, sino que apenas fue una semilla que quedó ahí para que la tomara el que fuera y la naciera y le diera forma y modo y camino y destino.
Y fueron entonces muchos los pensamientos que desde entonces se nacieron. Y no sólo uno o unos cuantos, sino que tantos como colores fueron pintando el mundo en el que fuimos y somos.
Y así está, por ejemplo, el pensamiento de que sólo importa uno o una, que el colectivo no vale, no cuenta, que hay que buscar el bien individual aunque sea a costa del mal colectivo.
Y éste es el pensamiento que ahora manda y es gobierno y verdad impuestos en nuestras tierras indias.
Y éste es el pensamiento que busca exterminarnos como lo que somos y trata de convertir en mercancía nuestra historia, nuestra cultura, nuestra tierra, nuestra dignidad.
Pero este pensamiento se viste con muchas ropas que engañan, que esconden su maña.
Y a veces se viste con ropa de libertad, y miente.
Y a veces con vestido de justicia, y miente.
Y a veces con manto de democracia, y miente.
"Igualdad" dice el que está arriba porque con nuestro dolor se enriquece.
Y la libertad que promete es la que busca para comerciar con nuestra sangre.
Y la justicia que defiende es la que lo deja sin castigo y persigue al que abajo no se rinde.
Y la democracia que proclama es la de la resignación frente a los diferentes rostros del mismo Poder que nos roba, nos explota, nos desprecia y nos persigue.
Pero hubo y hay otro pensamiento.
El pensamiento que sabe que no es igual el que arriba vive de nuestra sangre y el que abajo hace andar el mundo con su trabajo.
El pensamiento que conoce la historia de lucha que abajo duele.
El pensamiento que busca construir otra cosa, otro mundo.
El pensamiento que no se conforma con lo que los ojos ven y oyen los oídos, sino que empieza a mirar y a escuchar lo que no aparece ni sonido tiene.
El pensamiento que anima a nuestras compañeras y compañeros presas y presos de Atenco, y con el que resisten a la injusticia y al olvido.
El pensamiento que enarbolan nuestros compañeros y compañeras de Oaxaca, que luchan por librarse del mal gobierno que los oprime.
El pensamiento que camino se hace en quienes han hecho suyo una nueva forma de hacer política que ni mira ni aspira ni suspira por el arriba que nos desprecia.
El pensamiento que como pueblos indios y como zapatistas del EZLN luchamos.
Compañeras y compañeros:
La leyenda indígena maya que cuenta que la Ceiba madre, la sostenedora del mundo, hunde sus raíces en el inframundo y sobre esa fuerza levanta y sostiene los cielos, no sólo mira hacia la historia que fuimos, también apunta hacia lo que somos y seremos en el mañana que nuestro paso y el de otros tiene.
Como zapatistas que somos, como pueblos indios de raíz maya, como compañeras y compañeros de lucha, saludamos las palabras y las historias que aquí se hablan y encuentran.
Y aquí decimos:
El mañana de libertad, justicia y democracia que necesitamos y merecemos, tendrá el color que somos de la tierra, o no será.
Reciban, compañeros y compañeras, el saludo de nosotros, nosotras, lo más pequeño del mundo que ahora sólo es pensamiento y paso en la sombra, pero que ya asoma a otra madrugada, una que desvista de miedo y vergüenza a la mañana.
¡Con los pueblos indios!
¡Libertad para las presas y presos de Atenco!
¡Justicia para el pueblo de Oaxaca!
¡Democracia para el México de Abajo!
Por el Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
Por la Comisión Sexta del EZLN.
Subcomandante Insurgente Marcos.
México, Agosto del 2006.

domingo, octubre 01, 2006

LOS OBSTÁCULOS DE LA CND





Podcast de análisis y opinión que busca deshilar los retos de la Convención Nacional Democrática
(duración: 11:02 min.)

sábado, septiembre 30, 2006

LOS OBSTÁCULOS DE LA CND
Guillermo Almeyra
La Jornada

La convención nacional democrática (CND) apenas nacida debe enfrentar obstáculos de todo tipo. El primero y principal reside en la tendencia de muchos de los integrantes del movimiento a considerarse fundamentalmente seguidores de Andrés Manuel López Obrador, según la clásica tradición del caudillismo latinoamericano, y no protagonistas y organizadores de un cambio profundo en el país. Si la CND dependiese solamente de las decisiones y orientaciones de AMLO y del equipo nombrado por éste para dirigirla, perdería su capacidad de atracción sobre los millones de mexicanos que quieren un cambio social o no están satisfechos con el sistema pero no votaron por el tabasqueño o desconfían de él por distintas razones (de derecha o de izquierda). La CND tiene a AMLO como su dirigente pero debe tomar cuerpo en miles de asambleas populares locales, con decenas de miles de discusiones, miles de dirigentes de base llenos de ideas e iniciativas, y no limitarse a votar plebiscitariamente las propuestas de la dirección del movimiento.

Otro obstáculo es la tendencia del PRD a cooptar la CND y a reducir el alcance de la misma (crear otras instituciones, desembocar en una asamblea constituyente refundacional). No ha faltado quien declarase que AMLO es el presidente de la CND, cuando ésta, precisamente, se hace para anular el fraude, reconocer al presidente legítimo, desconocer a las instituciones con las que espera negociar quien, reduciendo a López Obrador a presidente de una minoría rebelde no institucional, abre el camino para tratar con Calderón y su banda de usurpadores. El PRD es un partido institucional y sus legisladores fueron elegidos para una tarea institucional. La CND, en cambio, es antinstitucional, creadora de un doble poder, de otras instituciones. PRD y CND pueden y deben trabajar juntos, cada uno en su campo, y la protesta del frente en el Congreso, así como la presentación de leyes de gran impacto social y nacional a pesar de la oposición del PRI y del PAN, puede ser muy importante para respaldar y ampliar la protesta y la organización fuera de las instituciones y para conseguir romper el boicot de la mayoría de los medios. Pero la CND no es la infantería de un estado mayor que se pueda autoproclamar, para cambiar la relación de fuerzas en las instituciones y ganar aliados en el PRI y hasta en el PAN. La CND debe cambiar la relación de fuerzas en el país. Los ex salinistas, ex priístas corruptos o ex embajadores de Fox ni saben ni quieren asumir esa tarea. Los dirigentes de la CND y los que hagan acuerdos con el PRD deben ser nombrados por los miles de comités de la convención que aún hay que nombrar y hacer funcionar, para que el movimiento sea real y dure.

Otro obstáculo es el sectarismo, tanto de amigos como de enemigos. Cuauhtémoc Cárdenas, por ejemplo, no puede ser considerado un "traidor" sino un político moderado que cree en las instituciones y, aunque comete un error grave al considerar que AMLO manipula todo (a los militantes de base del PRD y a la CND, que sería otro nombre de éste), sin ver la movilización y la creatividad potencial de la parte tan importante de los explotados y oprimidos que sigue la CND o que votó por el PRD, hace críticas y presenta hechos que son irrefutables y deben ser tenidos en cuenta para avanzar. Marcos, por su parte, tampoco es un "traidor" sino un sectario de pocas luces, cegado además por la competencia, que ni siquiera tolera una discusión abierta y honesta en la otra campaña con los que se dan cuenta de que la misma no puede esperar ser una dirección de masas en 2009 cuando en 2006 se opone a todos los que deberían ser sus compañeros de lucha e interlocutores, a todos los que quieren un cambio social en el país y prefiere, en vez de combatir contra el fraude y por los problemas sociales, esperar una reacción ante un gobierno de ultraderecha, que no combate.

En el combate por un México renovado caben los que comparten críticas formuladas por Cárdenas, aunque no la política actual de éste, o los que se fueron con la otra campaña porque repudian las instituciones, pero quieren luchar juntos, no con los dirigentes del PRD ni con AMLO sino con los millones que apoyan la CND.

Otro problema, por último y nada menor, es que la resistencia ha modificado el discurso y el programa de AMLO para las elecciones, pero ese cambio no aparece claramente en propuestas para la CND: en política frente a Estados Unidos y a los países de América Latina, en la acción internacional para hacerse ver como presidente legítimo, en propuesta para los problemas del territorio, del agua, de los pueblos indígenas, de los energéticos, de la alimentación, del campo, del aumento de salarios tan necesario. Sin discutir estos problemas y ligarlos con la forma en que repercuten en cada localidad no es posible organizar, crear cuadros, cambiar el país, preparar en el futuro una asamblea constituyente.

La CND requiere una gran discusión nacional que elabore propuestas para los grandes problemas del país y no puede limitarse a medidas de resistencia o, peor aún, a los objetivos limitadísimos y muchas veces erróneos de los programas electorales de AMLO y del PRD, que fueron elaborados para establecer lazos y puentes con los que querían reforzar las instituciones que la CND desea sustituir. No basta, pues, con apoyar a la CND, sino que hay que hacer miles de foros propositivos, para cada sector de trabajo, creando las condiciones para fijar grandes líneas de acción, en el Congreso, con el frente, y en la calle, con la CND ejerciendo el poder local, como la APPO en Oaxaca.

Patriarcado
Mónica Pérez
Cimac Noticias


El término patriarcado, derivado de la palabra patriarca, proviene del griego patriárchees, que significa Patria, descendencia o familia; y archo, que expresa mandato. En el Siglo XIII, este vocablo ya se utilizaba para referirse al territorio y al gobierno de un patriarca, persona que por su edad y sabiduría ejerce autoridad en una familia o en una colectividad, y posteriormente, en el siglo XVII, se empleó para nombrar la dignidad del patriarca. El diccionario de la Real Academia Española define la palabra patriarcado como “una organización social primitiva donde la autoridad es ejercida por un varón, jefe de cada familia, extendiéndose este poder a los parientes aún lejanos de un mismo linaje”. Sin embrago, en el libro “Diez palabras clave sobre mujer”, la doctora en filosofía Alicia H. Puleo, explica que las acepciones de esta palabra no se limitan a las arriba señaladas, pues a partir de los años 70 adquirió una nueva significación, generada por la teoría feminista para referirse a la dominación masculina en las sociedades antiguas y modernas. De acuerdo con la teoría feminista, a partir de la década de los 70, el significado del término patriarcado se transforma, ya que no sólo se utiliza para describir el gobierno de los ancianos sabios en una comunidad; si no que además se refiere a un sistema de dominación y explotación, como pieza clave de sus análisis de la realidad. Con este concepto, las feministas denuncian una situación de dominación masculina en la que los hombres aparecen como agentes activos de la opresión hacia las mujeres. En este sentido, la antropóloga Marta Moia define al patriarcado como un orden social caracterizado por las relaciones de dominación y opresión establecidas por unos hombres sobre otros y sobre todas las mujeres y criaturas. Así, los varones dominan la esfera pública, gobierno y religión, y la privada, que se refiere al hogar. Por su parte, la también antropóloga feminista Marcela Lagarde, explica que el patriarcado se caracteriza por tres aspectos. El primero es la oposición entre el género masculino y el femenino, asociada a la opresión de las mujeres y al dominio de los hombres en las relaciones sociales, normas, lenguaje, instituciones y formas de ver el mundo. El segundo punto se refiere al rompimiento entre mujeres, basado en una enemistad histórica en la competencia por los varones y por ocupar los espacios que les son designados socialmente a partir de su condición de mujeres. Finalmente, Lagarde apunta que el patriarcado se caracteriza por su relación con un fenómeno cultural conocido como machismo, basado en el poder masculino y la discriminación hacia las mujeres. Explica también que el poder patriarcal no se limita a la opresión hacia las mujeres, sino también hacia otros sujetos sometidos al mismo poder, como es el caso de las niñas y niños, la juventud o aquellos grupos que por clase social, origen étnico, preferencia religiosa o política, sean minoritarios o diferentes al grupo dominante. De esta forma, podemos resumir que el concepto patriarcado designa una estructura social basada en el poder del varón, principalmente en las esferas política y económica y generalizada a todos los ámbitos como dominio masculino sobre las mujeres y la sociedad en general.

El Equívoco
Javier Sicilia
Proceso

Es indudable que la Convención Nacional Democrática (CND), que inició simbólicamente el 16 de septiembre, fue un éxito: miles de personas se volcaron sobre el Zócalo de la Ciudad de México para refrendar su vocación democrática, es decir, su afirmación de que la democracia es el poder del pueblo, y de que ese poder resistirá cualquier intento de exclusión de los poderes del Estado.

Por desgracia, el clamor popular que en ese momento llevó a López Obrador a declararse "presidente legítimo" ha acotado el proceso o, mejor, lo ha nublado. Declarar y declararse presidente legítimo es reducir una lucha, que tiene que ver con las libertades y las autonomías, a lo que ha constituido el mal fundamental de nuestro país: el caudillismo, el presidencialismo, el voto y la elección, la administración de las instituciones que la propia CND ha puesto en duda.

Lo que ha hecho interesante la batalla de la coalición Por el Bien de Todos no ha sido su lucha por llevar a la Presidencia a Andrés Manuel, sino precisamente lo que esa primera batalla desencadenó: un movimiento verdaderamente democrático, una lucha que la propia coalición, tomando las palabras del libro de Douglas Lummis, ha llamado recientemente "democracia radical". La democracia en este sentido no es el nombre de ningún arreglo particular de instituciones políticas y económicas: no es el voto y las elecciones, no es el caudillo providencial al que un sistema corrupto despojó de la Presidencia y al que hay que llevar al poder para que una vez más termine por decepcionarnos; tampoco un "sistema" y un aparato de Estado que pretenden representar la democracia, sino, como la resistencia civil -pese a sus contradicciones- y los campamentos nos lo han demostrado, un proyecto histórico que la gente manifiesta luchando por espacios de libertad. Es la aventura de hombres y mujeres que crean con sus propias manos y sus propias iniciativas las condiciones de su libertad.

Lo que hay de fondo en la CND es eso. Sin embargo, el sueño del caudillismo -que nos ha perseguido como una larga pesadilla a lo largo de los siglos- lo nubla. Desde el momento en que el pueblo reunido en el Zócalo elevó a rango de presidente legítimo a López Obrador, y éste, sin chistar, obnubilado por su propia imagen, lo aceptó, la democracia radical quedó oculta. En ese acto, que divide a la nación en dos repúblicas y abre la puerta a la tentación de la guerra civil, el gesto democrático de un pueblo se traiciona y la CND termina por afirmar que sólo cree en lo mismo que desprecia, en el Leviatán, en la deposición de la autonomía de cada uno a los pies del Estado, regido, en este caso, por una ideología que no es de derecha.


Autonomía y Representación
Neil Harvey
La Jornada


Los conflictos políticos actuales de México reflejan un problema que comparten otros países. Me refiero a la crisis de los modelos de representación política y cómo responder a esta situación. Hay diferencias en la manera de explicar este fenómeno, que se reflejan en los cambios que se dicen necesarios: desde reformas pactadas dentro de la institucionalidad hasta la refundación de la república o la creación de un programa nacional de lucha desde espacios autónomos.

Todos estos argumentos tienen que ver con la demanda de democratizar la relación entre la ciudadanía y los políticos que dicen gobernar en su nombre. Desde la presidencia se habla de la necesidad de defender las instituciones democráticas que tanto ha costado consolidar. Desde la convencion nacional democrática (CND) se declara presidente legítimo a AMLO y, a la par, se prepara una campaña de resistencia civil. Y desde el EZLN, el subcomandante Marcos anuncia la reanudación de la otra campaña y nos recuerda de las diferencias entre ésta y el proyecto del PRD y AMLO. ¿Cómo buscan responder el PAN, la CND y la otra campaña a la crisis de representacion política?

En primer lugar, con los datos oficiales avalados por el tribunal electoral, Felipe Calderón y el PAN parecen tener ventaja debido a la composición del Congreso. A diferencia de Fox, Calderón tendrá posibilidades de ganar más votos en el Congreso. El PAN controla 42 por ciento de la Cámara de Diputados y 41 por ciento del Senado.

En la Cámara baja sólo necesita otros 45 votos para tener una mayoría para aprobar leyes, y otros 127 votos para tener mayoría calificada para pasar reformas constitucionales. En el Senado necesitaría otros 13 votos y 33 votos, respectivamente.

Es probable que busque alianzas con miembros del PRI, PVEM y PANAL, poniendo en desvantaja a los partidos del Frente Amplio Progresista (FAP).

Por ésta y otras razones, algunos analistas opinan que Calderón no tendrá tanta dificultad en gobernar, a pesar de la forma en que fue decidida la elección presidencial.

Sin embargo, ese análisis no toma en cuenta que, según datos oficiales, casi dos terceras partes de los mexicanos que votaron el 2 de julio no votaron por Calderón.

Esto es diferente a 2000, cuando Fox ganó con 43 por ciento de la votación, y si agregamos la falta de certeza en los resultados de 2006, es muy probable que Calderón tendrá más dificultades, aun en el caso de que pacte acuerdos legislativos con fracciones parlamentarias. Como Calderón y el PAN defienden la institucionalidad existente no sienten tanta necesidad de emprender reformas de fondo para superar la crisis de representación que se hizo más evidente en 2006 y esto es un limitante que podría impedir la implementación de cualquier legislación que se logre aprobar.

Es evidente que la decisión del tribunal electoral no permitió superar las sospechas de fraude. La participación de más de un millón de personas en la CND es señal inocultable del grado de descontento popular. Este movimiento tendrá que demostrar su capacidad de organización en los próximos meses frente a diversos obstáculos.

Ahí el PRD y FAP tendrán que demostrar posiciones consecuentes con las de la CND, o verse rebasados por la sociedad civil organizada. Durante muchos años los movimientos sociales han mostrado su capacidad de contrarrestar al autoritarismo en barrios, colonias, escuelas, gobiernos municipales y ejidos, donde, como ciudadanos antes de ser miembros de partidos, han luchado por sus derechos.

Los retos de la CND tienen que ver con la construcción de nuevas formas de representación ciudadana que van más allá de los partidos políticos y que empiezan a crear esa horizontalidad que Ilán Semo señala (La Jornada, 23/9/06) como deseo de la mayoría de los mexicanos. Sin embargo, hay que reconocer que el clientelismo y el caudillismo siguen siendo parte de la relación entre políticos y ciudadanos y la CND tendrá que crear nuevos mecanismos de participación para evitar que termine reproduciendo la verticalidad tradicional.

Por lo arriba señalado, el planteamiento de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona sigue vigente. En términos políticos es un llamado a la organización horizontal. Abrió una nueva forma de resistir al capitalismo, con base en la convergencia de gran diversidad de organizaciones e individuos, con una novedad: los mismos adherentes, y no un liderazgo centralizado, se encargarán de su promoción y difusión. Es un esfuerzo casi inédito, tanto en los movimientos sociales como en los partidos políticos, que pretende superar la crisis de representación política con base en la autonomía y la solidaridad.

A mediados de los 80 Ernesto Laclau preguntó si las crisis de los regímenes autoritarios y las transiciones políticas conducirían al restablecimiento de las formas tradicionales de la representación partidista, o, si, por el contrario, podríamos imaginar algo nuevo y distinto, donde una multiplicidad de demandas y movimientos no se encontrarían "representados" por un líder o un partido, y lucharían por una democratización de la sociedad en todos los ámbitos.

En tal imaginario, la política no se reduciría a una mera relación instrumental entre representantes y representados.

Creo que, si bien no son los únicos, los zapatistas son los que más han contribuido a abrir este otro imaginario político y, por lo tanto, la lucha por la autonomía de las comunidades zapatistas sigue siendo referente indispensable no solamente para la otra campaña, sino también para la reconceptualización de la política en México.

López Obrador y Marcos
José Gil Olmos
(Fragmento)

[...] La propuesta del FAP como una conjunción de organizaciones políticas, sociales y partidistas, que sirva de canal para las propuestas que buscan redefinir el rumbo del país para alcanzar mejores niveles de bienestar social más amplios y dignos, puede funcionar siempre y cuando no se aleje de su naturaleza colectiva. Es decir, que no se concentre en una sola figura, la de López Obrador.

Las voces y las figuras diversas son importantes en todo movimiento político social que pretende transformar un país. Aunque siempre hay figuras preponderantes, no se puede dejar que el peso del todo recaiga en uno solo. La concentración del poder no es benéfica en ningún proyecto social [...]

Lo que hoy necesitamos en México
Enrique Calderón A.
La Jornada
( Fragmento)


[...] Desde luego me refiero a la llamada convención democrática, en la que, junto a personas respetables y queridas, aparecen criaturas deleznables, cuyos antecedentes e incongruencias nada bueno pueden augurar para el futuro de nuestro país. Lamento que la ceguera parezca ser allí la realidad dominante, con la razón puesta a un lado, por los personajes que la dirigen y por las incongruencias dominantes. ¿Qué acaso la situación actual no nos pide cordura y serenidad? ¿Qué podemos esperar del futuro, dirigido por quien se acoge a las leyes e instituciones para un proceso electoral, y luego las desconoce cuando pierde? Si esas instituciones son hoy corruptas, ¿acaso no lo fueron en el pasado y desde el inicio de la campaña electoral? ¿Cómo puede ser presidente de México alguien que no acepta a quien difiere de él? ¿Acaso es necesario destruir el país, para luego esperar que de sus cenizas surja otro mejor? ¿De veras es López Obrador el hombre que necesita el país para superar los problemas actuales? ¿Acaso no existen señales claras de que su gobierno no haría sino sustituir una corrupción por otra? ¿De verdad es posible creer que él representa a la democracia?

Hoy la izquierda mexicana tiene un gran reto, quizás el mayor que ha tenido en su historia, sacar al país de la enorme crisis social que lo tiene postrado. El camino no debe ser de violencia ni de destrucción sino de reflexión e inteligencia. Nunca antes las posibilidades de éxito fueron tantas.

Antiencuesta: El cambio de Cárdenas
Enrique Galván Ochoa
La Jornada, Dinero

Preguntamos a 3 mil 237 personas -mujeres y hombres de diversas ideologías, pero predominantemente de centro, centroizquierda e izquierda- si han advertido algún cambio en los últimos tiempos en la posición política del fundador del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas, y 2 mil 796 (86.3 por ciento) contestaron afirmativamente. ¿Cómo califican ese cambio? Mil 533 personas consideran que es una ''traición a la izquierda''. Mil 33 piensan que el ingeniero ''está ardido'' porque no fue postulado -por cuarta vez- a la Presidencia de la República. 244 dicen que sigue siendo el ''líder moral'' de la izquierda, a pesar de las críticas, y 390 personas atribuyeron las mudanzas del hijo del general Cárdenas a cuestiones de edad: ''ya chochea''.

Cárdenas y su juego
José Gil Olmos
Proceso

El ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas decidió romper su silencio y en un juego de espejos acusó a Andrés Manuel López Obrador de ser intolerante, dogmático; de no escuchar, así como de provocar la división en la izquierda mexicana. Acusaciones que en algún momento a él también se le hicieron y que, muy a su estilo, desdeñó desde el pedestal en el que ha pretendido auparse para no manchar de lodazal su apellido.

Con la facilidad que da hablar de los acontecimientos una vez que han pasado, Cuauhtémoc Cárdenas se ha soltado criticando la actuación de López Obrador, en una actitud que ha sido repudiada por muchos simpatizantes del PRD, quienes al escuchar su nombre en la pasada Convención Nacional Democrática en el Zócalo capitalino, lo abuchearon como pocos pudieron haber imaginado.

El exgobernador de Michoacán ya no es el mismo, su peso e influencia en el PRD ha cambiado y ahora su posición de supuesta crítica es utilizada más por la derecha y el gobierno foxista para atacar al PRD y a López Obrador, que como una guía que ayude a la izquierda mexicana a conducirse en tiempos de crisis.

El ingeniero sigue haciendo de la virtud de apellidarse Cárdenas una desventura política. ¿O cómo entender su ausencia de la campaña de su partido y al mismo tiempo aceptar del gobierno derechista de Fox un cargo honorario del que recibirá un alto presupuesto para conducir hasta el 2010 los festejos de la Independencia y la Revolución?

Ahora que ha tomado el papel de crítico de López Obrador, lo que le ha merecido aplausos de los salinistas, panistas y priistas a los que combatió en tres campañas presidenciales, Cuauhtémoc Cárdenas queda en el ajedrez de la política nacional como una pieza que ha volteado sus colores e invertido su función.

En una carta a la escritora Elena Poniatowska dice que no fue envidia lo que motivo no apoyar a López Obrador ni a su partido en la pasada campaña electoral, sino diferencias en la forma de entender y hacer política.

Pero ¿cuál es la forma de entender la política de Cárdenas cuando ocultó muchos años el encuentro que tuvo con Carlos Salinas de Gortari en 1988 para acordar no iniciar un movimiento de resistencia social como se lo pedían los millones que votaron por él? ¿Cómo entender su proceder cuando durante mucho tiempo se opuso a las voces distintas que dentro del PRD le pedían que dejara su papel de caudillo para abrir un proceso de democratización en el propio partido?

O también habría que preguntar ¿cómo explicar su silencio ante la conducta que tuvo Rosario Robles en el PRD, sobre todo su relación con Carlos Ahumada y la circulación de este empresario argentino con su hijo Lázaro Cárdenas?

La coherencia política en Cárdenas como que no se da. Más bien se acomoda conforme le conviene a sus intereses muy particulares y de familia. Cuando en 1988 no fue elegido por el PRI para ser candidato presidencial, se salió bajo el argumento válido de que no había democracia en su partido. Después, cuando sus excompañeros de partido le hicieron trampa con un enorme fraude electoral para que no le ganara a Salinas, sólo criticó el papel del gobierno de Miguel de la Madrid, a las autoridades electorales y al PAN que convalidó dicho fraude, pero nunca planteó una transformación de las instituciones como desde entonces ya se venía demandando.

Más tarde, en 1989 se formó el PRD quedando al frente de todo el movimiento social generado entonces. Pero cuando se escucharon voces disidentes por su caudillismo, no solamente no las escuchó, sino que las invalidó bajo el argumento de que únicamente querían dividir al PRD.

Hoy que se dieron visos de enormes irregularidades por parte del gobierno de Vicente Fox, del IFE, del sector empresarial y la Iglesia católica, así como del Tribunal Electoral, Cárdenas ni siquiera cuestiona el proceso electoral. En el análisis que hace en la carta enviada a Elena Poniatowska se dedica a hablar de López Obrador y no aborda ninguna de las faltas que se observaron a lo largo del proceso electoral y que mancharon la credibilidad del resultado final.

“Hay que respetar las instituciones democráticas”, dijo en una entrevista con el diario catalán La Vanguardia, al tiempo de criticar la decisión del movimiento popular que encabeza López Obrador de nombrar “presidente legítimo” al tabasqueño.

Cuauhtémoc Cárdenas a lo más se atrevió en esta elección pasada fue en respaldar la petición del recuento de votos que hizo la coalición Por el Bien de Todos. Hasta ahí llegó su postura.

Es evidente que después de 1988 el ingeniero Cárdenas se alejó de las luchas sociales. De entonces a la fecha se ha dedicado exclusivamente a la actividad partidista y a través de ella logró la jefatura de Gobierno del Distrito Federal, la cual dejó para lanzarse nuevamente como candidato presidencial. Tras la derrota del 2000 se refugió en la Fundación para la Democracia en donde recibía un apoyo importante del PRD –un millón 20 mil pesos anuales--, sin que se vieran resultados importantes.

En este periodo nunca se vinculó a las luchas que campesinos, indígenas, estudiantes, sindicatos independientes, artistas o intelectuales han realizado en las últimas décadas por democratizar al país. Fiel a su figura inmutable, miró el crecimiento de la derecha y la caída de la izquierda hasta el arribo de López Obrador, a quien siempre le negó su respaldo.

Hoy es también evidente que su intención es recuperar la presidencia del PRD a través de algunos de sus seguidores, pero no para cohesionar la lucha social que ha emergido después del 2 de julio y que, evidentemente, rebasó al propio PRD buscando nuevos cauces, sino que quiere retomar el control del partido, como si fuera un derecho patrimonialista, para lanzar a su hijo Lázaro Cárdenas a la candidatura presidencial del 2012. Al menos, estas son las señales que ha dado de su juego político.


Los peatones de la Historia
Subcomandante Marcos
Fragamento:

L@s intelectuales de AMLO.- En una parte del medio intelectual progresista empezó, desde entonces, a surgir lo que conocemos como el lopezobradorismo ilustrado. Esta tendencia iniciaría la construcción de una nueva clasificación para ubicar a quienes se movían o se asomaran al México político; el cual, a saber, se divide en dos: los buenos (los que están con AMLO o sea los "simpáticos" y "populares") y los malos (los que no están con AMLO o sea los "envidiosos", según Elenita). Cualquier crítica o cuestionamiento a López Obrador, así fuera tibio y quedo, era catalogado como un complot de la reacción, de Carlos Salinas de Gortari, de las fuerzas oscuras de la ultraderecha, del Yunque, de un conservadurismo embozado. Cuando ahora son un poco "tolerantes", las críticas al lopezobradorismo se tachan de "sectarias", "marginales", "ultras", "infantiles".

Con un empecinamiento digno de mejor causa, este sector fue construyendo un pensamiento sectario, intolerante, déspota y ruin. Y lo hizo con tal eficacia que este pensamiento es el que guió a "los espejos" intelectuales de López Obrador en la campaña electoral, después en el movimiento de resistencia al fraude y, ahora, en la CND de AMLO.

Cuando el periódico mexicano La Jornada, cabeceó una de sus ediciones de agosto del 2005 (en ocasión de la primera reunión preparatoria de La Otra): "o están con nosotros o están en contra de nosotros" (algo así), se equivocó y no. La frase no fue dicha por Marcos. Pero fue y es dicha desde entonces por el lopezobradorismo ilustrado [...]

[...] Las personas honestas que hay ahí, lo sabemos, piensan que es posible que la movilización se convierta en movimiento (con la CND), y que no dependa de un líder y de la estructura de control que se impuso a l@s convencionistas. Puede ser. Nosotr@s pensamos que no, y además pensamos que no sería ético "montarnos" o "aprovecharnos" de una movilización por la que no hemos hecho nada, como no sea mantener un escepticismo crítico. Ahora bien, sobre la movilización contra el fraude y el intento de convertirlo en movimiento con la CND, decimos lo siguiente:

1.- La "conciencia" de AMLO respecto a la ilegitimidad de las instituciones aparece porque se desconoció su triunfo con un fraude. Otra cosa sería si se hubiera reconocido que ganó la presidencia.

2.- La Convención Nacional Democrática no estaba en el pensamiento lopezobradorista al arranque de su movilización. Si así hubiera sido, el plantón se hubiera aprovechado para analizar, discutir y debatir las diferentes propuestas que luego se votaron por aclamación el 16 de septiembre del 2006. La CND fue y es una forma de darle salida al plantón, y una forma legítima de empezar a construir un movimiento para llegar a la presidencia en el 2012. o antes, si se consigue la caída de Fecal.

3.- En la CND se impuso una dirección que, más que conducir el movimiento, se propone controlarlo. No hay ahí el mínimo germen de participación democrática en las discusiones y en la toma de decisiones, mucho menos de autoorganización. Esa dirección tiene sus propios intereses y compromisos (aunque la CND acordó el boicot a algunas empresas y productos, algunos de sus dirigentes declararon que no lo cumplirían véase lo que Federico Arreola escribió en Milenio Diario, al día siguiente de la CND).

4.- El movimiento en formación del lopezobradorismo no apunta a una crisis de las instituciones (las que fraguaron y perpetraron el fraude). Si así fuera, se hubiera decidido que ninguno aceptara los cargos que obtuvo en las elecciones, lo que sí hubiera provocado una ruptura difícil de manejar. La CND no apunta hacia su autonomía e independencia. Por el contrario, sigue sujeta a la vieja clase política (hoy convertida a la "izquierda").

5.- La mayoría, no tod@s, de quienes están en la dirección de la CND brillan por su corrupción, oportunismo y tendencia a la transa.
Si, por un lado, se mandan "al diablo" las instituciones fraudulentas, por el otro se participa (dineros incluidos) en ellas. Las negociaciones están a la orden del día y faltan por venir algunas importantes: el presupuesto federal y el de la Ciudad de México.

6.- El lopezobradorismo ilustrado está dirigiendo sus ataques ahora hacia sí mismo, hacia quienes sí apoyaron a AMLO pero ahora lo critican. Las descalificaciones internas y purgas irán creciendo.

7.- La movilización tuvo y tiene destellos y brillos indudables: por ejemplo, la creatividad e ingenio en las acciones de denuncia contra algunas de las empresas cómplices del fraude (bancos, Wall Mart, etcétera); la participación convencida de gente de abajo; la justa y legítima rabia en contra de la prepotencia del PAN y del gobierno de Fox, así como contra el insultante desprecio que algunos medios de comunicación electrónica (Televisa, TV Azteca y las grandes cadenas radiales) dispensan a quienes participaron y participan en la movilización. [...]

La legalidad de la CND
Magdalena Gómez
La Jornada

La decisión de la Convención Nacional Democrática (CND) de nombrar a López Obrador presidente legítimo tiene base legal de dimensión constitucional, pues más allá del artículo 39 -que es el paraguas y horizonte constitucional de la CND y que nos coloca en el debate sobre la representatividad del "pueblo" y la vía para cambiar la forma de gobierno- están los derechos fundamentales de los ciudadanos y ciudadanas que tomaron tal decisión, particularmente la libertad de expresión y de asociación. Tal implicación contrasta con lo declarado por el secretario de Gobernación, Carlos Abascal Carranza: "La Presidencia de la República no está vacante, no está a subasta y, por lo tanto, hay que insistir en que la única forma de tener acceso al poder político es a través de las elecciones, tal como se celebraron el 2 de julio". Agregó que declarar "presidente legítimo'' a Andrés Manuel López Obrador ''no tiene absolutamente ningún efecto jurídico'' (La Jornada, 19 de septiembre de 2006). Olvida el huésped de Bucareli que a López Obrador lo eligió la ciudadanía precisamente en comicios el pasado 2 de julio, y que el uso faccioso de la ley le privó de la Presidencia.

Para citar un ejemplo del carácter libertario y demócrata de este movimiento baste señalar el poco énfasis que ha merecido en los análisis la indicación de la propia CND de que el acatamiento de sus resoluciones es voluntario, por ende, no obligatorio, ni siquiera para quienes participaron en su fundación; nadie los perseguirá si cambian de opinión, menos aún a los que tomen distancia de este proyecto. Siendo esto así, más de un millón de ciudadanos y ciudadanas ejercieron su derecho a desconocer al presidente usurpador y reconocer al que a su juicio es legítimo. Cuántas adhesiones más concite será parte de la tarea del propio movimiento.

Por otra parte, el carácter y funciones del presidente itinerante tampoco rayan en ilegalidad alguna, pues encabezar la oposición a la usurpación y realizar un marcaje social puntual a las decisiones que pretenda tomar el gobierno espurio y, sobre todo, abanderar el movimiento pacífico por la refundación de la República también forman parte de los derechos que tenemos los mexicanos y que hoy por hoy están inconclusos, pues aún no contamos con el de revocación del mandato y parte de la lucha será alcanzarlo. En ese sentido va la iniciativa de reforma que han presentado legisladores del Partido de la Revolución Democrática.

Así que no hay manera de hablar de "usurpación de funciones" tratándose de la decisión de la CND; se equivocan quienes menosprecian la voluntad ciudadana ahí expresada, no hay tampoco locura de por medio si hay sueños colectivos, ideales, ganas de alcanzar la utopía. Al contrario, hay mucha tela de donde cortar tratándose de Felipe Calderón si nos colocamos de cara a lo que fue el proceso electoral y la precariedad de argumentos de las instancias que formalmente lo convalidaron. Ahora bien, ubicada la legalidad de la decisión se tuvo el cuidado de calificar su nombramiento con el digno apellido de legítimo. Dicho esto habría que ubicar la dimensión histórica de un movimiento que se planta y dice su "ya basta" a los atropellos y saqueos del país y se dispone a recuperarlo eligiendo para ello a un líder en el que tiene confianza y por quien votaron 15 millones de mexicanos en las pasadas elecciones, lo hicieron además con alegría, pues ése fue el ánimo que prevaleció en la multitudinaria sesión de la CND.

Por otra parte, se objeta también la adhesión a la CND de la bancada perredista en el Congreso y aquí vale la pena, en primer lugar, asumir que el Congreso representa a un poder autónomo del Ejecutivo, no es por supuesto "parte" del gobierno usurpador como se ha llegado a afirmar. Sin duda están en su derecho los legisladores y las legisladoras de mantener su distanciamiento con la elección presidencial y adherirse a un movimiento que reivindica a un presidente legítimo. Lo que es congruencia se califica al contrario, pues se tiene una visión cortesana de la figura parlamentaria. Qué mejor que se ejerzan dichas funciones de cara a los movimientos que en la calle expresan sus demandas.

En realidad tendríamos que analizar este movimiento en su integridad y observar que si bien tiene puestos los pies en la CND caminando y resistiendo con la ciudadanía inconforme, también cuenta con brazos ejecutores dentro del Congreso y con el respaldo del Frente Amplio Progresista. ¿Cuánta sincronía se puede lograr? Eso sólo nos lo dirá la práctica. En efecto, si alguno de esos espacios camina en otra lógica habrá problemas en lo inmediato para impedir que Calderón asuma la Presidencia y a mediano plazo para alcanzar el gran objetivo de procesar un plebiscito nacional que logre la instauración de un constituyente para dotarnos así de nuevas instituciones. De ese tamaño son los retos de la CND.

A Reconstruir
Marco Rascón
La Jornada

Los mexicanos no querían una Presidencia disminuida y decadente, sino la inclusión en el presente-futuro y una reforma. El neoliberalismo como sistema económico concentrador y excluyente no sólo es injusto socialmente, sino segregacionista; por ello, lo que se esperaría de la política sería la lucha contra estas tendencias de afrenta y la generación de alternativas que fortalecieran a México como nación con destino propio. Enemigos externos e internos contra la idea de un país democrático, incluyente y justo, siempre han existido y han sido vencidos en más de una ocasión, conjuntando inteligencia, fuerza, estrategia y visión de reforma, no un vendaval sin rumbo, como diría Celio González en memorable bolero.

En estos 40 años las corrientes de izquierda socialista ampliaron su influencia no por la vía de la lucha del poder por el poder mismo, sino que se distinguieron por impulsar, fomentar y desarrollar la lucha social y las prácticas democráticas.

Para la izquierda, la ética del poder radica en el programa, no en las personas. Igualmente, la política y el discurso tenían un objetivo que no se restringía a conducir, sino a educar y convencer de que las transformaciones eran posibles y que lograrían vencer las resistencias autoritarias y represivas de un desarrollo excluyente.

El discurso político explicaba el mundo no para sembrar resentimiento, sino con la idea de que la justicia y las transformaciones no vendrían desde lo alto, pero sí del esfuerzo colectivo, siendo todos protagonistas y responsables de los cambios. La izquierda "no resolvería" el problema de la pobreza, por lo que luchar por la transformación y la libertad era tarea de todos.

El régimen priísta combatió desde el poder a todas las corrientes y movimientos que reclamaron cambios que fortalecían, educaban y hacían madurar a la sociedad mexicana. El desarrollo de una ciudadanía solidaria con conciencia de sus derechos civiles y sociales incorporó a sectores medios, intelectuales, profesionistas, para nutrir y dar contenido a cada demanda social por mejorar las condiciones de vida y trabajo.

Durante su hegemonía el régimen priísta devino doctrina profundamente anticomunista y chovinista, e hizo de la "unidad nacional" y del nacionalismo la justificación para convertir toda oposición y a todo luchador social y democrático en enemigo de la patria que merecía castigo.

En 1988 la izquierda da un salto gracias a la ruptura cardenista, que parece aún no asimilar, de la misma manera en que aún no asimila que en términos electorales el PRD y sus aliados fueron la fuerza electoral que más avanzó en las elecciones del 2 de julio pasado. No obstante, en 1988 la conducción dejó un avance en el proceso de unificación de la izquierda con una implantación y base social en todo el país.

Tras el régimen salinista que combatió al Partido de la Revolución Democrática (PRD) con intención de aniquilamiento -tergivérsese lo que se tergiverse con respecto a la posición de Cuauhtémoc Cárdenas de mantenerse firme y coherente frente al encono del salinismo-, hubo grandes avances, incluyendo la elección del jefe de Gobierno del Distrito Federal y el triunfo sobre el PRI en 1997.

El PRD ha sido, más que un partido, un proceso de transición de fuerzas políticas locales, regionales y nacionales, que ha avanzado paralelamente a la desintegración del viejo régimen, pero que no ha cumplido con la tarea fundamental de ser el receptáculo de personajes de otras formaciones y, sobre todo, de integrar la fuerza intelectual, política y social que reconstruya la perspectiva del país.

Estancado en el pragmatismo, el PRD renuncia a ser referente de perspectiva y futuro, pese a su avance electoral. Por eso en sus filas se mueven con holgura personajes identificados con el neoliberalismo que llegaron a despojar a la revolución democrática de su vocación alternativa al salinismo y el zedillismo. Debido a esta falla, el PRD crea enormes vacíos programáticos, políticos e ideológicos; empuja fuerte hacia la nada. Por ello, patrimonializando a la "izquierda" con la caracterización de lucha "contra la derecha" ha abierto posibilidades a personajes del viejo régimen priísta que ahora se han purificado como "progresistas", pues no hay disciplina intelectual ni ética democrática y por ello gritan desde el lopezobradorismo "¡traidores!" a todo aquello que signifique credibilidad y posibilidad de reconstrucción ante los errores y la contrainsurgencia.

Si los errores en la campaña electoral fueron muchos, los poselectorales han sido no sólo graves, sino suicidas. La actitud deicida y deificante (matar y construir dioses), hacer de la práctica política actitudes cortesanas, llevar la estrategia a favorecer la contradicción de posiciones e intereses que van a derivar en divisionismo y la ausencia de una estrategia clara para la reforma del Estado y la económica que el país necesita hacen retroceder y convierten el avance electoral en una golondrina que no hace verano

Después de la Convención
Enrique Semo
Proceso

Todos nos preguntamos: ¿ahora qué sigue? Después de unas elecciones que para muchos fueron un fraude orquestado por el presidente saliente y las tres familias que constituyen los poderes fácticos de este país: el gran dinero, la tecnocracia y la mafia política asociada a ellos, se ha creado una nueva situación y una nueva relación de fuerzas. La derecha, representada por los factores ya citados, cierra filas. Respalda firmemente al candidato que jurídicamente ha sido declarado presidente electo. Pasando lista, como en el inicio de un desfile militar, ha ratificado públicamente su presencia. Ahí están todos o casi todos: Desde el Consejo Coordinador Empresarial, el Episcopado Mexicano, los políticos y políticas priistas o expriistas que se pelean por ingresar en el gabinete, hasta Carlos Slim que, personalmente, calificó el miércoles 20 de "locura kafkiana" la posición de la izquierda.

Por el otro lado, la izquierda que se niega a aceptar el fraude y la imposición ilegal ha crecido vertiginosamente. Su impulso principal proviene de un millonario movimiento de resistencia civil pacífica convocado por AMLO. A este se suma la formación de un Frente Amplio Progresista formado por los tres partidos que apoyaron su candidatura, organizaciones sindicales y campesinas, ONG y funcionarios pertenecientes a la corriente que ocupan puestos de elección y que ha pedido ya su registro legal ante el IFE. Se manifiesta también en la firme posición de sus bancadas parlamentarias que se oponen al fraude.

El formidable bloque nacional y trasnacional que ha dominado y gobernado a México en el último cuarto de siglo está decidido a continuar la política neoliberal que lo une y a mantener las instituciones económicas, sociales y políticas que de ella han surgido. Cuando alguien critica la pobreza de sus resultados, responden generalmente que se deben a errores en su aplicación o a la resistencia popular que les ha impedido llevarlas hasta sus últimas consecuencias. Dejado a su solo arbitrio, el próximo sexenio promete ser más de lo mismo. No existe señal alguna de autocrítica o rectificación significativa. Sin embargo, ahora enfrentan un grave problema: el problema de la legitimidad, de la hegemonía, de la gobernabilidad, sin las cuales, esa política y esas instituciones no pueden seguir funcionando.

La Convención Democrática que se constituyó en un día simbólico, el 16 de septiembre, como culminación de una cadena de manifestaciones y un largo plantón en las cuales han participado millones de mexicanos de todo el país con un grado de compromiso y militancia extraordinarios, ha presentado un programa inicial de reformas y una lista de rechazos que echan por tierra las políticas, las prácticas y las instituciones neoliberales y plantean un cambio de fondo en la orientación económica, social y política del país. Además, frente al presidente confirmado jurídicamente, ha elegido como presidente legítimo a AMLO.

Así, ahora México tiene dos presidentes: uno que apoyan los poderes fácticos y que cuenta con una constancia jurídica y otro que está respaldado por un sector muy vasto del pueblo y posee una constancia de legitimidad política firmada por millones de ciudadanos. El primero quiere tomar posesión el 1 de diciembre y gobernar como si nada hubiera pasado. El segundo ha iniciado una campaña nacional y llama al pueblo a sumarse a la Convención y crear un poder alternativo que se expresará en la resistencia civil y la creación de instituciones alternativas, legitimadas por la Convención misma. Dos poderes reales enfrentados que comienzan a trazar estrategias y medir fuerzas. Dos proyectos de país que por primera vez se enfrentan no sólo en el papel, sino en la arena política. Lo nuevo es que el proyecto de la izquierda ha penetrado profundamente en el pueblo y ha logrado una influencia sin precedente. Una influencia que, además, sigue creciendo pese a la movilización total de los medios televisivos.

Todo indica que la derecha no ha entendido. Sigue menospreciando el cambio en la relación de fuerzas que se está produciendo. Por ahora, finca sus esperanzas en soluciones viejas para una situación completamente nueva. Confía en que el movimiento popular se agotará pronto; que podrá cooptar a algunos de sus dirigentes, que se dividirá. El gobierno de Vicente Fox, quien debería encarar el problema, está paralizado. No ha movido un dedo para buscar contactos abiertos y dignos con AMLO, la Convención y los dirigentes del Frente Amplio. Eso si, da lecciones de democracia al gobierno cubano, advierte a Hugo Chávez que no podrá venir a México y calla sobre la situación en Oaxaca. Calderón tampoco ha proporcionado un análisis coherente de la situación ni planteado salidas claras. Continúa sus reuniones con los representantes de los grupos fácticos que lo apoyan, hace declaraciones despectivas contra los violentos y los representantes del pasado y busca alternativas para el acto de toma de posesión. La derecha está a la defensiva.

La izquierda, en cambio, presenta una imagen totalmente diferente. Vive un período de creatividad, iniciativas y militancia redoblada. Busca soluciones a las dificultades que presenta la coordinación de fuerzas disímbolas que se mueven en espacios muy diferentes, se esfuerza con bastante éxito por mantener la unidad de sus filas amenazada por las cooptaciones y las visiones pesimistas. Desarrolla una campaña de convencimiento de un carácter nuevo, basada en la resistencia civil y el ejemplo. Construye las bases organizativas de la Convención en todo el país y discute nuevos programas y estrategias. Quienes piensan que todo es obra de AMLO no entienden lo que está pasando. Sin su convocatoria, no hay Convención ni Frente Amplio, pero el movimiento está atrayendo figuras que son factores de continuidad a diferentes niveles. Hombres y mujeres como Alejandro Encinas, Claudia Sheinbaum, Carlos Navarrete, Bertha Luján, Jesús Ortega, Porfirio Muñoz Ledo, Rosario Ibarra de Piedra, Carlos Ímaz y Yeidckol Polevnsky. Llegan de muchas direcciones para confluir en un movimiento incipiente pero lleno de promesas. La batalla es desigual, pero no imposible. La izquierda está a la ofensiva. l

Llegó el momento
Enrique Maza
Proceso

Pero llegó el momento -como dijo Sartre- "en el que los hombres, saliendo de su serialidad y de la imagen misma de la servidumbre, accedan a la verdadera humanidad, a pesar de que en una sociedad de hombres siempre hay algo salvaje, que se resiste al deseo de pureza y de transparencia". En México, además, llegó el momento en que la sociedad empieza a sacudirse las manipulaciones mentales, avaladas por la Ley Televisa, a las que nos han sometido, sobre todo, la televisión, la gran prensa, las campañas políticas y presidenciales denigrativas y la malicia de las instituciones electorales, religiosas y presidencial que cometieron o avalaron el fraude, la mentira, la calumnia y las violaciones a la ley.

El pueblo de México está viendo cada vez con más claridad y cada vez en mayor número quiénes, cómo, para quiénes y para qué son los que gobiernan. Dejarán de importar tarde o temprano. Ya se empezó a escribir otra historia con la esperanza y la decisión de cambiar lo que existe. Inició la resistencia. Su decisión es reconstruir el Estado, rehacer las instituciones y darle la vuelta a la relación de las clases sociales.

El actual encubrimiento oficial de la realidad nacional es un auténtico escándalo. Pero fue esa realidad la que tomó el Zócalo y el Paseo de la Reforma. Esa realidad es la inmensa mayoría constituida por los pobres, por los más pobres y por los que cada día se suman a los pobres. Esa es la mayoría que quiere, necesita y plantea un México nuevo. Y es la que empieza a organizarse para construirlo desde abajo, a través de una revolución pacífica y democrática, a partir de una democracia representativa y fidedigna, lo que implica lucidez, libertad, justicia y soberanía. Requerirá una organización ciudadana creciente y sólida que defienda la autonomía del movimiento y que no permita las divisiones internas que crean las eternas y malsanas luchas por el poder, los caciquismos, los caudillismos, los mesianismos y las contiendas ideológicas estériles. No es un camino fácil. Tendrá que salvar todas sus propias contradicciones.